• HIMNO A LA VIDA

El "sacrificio" se hace hueco en el Festival de San Remo

En el teatro de lo "políticamente correcto", un rapero conmueve incluso al propio presentador Amadeus por sus ganas de luchar contra la ELA incluso estando en su silla de ruedas. El joven entona un himno a la vida hablando de la belleza del sacrificio (el amor de sus seres queridos) y de la oración del Rosario que se lleva lejos el demonio de la desesperación. Quién está en una situación de sufrimiento no puede permanecer indiferente, y esto ya es suficiente.

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Es cierto que el corazón del hombre está hecho para la vida, incluso el de aquellos que no lo saben, incluso el de aquellos que buscan la muerte como vía de escape o aquellos que imploran el derecho a la muerte por miedo al sufrimiento.

Para demostrarlo, traemos a colación un hecho acaecido estos días en el Festival de San Remo, el festival más popular de la canción italiana que tiene lugar a principios de febrero en la famosa ciudad de la comunidad autónoma de Liguria, al noroeste de Italia. Es un festival que dura cinco días, más de la mitad de los telespectadores lo siguen por televisión y durante días y días ocupa las crónicas de los periódicos nacionales. Precisamente por su popularidad, el Festival también se ha convertido en el hogar de la “corrección política” y fuente de continua controversia. Exactamente esto ha vuelto a suceder este año por culpa de algunas actuaciones que han ridiculizado o distorsionado la fe católica, y por la presencia de un rapero cuyas letras son de una agresividad vergonzosa.

Pero entonces, ¿qué tiene que ver la celebración de la vida con todo esto? Tiene que ver con esto porque, a pesar de haber sido descartado en las selecciones, el rapero Paolo Palumbo ha sido llamado de nuevo al escenario del Teatro Ariston (donde tiene lugar el Festival) por el presentador de esta edición, Amadeus. Palumbo no es un rapero cualquiera: es el rapero con esclerosis lateral amiotrófica más joven de Europa. Hoy tiene veintidós años y cayó enfermo a los diecisiete. Pero sobre todo, Palumbo no es un rapero ordinario porque, paralizado y ayudado a respirar por la traqueotomía, no sólo canta la fuerza y la belleza de la vida, sino que ha logrado introducir la palabra “sacrificio” en una cultura hoy en día bastante rebelde frente a cualquier sufrimiento. Y lo ha hecho explicando el valor de la renuncia para lograr algo más grande, haciendo que la existencia cante como una batalla y demostrando lo que significa vivir como un hombre. Así, clavado en un silla de ruedas, Palumbo ha recordado al hombre la altura de su naturaleza.

Y lo ha hecho escribiendo su canción con una letra así: “En la vida de cada uno de nosotros hay un sueño por realizar, pero dicen que para conseguir lo que quieres tienes que luchar, no tengo ganas de dejarlo ir porque, si hay una esperanza, quiero intentarlo”. Más tarde, ayudado por un comunicador vocal que leyó los movimientos de sus ojos, explicó que su hermano “Rosario (que lo dejó todo para ayudarle) y mi maravillosa familia me enseñaron lo que significa la palabra sacrificio, dedicándome sus vidas sin pedirme nada a cambio, excepto quedarme aquí con ellos”. Que es una manera de decir que vale la pena el esfuerzo de vivir una existencia llena de la presencia de las personas que amamos y que vale la pena sufrir los dolores de la enfermedad para disfrutar del mayor regalo, que son nuestros seres queridos.

Pero Palumbo también escapa a la interpretación relativista que suele colocar a estos testigos entre una atracción de circo y otra, haciendo creer a todos que pueden elegir indistintamente el personaje que quieren interpretar. “Gracias a su amor -continuó el joven- descubrí una fuerza interior que no sabía que tenía y que me gustaría transmitiros, porque estoy convencido de que todos la tenemos, aunque no nos demos cuenta”. Una manera de decir que no hay ningún enfermo que necesite ser eliminado “compasivamente”, sino sólo ser apoyado para descubrir su fuerza. Alguien que sólo le diga “tú vales mis lágrimas” y a quien pueda responder “tú vales mi dolor”.

De hecho, Palumbo ha lanzado otra puñalada a la cultura de la muerte que utiliza el término “ensañamiento terapéutico” para abandonar a los enfermos y no resucitarlos: “Hace poco más de un mes me enfrenté a un momento difícil, una crisis respiratoria. Si no fuera por la habilidad de los médicos y el apoyo de todos los que están a mi lado, no estaría aquí hoy. Cuando desperté de la reanimación pensé en lo afortunado que era de estar vivo”. Por ello, el cantautor recordó que el mal más extendido y grave no es el que aflige al cuerpo, sino el alma con egoísmo: “Si necesitamos un cambio, es sobre todo en la mente, donde se encuentran las discapacidades más peligrosas, como la falta de empatía y tolerancia”. Por eso en su canción condena a los que juzgan a los enfermos desde fuera o a los que dicen frases como “si estuviera en esa condición preferiría morir”: “¿Te ha molestado verme en una silla de ruedas? -dice su canción-. Esta enfermedad da miedo vista desde fuera", sin embargo “yo le doy esperanza a todos los enfermos”.

Al final de la letra de esta canción, el chico quería explicar qué es lo que sostiene todo este amor, sacrificio y vida. Lo que, en pocas palabras, le hace feliz: “Creo y rezo el Rosario, y es esto lo que mantiene lejos a mi asesino”, el tentador que nos hace pensar lo contrario: que el sacrificio es mayor de lo que en realidad vale. Al final de la actuación, el público se puso de pie y aplaudió con emoción. Obviamente, puede ser que para muchas personas el testimonio de Palumbo pasara como un puro espectáculo, como una emoción despertada por un joven que tomó su propia decisión. Pero es cierto que los que sufren no pueden dejar de ver la luz. Y esto, para el Festival de San Remo, es más que suficiente.

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