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¿La fertilidad está en riesgo con las vacunas?

Los rumores dentro de la comunidad científica sobre los posibles riesgos para la fertilidad después de la vacuna contra el Covid han sido silenciados por la propaganda. Pero un nuevo estudio argentino arroja dudas que, en cambio, deberían disiparse y aclararse. La proteína Spike es similar a las sincitinas, que se producen para el desarrollo de la placenta.

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Desde el primer anuncio de las vacunas anti Covid, en la comunidad científica se escuchan voces que invitan a poner atención a los eventuales problemas por el daño a la fertilidad que pudieran sufrir los vacunados. Por supuesto, estos rumores fueron inmediatamente sofocados por la habitual propaganda pro vacunas que no puede ni remotamente admitir que las vacunas no son la panacea contra el Covid. Y así muchas personas piensan que en realidad es un poco curioso que una vacuna pueda tener como efecto hacer estériles a hombres o mujeres, pero no sería la primera vez que a través de la práctica de la vacunación masiva se implementen verdaderas medidas maltusianas de control de natalidad.

El caso más famoso, para aquellos con poca memoria, ocurrió en África y fue descubierto en febrero de 2015. La Conferencia Episcopal de Kenia denunció que el 30% de las fialas de vacuna contra el tétanos utilizadas durante una campaña patrocinada y promovida el año anterior por la OMS y UNICEF, contenía Hcg, la hormona de la gonadotropina coriónica humana. Una hormona que puede impedir el embarazo. Los hechos fueron sacados a la luz por una comisión científica, encargada por la Iglesia de Kenia y el Ministerio de Salud de Kenia para verificar si en las vacunas utilizadas en la campaña contra el tétanos materno y neonatal estuviese presente la hormona en grado de convertir las mismas en un instrumento de control de natalidad. La comisión de investigación confirmó los hechos, pero la OMS y Unicef ​​nunca respondieron por estas responsabilidades.

Por tanto, una vacuna, que es una importante herramienta de prevención, no puede ser ajena a los mecanismos de la fertilidad humana. Quizás no deliberadamente, sino como efecto colateral, que es la alarma que está lanzando en estos últimos días una científica argentina, inmunóloga Roxana Bruno; quien puso en evidencia el riesgo de que ciertas vacunas anti Covid que utilizan la proteína Spike (S) del virus SARS-CoV-2 como un antígeno para activar la respuesta inmune pueda causar infertilidad. Esto porque las vacunas COVID-19 tienen una alta similitud genética y proteica con dos proteínas humanas, Syncithin-1 y Syncithin -2.

Las sincitinas humanas son producto de la expresión de los genes “Env” de los retrovirus endógenos humanos (HERV): son proteínas que median la fusión entre células y tienen propiedades inmunosupresoras. Las sincitinas se expresan fisiológicamente durante el embarazo: intervienen en el desarrollo de la placenta, en la diferenciación de trofoblastos, en la implantación del embrión en el útero materno y en la inmunosupresión del sistema inmunológico de la madre para prevenir el rechazo alogénico del embrión. Debido a la notable similitud entre las sincitinas y la proteína Spike del SARS-CoV-2, las respuestas de anticuerpos inducidos por la vacuna COVID-19 podrían desencadenar una reacción cruzada contra las sincitinas, provocando efectos secundarios alérgicos, citotóxicos y/o autoinmunes que afectan la salud humana y la reproducción.

Las vacunas de ARNm tienen el potencial de modificar el ADN humano a través del mecanismo de silenciamiento de los genes mediado por ARN de interferencia. El gen de la sincitina podría silenciarse utilizando inhibidores de oligonucleótidos antisentido. A medida que disminuye la cantidad de proteína sincitina, se producen defectos placentarios graves, diferenciación deficiente del trofoblasto humano y disfunción vascular placentaria, lo que provoca el final de la gestación.

Una vez más, ante estas alarmas lanzadas por los investigadores, la pregunta más que legítima y acertada es la siguiente: ¿se han tenido en cuenta estos riesgos en la fase de preparación de la vacuna? ¿Se realizaron los controles necesarios durante los ensayos? ¿Se han realizado estudios de seguridad en modelos animales apropiados? ¿Se respetó el tiempo necesario para detectar efectos adversos a medio y largo plazo, incluida la fertilidad? Estas son preguntas para las que se deben esperar respuestas claras.

De lo contrario, no sería ético exponer a las personas al riesgo de infertilidad, a personas jóvenes que podrían afrontar el Covid incluso sin una vacuna, tratándolo con simples medicamentos antiinflamatorios.

Una serie de pruebas documentadas sobre la ausencia de riesgos para la fertilidad también podría tranquilizar los temores de que los peores entornos neo malthusianos, que han estado trabajando activamente durante algún tiempo para reducir drásticamente las tasas de natalidad, puedan usar campañas de vacunación contra el Covid para lograr sus objetivos.

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