• DESPUÉS DE LA VISITA

Irak: aplausos al Papa, pero ahora necesitamos una respuesta adecuada

La visita del Papa Francisco a Irak, que mostró lo factible que es el camino del diálogo, sin duda ha generado esperanza en la población. Pero ahora les corresponde a los líderes políticos y religiosos demostrar su voluntad de deponer las armas y luchar contra la corrupción. Y el deseo de los cristianos de regresar a sus hogares y tierras, primero ocupados por Isis y ahora en manos de las milicias chiítas, corre el riesgo de seguir siéndolo.

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Bastan las palabras entusiastas del Patriarca de Babilonia de los caldeos, el cardenal Louis Raphael I Sako, para dar una idea del éxito de la visita del Papa Francisco a Irak -quien ayer regresó a Roma- y de la esperanza que ha suscitado, especialmente en los cristianos que permanecieron en el país. Sako habló de un “Adviento” para cristianos y musulmanes, y de un “mensaje de consuelo y paz” que el Papa llevó a Irak. Después de estos tres días muy intensos, el Patriarca se mostró muy confiado en el impacto positivo que tendrá la visita también en el plano político y en la relación entre las comunidades de las diferentes religiones.

Es una posición comprensible, considerando la situación de los cristianos en Irak: había un millón y medio en 2003, cuando la invasión angloamericana inició la segunda Guerra del Golfo, mientras que hoy (después de años de guerra civil, el dominio del Isis y luego más guerra civil) son como máximo 400 mil (150-200 mil según algunas estimaciones), en su mayoría desplazados.

Más allá del contenido de los discursos, la llegada del Papa Francisco fue suficiente para que la comunidad internacional recordara este país destruido y para obtener el reconocimiento del derecho de los cristianos a habitar esta tierra. La estrategia del Papa Francisco, ya probada, es evitar enfrentarse a cuestiones espinosas (incluso evitando en todos los sentidos aparecer como un “abogado” de los cristianos) para privilegiar los encuentros personales, valorizar los ejemplos de solidaridad interconfesional y apuntar a una invitación a todo al diálogo como el camino para la solución de los problemas.

Así, en un Irak donde años de guerra han creado un muro de desconfianza y hostilidad entre las distintas comunidades, nos dice desde Florencia el Padre Aisen Elia Barbar, primer salesiano iraquí, “el Papa ha desatado algunos nudos y ha roto el hielo”. Demostró que podemos hablar y reconocernos recíprocamente. Desde este punto de vista, fue muy significativo el encuentro con el gran ayatolá Ali al-Sistani quien, aunque se negó a firmar cualquier documento común en la línea de aquel de Abu Dhabi, dio un importante reconocimiento al Papa: se puso de pie para saludarlo, gesto inusual que habla de la dignidad que reconoce en su interlocutor. Por otro lado, es la primera vez en años que al-Sistani se muestra públicamente, tanto es así que en el pasado en Irak habían circulado los rumores más dispares sobre su estado y se habían planteado dudas sobre la autenticidad de algunas fotos hechas públicas.

Las reacciones positivas, también de parte de los musulmanes, nos dicen que existía una necesidad real de un gesto de este tipo, de cercanía a las comunidades cristianas que han sufrido, de abrazo a todas las demás minorías que también pagaron caro el precio de esta guerra, de apertura al diálogo con todos los líderes de las distintas comunidades y del gobierno.

En todo caso, se genera cierta perplejidad por el contenido con el que el Papa Francisco pretendía llenar estos gestos. Como confirmó ayer en la rueda de prensa durante el vuelo de regreso a Roma, el camino es el indicado por el documento de Abu Dhabi y por la encíclica “Hermanos todos”, sobre la que hemos expresado reiteradamente críticas (ver aquí y aquí). Y también sobre el llamamiento hecho en Irak a la descendencia común de Abraham, que involucra a judíos, cristianos y musulmanes, ya hemos tenido la oportunidad de señalar la ambigüedad (ver aquí y aquí). Sobre todo, da la impresión de no comprender del todo el pensamiento islámico - sensación reforzada por algunos pasajes de la rueda de prensa en el avión - su concepción de Dios, de Abraham y de la sociedad.

En donde no nos hemos hablado durante mucho tiempo, volver a mirarnos a la cara y hablar es ciertamente muy importante, y nada puede reducir el alcance de este evento. Pero a la larga, si el contenido del diálogo no es claro, existe el riesgo de construir sobre la arena y generar más malentendidos.

En cualquier caso, el verdadero desafío para Irak comienza ahora. “En primer lugar, corresponde a los líderes políticos y al gobierno cambiar de estrategia”, dice el Padre Aisen Elia Barbar. “La Iglesia ha hecho incluso más de lo que debía, ahora son ellos quienes deben demostrar la verdadera intención de desarmar a la milicias y acabar con la corrupción”.

Y no hay que pensar que a partir de ahora el camino para los cristianos sea cuesta abajo: “El regreso de los cristianos del extranjero es ahora imposible, las condiciones sociales y económicas de Irak no lo permiten - continúa el Padre Aisen - pero también para los desplazados es muy complicado volver a sus pueblos y ciudades: todos son buenos, pero carecen de los servicios básicos, luz, trabajo, seguridad. Pero, sobre todo: tras la expulsión de ISIS, los chiítas ocuparon las tierras y casas de los cristianos. ¿Creen que los cristianos simplemente tendrán que regresar y tocar la puerta para recuperarlos? Sobre estas cosas es que se medirá verdaderamente la respuesta a este gesto extraordinario del Papa”.

Tampoco debemos subestimar la profunda división que existe en el mundo chiíta: el ayatolá Ali al-Sistani representa una escuela teológica que se opone a la teocrática de los ayatolás iraníes, que también tiene sólidos cimientos en Irak.

La posibilidad de pacificar verdaderamente a Irak, de volver a la convivencia entre los diferentes componentes del país, debe, por tanto, enfrentarse a varios factores complejos. Pero aquí, ante todo, toca sobre todo a los iraquíes transformar la atmósfera excepcional vivida en los últimos días en energía para reconstruir el país y la sociedad.

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