La grandeza de los pequeños
Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños (Mt 18,5)
En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
«¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?».
Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo:
«En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí.
Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial.
¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en los montes y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, en verdad os digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.
Igualmente, no es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños».
(San Mateo 18, 1-5. 10. 12-14)
Jesús da un giro a los criterios de la grandeza: lo importante no es quién destaca, sino quién se hace pequeño como un niño, es decir, quién vive con confianza y acoge a los demás con un corazón sencillo. El Padre prefiere a los pequeños y, de hecho, no se resigna a perder a nadie, por lo que sale en busca de quien se ha perdido. También nosotros estamos llamados a mirar a cada persona con el mismo amor, sin excluir ni menospreciar a quienes parecen más frágiles o menos importantes a los ojos del mundo. Del Evangelio surgen con fuerza tres preguntas: ¿Eres capaz de hacerte pequeño sin buscar el primer puesto? ¿A quién corres el riesgo de descuidar o de juzgar con superficialidad? ¿Te dejas buscar y encontrar por Dios cuando te alejas de Él?
