Santas Basilisa y Anastasia por Ermes Dovico
FRAGMENTOS DEL EVANGELIO

Elegir la luz

Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito (Jn 3,16)

Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.

Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.

En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

(San Juan 3, 16-21)


El corazón del Evangelio es el amor gratuito de Dios, que entrega a su Hijo para salvar a todos los hombres que acogen su Gracia. La fe se convierte así en una elección concreta: acoger la luz o refugiarse en las tinieblas. Dios separa: en el principio, de hecho, separó la luz de las tinieblas, la verdad del error. Hay que tomar partido recordando que no es Dios quien excluye, sino el hombre quien rechaza la verdad. Vivir en la luz significa dejarse transformar y actuar según Dios, con sinceridad y valentía. ¿Tus elecciones cotidianas buscan la verdad o evitan exponerse a la luz?