• REVUELTA EN MINNEAPOLIS

“Minneapolice”: así mata el bloqueo policial

En Minneapolis un afroamericano, George Floyd, ha muerto asfixiado tras el brutal arresto que sufrió por un delito de poca monta. Y la comunidad afroamericana ha explotado. En los últimos meses la ciudad ha sufrido una cuarentena muy dura, con una policía dotada de superpoderes otorgados por la junta local de extrema izquierda. La rabia se había estado gestando durante demasiado tiempo.

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El 25 de mayo es el día que murió George Floyd, un afroamericano condenado por usar un billete falso de veinte dólares en una tienda de alimentación en Minneapolis, Minnesota. Su muerte por asfixia se produjo poco después de que un agente de policía local, Derek Chauvin, aplastara brutalmente el cuello de Floyd con su rodilla durante más de cinco minutos y después de que el sospechoso de cuarenta y seis años repitiera varias veces que ya no podía respirar.

El inhumano arresto realizado por el oficial Chauvin debería horrorizar a cualquiera que tenga el más mínimo sentido común de la decencia y de la dignidad que Dios le ha dado. Más aun teniendo en cuenta que no se había demostrado que Floyd fuera consciente de que había gastado un billete falso en un sándwich, un crimen de poca importancia en los Estados Unidos. Tampoco había ninguna prueba de que Floyd hubiera amenazado la vida o la seguridad de Chauvin.

Derek Chauvin y los oficiales de policía que estaban presentes en aquel momento han sido despedidos posteriormente (y con razón) por el jefe de policía de Minneapolis. De izquierda a derecha, toda la política americana está de acuerdo con esta decisión. La trágica muerte de Floyd fue además grabada por un adolescente presente en la escena y ahora está incendiando literalmente Minneapolis. Ayer, el departamento de bomberos de la ciudad confirmó que al menos treinta tiendas y empresas privadas fueron incendiados, algunos incluso completamente quemados hasta los cimientos durante la noche. Una comisaría de Policía también se ha incendiado y ha sido evacuada por temor a perder vidas entre el personal de la policía. Se ha desatado el caos. Se han producido saqueos masivos y se han registrado puñaladas, bombas, gases lacrimógenos lanzados a los manifestantes y disparos entre los civiles.

La Guardia Nacional se ha movilizado para restablecer el orden entre los miles de afroamericanos que abarrotaban las calles del centro de la ciudad desobedeciendo las estrictas normas de distanciamiento social que aún estaban en vigor en Minneapolis para evitar una segunda oleada de Covid-19. Esta escalada de violencia es el resultado de ocho semanas de duro encierro, aligerado sólo la semana pasada. El estado y la ciudad están gobernados por ideólogos de izquierda, el gobernador Tim Walz y el joven alcalde de treinta y ocho años Jacob Frey, ambos elegidos bajo la bandera del Partido Democrático de los Agricultores (DFL). Dado el clima, se puede deducir que  se ha producido un episodio de extrema rigidez respecto a la seguridad. De hecho, todo esto ha sucedido después de que los políticos marxistas del DFL hayan creado un estado policial orwelliano durante meses.

El DFL ha dado demasiado poder a las fuerzas del orden para reinar sobre la libertad personal de los ciudadanos. Como si fueran agentes de la Gestapo, sus egos han explotado con un particular gusto por las detenciones, las multas, el encarcelamiento y la intimidación. Era lo que los agentes apoyados por el DFL deseaban y planificaban, si bien ninguno de ellos habría imaginado que se cometiera un crimen tan imperdonable en sus calles.

Todo esto no justifica que el agente Chauvin usara la fuerza letal contra un hombre inocente (hasta que se demuestre lo contrario) y que además estaba desarmado. Pero no debemos distraernos con el tiránico poder político que rige Minnesota y su ciudad más grande. Los políticos, de hecho, han “creado un monstruo” con Chauvin. De hecho, han creado muchos otros monstruos que han pisoteado los derechos constitucionales y la libertad de los americanos de todos los colores, con inflados e ilegítimos poderes policiales. La última gota de veneno en este clima general ha sido el efecto producido por un prolongado bloqueo económico en Minnesota. Eso último fue gasolina en el fuego. El desempleo en Minnesota ha alcanzado niveles récord (625.000 desempleados, o el 15,5%), más alto que cualquier otro estado vecino del Medio Oeste y el más alto desde la Gran Depresión. Para “calentar” aún más el ambiente, Minnesota tiene la tasa de mortalidad más alta por Covid en su región, después de que las medidas extremas de cuarentena fueran contraproducentes para los objetivos de salud pública que se habían fijado.

¿Qué significa todo esto? Con altos niveles de pobreza, hambre y mortalidad, no debería sorprendernos que los ciudadanos desesperados de Minneapolis empezaran a robar comida, ropa, electrodomésticos y productos de alta tecnología para consumirlos por su cuenta o revenderlos en el mercado negro. La muerte de George Floyd es secundaria respecto a sus necesidades básicas de supervivencia. Tampoco debería sorprendernos ver a miles de personas llenas de rabia que han estado incubando su ira bajo el estricto bloqueo impuesto por la policía de Minnesota, y ahora han encontrado la oportunidad de hacerla estallar quemando edificios enteros. No debe sorprendernos que la explosión de odio profundo contra el orden público haya surgido después de haber estado creciendo durante tres meses contra agentes de policía revestidos de poderes extraordinarios. La horrible muerte de George Floyd -ciertamente no el primer negro asesinado o detenido de una manera inhumana por policías blancos-, ha sido la gota que ha colmado el vaso, la tormenta perfecta. La exasperación se acumulaba en demasiados frentes: hambre, miedo, futuro y mortalidad, sin trabajo, sin libertad personal, sin respeto por los derechos humanos fundamentales, todo perdido en los últimos noventa días.

No podemos dejar de pensar en Minneapolis, esta sufrida “ciudad gemela” de St. Paul, aún más pobre y más “tocada” por la crisis de Covid-19. El extremo malestar político, psicológico y económico ha sido demasiado para cualquier hombre libre. Cabe preguntarse si los eslóganes “Mata a los blancos” y “Las vidas de los negros cuentan” en las calles llenas de odio de Minneapolis no están dirigidos indirectamente a los autócratas del DFL, todos ellos blancos y ricos que utilizan a los afroamericanos como peones, ya que sus votos les ayudan a mantener una posición de poder descontrolada.

El presidente Trump ha ordenado una investigación independiente del FBI sobre esta “tristísima situación”. Revisando todos los factores que han llevado a esta grave escalada de violencia, la culpa puede recaer probablemente sobre policía de Minneapolis y los bandidos políticos que han respaldado sus consecuencias más dramáticas.

Ahora, de un día para otro, las llamas de Minneapolis se han extendido como un incendio forestal. La ola destructiva de la multitud ha llegado hasta otras ocho ciudades de los Estados Unidos: Los Ángeles, Phoenix, Atlanta, Denver, Nueva York, Oakland, San José y Washington DC. ¿Marcará este caos nacional el fin del estado policial o será un catalizador revolucionario para llegar finalmente al Nuevo Mundo? Lo que presenciaremos en los próximos días será una sangrienta batalla del orden contra el desorden y del control contra la libertad. Los próximos días serán puntos de inflexión históricos para la libertad americana. Hay que estar atentos.

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