Ideología de género y nuevos derechos: Sarah denuncia el chantaje de la UE a África
Invitado por el grupo parlamentario europeo ECR, el cardenal no se anda con rodeos, sino que, por el contrario, desenmascara el uso sesgado de las palabras para transmitir e imponer fuera de Europa una visión contraria a la fe y a la razón, creada artificialmente en los «pasillos de Bruselas». Un discurso que también tiene relevancia dentro de la propia Iglesia.
- Europa cambia el lenguaje para destruir al hombre y a la familia, Robert Sarah
«Pues bien, señores parlamentarios, pido, con respeto, pero con igual firmeza, que los términos “hombre”, “mujer”, “matrimonio” y “familia” no se reduzcan a constructos sociales modificables a antojo de las modas ideológicas del momento, sino que se preserven como datos ontológicos de la realidad». Estas son las palabras centrales del valiente discurso del cardenal Robert Sarah en un acto celebrado en el Parlamento de la Unión Europea, que retoma la línea de los grandes discursos de Benedicto XVI en Berlín, París y Londres, y que constituye una condena solemne a la forma en que la Unión Europea gestiona un «sistema» de imposición a las personas y a los pueblos de una antropología creada artificialmente en los «pasillos de Bruselas», contraria a la razón y a su fe. Se trata de un discurso «duro», con críticas documentadas a la explotación chantajista de la Unión Europea respecto a los países africanos en los ámbitos normativo, jurídico y financiero, que puede sorprender a quienes estaban acostumbrados a escuchar del cardenal sobre todo palabras de espiritualidad y liturgia, pero que, precisamente por ello, resulta muy eficaz y penetrante. El acto tuvo lugar el 15 de julio en el Parlamento Europeo de Bruselas y fue organizado por el grupo ECR (Conservadores y Reformistas Europeos), bajo el título Europa y África. En conversación con el cardenal Robert Sarah.
El discurso retoma el esquema de pensamiento de Benedicto XVI, al que se dedica un párrafo específico titulado: Benedicto XVI y la primacía del logos. Aquí, el cardenal retoma el significado profundo de los famosos tres grandes discursos del papa Benedicto en Berlín, Londres y París. En muchos pasajes parece que es él quien habla, aunque se aprecia el empeño del cardenal por mostrar una continuidad con Francisco —y su expresión «colonialismo cultural»— y con León XIV, quien en el discurso del 9 de enero de 2026 ante el cuerpo diplomático afirmó que existe una gran urgencia de que «las palabras vuelvan a expresar de manera inequívoca realidades ciertas». Precisamente la palabra ocupa el centro de todo el discurso, elevada hasta vincularse con el Logos, el Verbo de Dios encarnado, que en su Sabiduría ha creado las cosas según un orden y quiere que nuestras palabras sean verdaderas, es decir, que respeten este orden. De ahí el uso continuo en el discurso del término «ontología» y del adjetivo «ontológico», es decir, relativo al ser de las cosas y no a las invenciones humanas. La axiología no basta —aclara el cardenal—, porque los valores que merecen respeto pueden ser muchos y elegirse tras haber sido comparados entre sí; hay que partir de la ontología, de lo que las cosas son y de lo que las palabras deben expresar con verdad.
La palabra refleja un orden y este orden remite a una Sabiduría ordenadora. «De ello se deriva una consecuencia que quisiera subrayar con fuerza ante esta asamblea: una razón que, ante lo divino, se hace sorda y relega la religión al ámbito de las subculturas privadas, se vuelve ella misma incapaz —son de nuevo palabras de Benedicto— de insertarse en el diálogo entre las culturas».
La razón, incluso la política, necesita de la religio vera del Logos, el cristianismo; de lo contrario, deforma las palabras de las que se sirve y las transforma en instrumentos de violencia. Retomando lo dicho por Ratzinger en 2011 ante el Parlamento Federal alemán, Sarah demuestra la irracionalidad del racionalismo político que quiere excluir la verdadera religión por considerarla irracional: «¿Acaso la legislación europea que pretende ser “neutral” respecto a cualquier visión antropológica, pero que de hecho impone en todo el mundo —a través de tratados, ayudas y condiciones comerciales— una visión específica y cuestionable del ser humano, no está cayendo precisamente en esa irracionalidad contra la que el papa Benedicto XVI nos advertía?».
