Transfiguración del Señor por Ermes Dovico
FRAGMENTOS DEL EVANGELIO

Escuchar a Jesús

«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo» (Mt 17,5)

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.
Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía:
«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:
«Levantaos, no temáis».
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:
«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

(San Mateo 17, 1-9)
 

La Transfiguración ofrece a los discípulos un atisbo de la gloria de Cristo antes de la prueba de la cruz. En el monte Tabor se les invita a comprender que la verdadera luz nace de la escucha del Hijo amado. Incluso cuando la vida nos lleva por los valles del cansancio, el Señor nos invita a no temer y a levantarnos. Quien permanece unido a Jesús encuentra la fuerza para afrontar el camino con esperanza y confianza. ¿Eres capaz de detenerte para escuchar de verdad la voz de Jesús en tu vida? ¿Qué miedo te impide hoy levantarte y seguirle con confianza?