Francia: el obispo en el funeral del masón amigo de Macron
Funerales religiosos para François Patriat, conocido miembro de la masonería y del partido del presidente, además de defensor del aborto y la eutanasia. El propio presidente de Francia también lo recordó desde el púlpito, mientras que el obispo de Dijon ofició la ceremonia, sin tener en cuenta la afiliación y las posturas del difunto, que nunca renegó de ellas públicamente.
Masón y partidario de la eutanasia, pero enterrado (o mejor dicho, incinerado) con un funeral eclesiástico oficiado por el propio obispo. Ocurre en la diócesis francesa de Dijon, donde parece que no ha llegado el eco del doble veto procedente de Roma y San Remo a los funerales de dos miembros de las logias. Y tras el mantra entonado desde el púlpito de una iglesia de Como, nos toca una vez más relatar una anomalía funeraria. El ilustre difunto, afiliado a la logia, era el senador François Patriat, fallecido a los 83 años el 19 de agosto, a raíz de un accidente de bicicleta. El 25 de agosto, monseñor Antoine Hérouard, obispo de Dijon, ofició los ritos fúnebres en la colegiata de Notre-Dame de Semur-en-Auxois, localidad natal del político fallecido, en presencia de una nutrida representación de políticos, desde el Elíseo hasta los niveles más bajos. Patriat no era precisamente un desconocido; es más, además de por su afiliación masónica, era muy conocido por su cursus honorum en la política local y nacional: ministro de Agricultura en el Gobierno de Jospin, presidente del consejo regional de su Borgoña natal y senador desde 2008 hasta su fallecimiento. Una larga carrera que comenzó en el Partido Socialista y que, desde su fundación, le llevó al partido Renaissance de Emmanuel Macron, del que fue una figura destacada.
El presidente del Elíseo entretuvo a los presentes desde el púlpito con su largo y emotivo recuerdo de «François el invencible», conocido por sus amigos como «Fanfan». Durante nada menos que 13 minutos, Macron ensalzó al difunto y a sí mismo con un discurso más propio del escenario de un mitin que del templo de Dios. Recordó el 6 de abril de 2016, fecha de fundación del partido —y él, Fanfan, estaba allí («il était là!»)—, e incluso, durante el trayecto, se detuvo en la catedral de Amiens para encender una vela porque «era un socialista que creía en la providencia», palabras que recuerdan a los antiguos «panegíricos» en honor a los santos. En cuanto al obispo, calificó de «en evolución» la relación de Patriat con el catolicismo y centró la homilía en el camino —que se articula en «compromiso», «esperanza» y «alianza»— —, ya que «para los cristianos, la verdad no es un sistema filosófico ni un sistema político; la verdad es, ante todo, alguien en quien depositar nuestra confianza y que nos invita a caminar con él», precisando que «creemos que Jesús nos abre el camino de la vida». Pero lo que signifique esa relación «en evolución» es un misterio que bien podría permanecer en la esfera personal del difunto si no fuera porque entra en juego una esfera pública y, más concretamente, política, en contraposición con la Iglesia, al menos (y eso no es poco) en cuestiones éticas.
Quien sacó a relucir el asunto el mismo día del funeral fue la web católica Tribune Chrétienne, recordando que «François Patriat también era conocido por su pertenencia a la masonería, una pertenencia que reconoció abiertamente a lo largo de su carrera». Tanto es así que la publicación francesa pro-masónica 450. fm precisamente al referirse al «paso al Oriente eterno» del «hermano François Patriat», se lamenta un poco de que, ante la muerte de algunos representantes públicos de las logias, la afiliación pase a un segundo plano en los medios de comunicación en general y solo la destaquen los medios hostiles a la masonería (con referencia directa y explícita al artículo de Tribune Chrétienne).
Volvamos al partido fundado en aquel «histórico» 6 de abril de 2016 con el apoyo indispensable de Fanfan, quien fue su portavoz en el Senado hasta su muerte. Se trata del partido que impulsó con firmeza la inclusión del aborto en la Constitución y, más recientemente, la ley sobre la eutanasia, promulgada en el mes de agosto. Ley a la que Patriat no se oponía en absoluto; es más, el 28 de mayo de 2025 acogió positivamente su tramitación parlamentaria, con la esperanza de que la «resonancia en la opinión pública» se abriera paso también en el Senado: «Dado que el 85 % de los franceses está a favor, es evidente que este movimiento está llegando a los representantes electos, incluidos los senadores, que a veces pueden ser un poco más reaccionarios».
En cuanto al aborto, basta con releer el entusiasmo de Patriat en una publicación en X del 4 de marzo de 2024, el día en que el aborto se convirtió en un derecho constitucional: «Corresponde a Francia, que a los ojos del mundo sigue siendo el símbolo de la libertad y la igualdad», comentaba la senadora, «reafirmar solemnemente esos principios y garantizar, en el texto sagrado de la Constitución, esa libertad fundamental de la mujer para decidir sobre su propia maternidad».
¿No es esto motivo suficiente para aconsejar a monseñor Hérouard que no asistiera, o incluso que no concediera los ritos fúnebres eclesiásticos (según el derecho canónico) a un miembro destacado de la masonería que ha trasladado su agenda también al ámbito político? La presencia del prelado sorprende aún más, dado que, en general, los obispos franceses se han mantenido firmes en lo relativo al final de la vida, contribuyendo a «arrancar» al menos la objeción de conciencia para las estructuras privadas, incluidas las católicas, que el texto de Macron había excluido. Lo que ocurrió en el alma de Patriat hasta el último instante es asunto suyo (y de Dios), pero no se puede decir lo mismo del «hecho» externo, la celebración del funeral —más bien, de unos funerales que constituyeron más bien una celebración, incluso política, de un masón, defensor del aborto y de la eutanasia, que, por muy «en evolución» que esté, no parece haber renegado públicamente de ciertas posturas.