El cardenal denuncia que «en la relación entre la Unión Europea y África, las palabras se utilizan hoy en día no para revelar la realidad, sino para ocultarla o incluso para invertirla. Se habla de “salud sexual y reproductiva” y, en muchos casos, se entiende como el acceso al aborto. Se habla de “igualdad de género” y, a veces, se entiende como la deconstrucción de la diferencia sexual entre hombre y mujer inscrita en el cuerpo del ser humano. Se habla de “derechos humanos” para los países africanos, y se entiende como la imposición de categorías jurídicas ajenas a nuestra historia, a nuestra fe, a nuestra cultura, a nuestra visión antropológica… ¿Cómo puede África confiar en una Europa que habla con palabras ambiguas, con doble sentido?».
El aborto o el género, tal y como los propone e impone la Unión Europea, son «inversiones del logos», son «contrarios al logos de la creación» y, como tales, se imponen sistemáticamente a los países africanos —y no solo a ellos—, que tratan de mantenerse fieles al vínculo entre la dignidad de la persona y la defensa de la vida, tal y como atestiguan las constituciones de muchos países, desde Kenia hasta Uganda. En sus relaciones con los países africanos, la Unión Europea aplica la línea de la condicionalidad en materia de género y aborto: «Si no firmas, habrá consecuencias». De este modo, las palabras utilizadas no son solo una cuestión académica, sino que se convierten en un hecho político, porque «quien controla el significado de las palabras controla, de hecho, el resultado de la negociación, sin que la otra parte se dé cuenta».
El discurso es muy analítico: se examinan tratados específicos y casos concretos de imposición chantajista, como el de Uganda. También se abordan dos temas de gran interés: la autodeterminación de los pueblos, empezando por los africanos, y el principio de subsidiariedad. En cuanto al primero, el cardenal Sarah precisa que «el respeto por la historia religiosa y cultural de un pueblo —tanto más loable cuanto más protege la familia, la vida y la transmisión de la fe— no es un obstáculo para el desarrollo, como a veces se insinúa en los pasillos de Bruselas, sino un requisito elemental de justicia».
También resulta muy pertinente la aplicación del principio de subsidiariedad al caso de la UE y África: «Aplicado a las relaciones internacionales, este principio nos dice que la Unión Europea, por muy animada que esté por buenas intenciones, no tiene la tarea de reescribir desde fuera el derecho de familia, el derecho penal ni los sistemas educativos de los Estados africanos soberanos: tiene más bien la tarea de apoyarlos, cuando así lo soliciten, en la consecución de sus propios fines legítimos».
En su discurso, el cardenal Sarah no solo se dirige a los eurodiputados, sino que también pretende dirigirse a la propia Iglesia, y no se trata —en nuestra opinión— de un aspecto secundario: «La crisis de la Iglesia en Occidente y la crisis del propio Occidente son, en el fondo, la misma crisis. Es precisamente porque la Iglesia, en muchas naciones europeas, ha perdido su identidad, su voz profética, por lo que Occidente mismo ha perdido el sentido de su propia civilización. (…) Estad dispuestos a recibir de África lo que esta aún puede ofrecer a un Occidente cansado: el testimonio de una fe viva y de un sentido de la familia, que pueden ayudar a la propia Europa a reencontrar su logos».
Europa cambia el lenguaje para destruir al hombre y a la familia
La confusión lingüística en torno a los nuevos derechos y un vuelco de la razón en el corazón de la crisis de Occidente, que ha perdido el sentido de su propia civilización. La invitación a volver al logos y a la verdad de la persona, de la familia y de los pueblos en la lectio magistralis sobre Europa y África. En diálogo con el cardenal Robert Sarah, celebrada hoy, 15 de julio, en Bruselas, en la Sala SPAAK 5B1 del Parlamento Europeo, por invitación del grupo ECR (Conservadores y Reformistas Europeos), junto con Sos Chrétiens d'Orient y Pro Vita e Famiglia.
