Leone XIV tiene un problema y se llama Cupich
La intervención del cardenal y arzobispo de Chicago en temas de política interna y también eclesiástica, véanse los golpes al rito antiguo, corre el riesgo de poner en dificultades al Papa, que tiende a la unidad. Cupich tiene casi 77 años: ¿cuándo dimitirá de la dirección de la archidiócesis?
León XIV tiene un problema que se llama Blase Cupich. La locuacidad del cardenal más liberal de Estados Unidos corre el riesgo de poner en dificultades su compatriota el Papa. En estos días, el arzobispo de Chicago ha decidido ponerse al frente de la oposición contra la administración Trump y, en algunas intervenciones televisivas, ha acusado a los funcionarios del Gobierno de haber mentido sobre la muerte de Alex Pretti. Además, al hablar de las tensiones en Minneapolis, ha propuesto una arriesgada analogía con las atrocidades nazis. La enésima condena contra Trump llega poco después de la grandilocuente carta firmada junto con otros dos cardenales ultraprogresistas, Robert McElroy y Joseph Tobin, en la que se cuestionaba “el papel moral de Estados Unidos en el mundo” por las supuestas “políticas destructivas”» aplicadas en Venezuela y en el Ártico.
El intervencionismo de Cupich no se ha limitado solo a la política interna, sino que también ha afectado a la eclesiástica. Así, al comentar el informe sobre la liturgia preparado (pero que no ha leído) por el cardenal Arthur Roche para el Consistorio extraordinario, el cardenal ha desempolvado uno de sus grandes clásicos “azotando” a los fieles de la llamada misa tridentina en un editorial publicado en la página web de la diócesis: “En línea con su predecesor San Pío V, debe haber un solo rito para preservar la unidad de la Iglesia”, escribe Cupich para defender la carta apostólica Traditionis Custodes (2021), promulgada por Francisco. “Sería trivial interpretar las tensiones, lamentablemente presentes en torno a la celebración, como una simple divergencia entre gustos diferentes sobre una forma ritual particular. La cuestión es ante todo eclesiológica”, sentencia Cupich, sacando a relucir una supuesta no aceptación del Concilio Vaticano II por parte de quienes participan en las celebraciones según el Misal de 1962. Al hacerlo, el cardenal estadounidense y Roche han dejado de lado a Benedicto XVI, que quizá entendía un poco más de eclesiología que ellos.
Independientemente del juicio sobre el texto del arzobispo de Chicago, no hay duda de que esta iniciativa provocará más heridas en el tejido eclesial. Todo ello en contra de la unidad que León XIV, desde su elección, ha querido erigir como manifiesto de su pontificado. No es la primera vez que Cupich causa problemas al proyecto reconciliador de Prevost. En septiembre de 2025, su archidiócesis otorgó obstinadamente un premio al senador demócrata proabortista Dick Durbin, que tras la polémica y una declaración papal fue rechazado por el propio interesado. Cupich ha sido el obispo más poderoso de Estados Unidos durante los años de Bergoglio, a pesar de que la mayoría del episcopado local tenía una orientación opuesta. El inicio del nuevo pontificado parecía prometer una influencia menor, pero por el momento no ha sido así. Es más, Cupich parece considerar ahora completamente desautorizado el papel de la Conferencia Episcopal y se arroga cada vez más el derecho a hablar en nombre de la Iglesia estadounidense. Sin embargo, el órgano responsable de los obispos estadounidenses ha demostrado no tener problemas en alzar la voz ante los excesos de la administración republicana.
El arzobispo de Chicago ha superado los 76 años y, en breve, el 19 de marzo, cumplirá 77. León XIV ha expresado su deseo de que los diocesanos se retiren a los 75 años. Es cierto que también ha abierto la posibilidad de excepciones para los cardenales, pero este trato no se ha reservado al cardenal Timothy Dolan, cuya dimisión de la sede de Nueva York ya ha sido aceptada, a pesar de ser un año más joven que su confraterno de Chicago. No se descarta que Cupich pise el acelerador, (sobre todo en materia de política nacional) para poner al Papa en condiciones de no sustituirlo a la ligera. El de Chicago podría haber sido un gran elector de Prevost en el cónclave, pero, por otra parte, también lo fue Dolan. Jubilarlo sería saludable porque no volvería a poner en marcha ese mecanismo de doble rasero que había sido uno de los aspectos más criticados del pontificado de Francisco. Los dos se conocen bien, no solo porque Chicago es la archidiócesis de origen de Prevost, sino también por su experiencia común en la Congregación para los Obispos (hoy Dicasterio).
Es difícil considerar a Cupich un fiel seguidor del Papa, ya que en 2021, cuando el nombramiento del agustino como jefe de la Congregación parecía inminente, fue precisamente el nombre del cardenal querido por Francisco el que lo puso en tela de juicio. En aquel momento, Cupich soñaba con llegar a Roma y podría haber sido él el prefecto, cerrando así el camino a su compatriota hacia el cardenalato y, con toda probabilidad, hacia el papado. Francisco decidió lo contrario, reconfortado también por la opinión del entonces superior de la Orden de San Agustín, el padre Alejandro Moral Antón. A casi nueve meses de su elección al trono de Pedro, podría haber llegado el momento de que León XIV se pregunte si el activismo divisorio de Cupich es más una ayuda o un obstáculo para su magisterio que pretende unificar.
