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EL ENFRENTAMIENTO

El Sínodo alemán también quiere controlar a los obispos

La revolución ansiada por el partido sinodal alemán se pone estos días a prueba con la elección del presidente de la Conferencia Episcopal. Se corre el riesgo de una ruptura en materia de uniones homosexuales, celibato, sacerdocio femenino y papel de los laicos. Además, el Camino Sinodal se prepara para controlar a los obispos que rechazan las innovaciones.

Ecclesia 23_02_2026 Italiano English

Hoy comienza una semana decisiva para la Iglesia en Alemania. Hasta el jueves, los obispos alemanes estarán reunidos en la asamblea plenaria que tendrá dos puntos muy importantes en su agenda. En primer lugar, hay que elegir al sucesor de monseñor Georg Bätzing, presidente de la Conferencia al final de su mandato, que ya ha anunciado que no quiere un segundo mandato. La partida aún está abierta, pero los nombres más fuertes son los del arzobispo de Paderborn, Udo Markus Bentz, el obispo de Tréveris, Stephan Ackermann, y el obispo de Essen, Franz-Josef Overbeck.

Este último, muy ambicioso, llegará a la asamblea plenaria tras pasar dos días en Roma, donde se ha reunido con monseñor Filippo Iannone, prefecto del dicasterio para los obispos. Overbeck quiere hacerse con la presidencia aportando a sus hermanos el placet de Roma al estatuto para la constitución de una Conferencia sinodal que busca cambiar para siempre el rostro de la Iglesia.

Y en segundo lugar, éste es el otro gran tema que se abordará en los cuatro días de trabajo de la Conferencia Episcopal Alemana. A los protagonistas del “Camino Sinodal Alemán” no les ha gustado la falta de respuesta de Roma a las cartas que contenían algunas resoluciones contrarias a la doctrina de la Iglesia sobre las uniones homosexuales, el celibato, el diaconado y el sacerdocio femenino, y el papel de los laicos. Por lo tanto, ahora se pretende introducir en la Conferencia sinodal una especie de control sobre los obispos, que en la práctica tendrán que justificarse si no quieren adoptar las innovaciones deseadas por la Conferencia.

Un intento de “disciplinar” a los obispos y, en su caso, exponer a las críticas de la opinión pública a aquellos que se oponen a las imposiciones de los “sinodales”. El estatuto de la Conferencia sinodal sobre el que la asamblea plenaria deberá pronunciarse socava claramente la autoridad episcopal, ya que avanza pretensiones decisorias. Sin embargo, la composición del organismo contará con una mayoría de laicos: solo habrá 27 obispos, además de 27 miembros del Comité Central de los Católicos Alemanes y otros 27 fieles.

La revolución anhelada por el partido sinodal alemán está en abierto contraste con las enseñanzas del Concilio Vaticano II y, en particular, con la Lumen Gentium, que reconoce a los obispos el “derecho sagrado y el deber ante el Señor de dar leyes a sus súbditos, de juzgar y regular todo lo que pertenece al culto y al apostolado”.

A la luz de esto, si las negociaciones entre Alemania y Roma ya eran tensas antes, ahora la situación se ha vuelto “incandescente” para la Santa Sede, dadas las implicaciones de la probable ruptura con los lefebvrianos. La fidelidad al Concilio Vaticano II debe defenderse, incluso ante aquellos que querrían poner en minoría a los obispos en cuestiones que afectan a las funciones de gobierno con lógicas más “parlamentarias” que eclesiales.

La bomba alemana está lista para estallar y para desactivarla podría ser útil la elección de un presidente de la Conferencia Episcopal diferente a los dos últimos. Pero parece una hipótesis muy improbable. Entre los nombres de los candidatos fuertes, además de los ya mencionados, también se encuentra monseñor Heiner Wilmer, obispo de Hildesheim, a quien Bergoglio había elegido en 2023 para dirigir el Dicasterio para la Doctrina de la Fe.

Al final Wilmer no pudo asumir el cargo debido a fuertes controversias, algo que fue considerado como la última victoria del cardenal George Pell, aunque pasó a la historia como una victoria pírrica porque Francisco finalmente prefirió a Víctor Manuel Fernández. Por lo tanto, si fuera elegido presidente por sus hermanos, se encontraría tratando precisamente con el argentino que le arrebató el puesto hace tres años.