San Chárbel Makhlouf por Ermes Dovico
CLIMA

El huracán Ida prueba la falsedad del ecologismo

Un gran huracán azota Luisiana y vuelve a sonar el estribillo de la alarma sobre el cambio climático. Pero todos los datos muestran que no hay escalada de eventos extremos, mientras que una comparación con el pasado demuestra cuán importante es el desarrollo para minimizar el daño de estos eventos.

Creación 02_09_2021 Italiano English

El huracán Ida ha llegado a las costas de Louisiana, con su secuela de daños e incluso una víctima, iniciando de nuevo la campaña sobre el cambio climático con el aumento de eventos extremos y catastróficos. Y menos mal que el presidente ya no es Donald Trump, de lo contrario habría tenido un juicio público como el de George Bush jr. en 2005 por el huracán Katrina. Como si la oposición a la firma de acuerdos internacionales sobre el clima produjera automáticamente respuestas de una naturaleza supuestamente contraria.

Pero como estamos en vísperas de otra conferencia sobre el clima, la COP26 en noviembre en Glasgow, que será precedida por una cumbre previa en Milán entre finales de septiembre y principios de octubre, es oportuna la temporada de huracanes que sucede en América del Norte, por cierto, para revivir el terrorismo climático. Y así hemos visto a los periódicos seguir en los últimos días el acercamiento de Ida a las costas americanas en un crescendo de miedo, hasta que el domingo por la tarde finalmente golpeó Nueva Orleans y toda Louisiana con nivel 4 y vientos de más de 200 km por hora, dejando un millón de personas sin electricidad (20% de la población) y varios daños, incluido un hospital sin techado. Más fuerte que Katrina, informaron los medios, el quinto más violento de la historia, para subrayar la naturaleza excepcional del evento. Y, obviamente, hasta decir que debido al cambio climático hay huracanes cada vez más frecuentes e intensos.

Obviamente la realidad es diferente: mientras tanto no hay una intensificación de los huracanes, como debe admitir el IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change, el organismo de la ONU que se ocupa del cambio climático). Esto también lo aclara la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA, Environment Protection Agency), que en mayo pasado publicó un informe dedicado a estos eventos, Climate Change Indicators: Tropical Cyclone Activity (Indicadores de Cambio Climático: Actividad de Ciclones Tropicales). Aquí encontramos escrito: “Desde 1878 todos los años en el Atlántico Norte se forman seis o siete huracanes. Más o menos dos de estos llegan a tierra firme de los Estados Unidos. El número total de huracanes (…) y el número de los que llegan a Estados Unidos no indican una tendencia general clara desde 1878”.

Además, Ida comparte la violencia con otros seis huracanes que han tocado tierra firme en Estados Unidos. Desde 1851 ha habido 300 huracanes que han llegado a las costas de América del Norte, de los cuales 92 se definen como “grandes”, es decir de categoría 3 a 5 (el máximo). Además, los huracanes tienen un patrón cíclico. La década que vio la mayor cantidad de huracanes importantes es la que se produjo entre 1940 y 1950, mientras que la última década ha sido una de las más tranquilas. Ida es el primer huracán de esta temporada que golpea las costas, pero el daño causado se considera normal para huracanes de esta fuerza.

Pero más interesante, también en términos de conferencias climáticas, es la comparación con el huracán de la misma fuerza que azotó la misma costa de Luisiana en Last Island en 1856: entonces se registraron 200 muertes y todo lo construido en Last Island fue arrasado. Los daños y pérdidas actuales son mucho menores, a pesar de que parte de la costa está mucho más densamente poblada que entonces.

Aquí radica la clave para comprender la verdadera relación entre el hombre y la naturaleza, una lección que no solo concierne a los huracanes. De hecho, para minimizar los efectos de los desastres naturales y los fenómenos meteorológicos extremos, la verdadera solución no radica tanto en cambiar el curso de los eventos atmosféricos, sino en el desarrollo de sistemas de defensa adecuados. La idea de que es posible que el hombre determine las temperaturas y el clima de la Tierra como si hubiera un termostato que regular, es el resultado de un engaño de omnipotencia que está llevando a la humanidad al suicidio; mientras que la historia nos muestra cómo el hombre se ha liberado de la esclavitud de los elementos naturales a través del desarrollo y estudio que nos ha permitido conocer más sobre la naturaleza y domarla; creando y poniendo a disposición de la comunidad, por dar solo algunos ejemplos, viviendas sólidas, infraestructuras resistentes a terremotos, sistemas de alarma y planes de evacuación contra huracanes, instalaciones para almacenar y transportar alimentos, etc.

Esto significa que el desarrollo es el camino por seguir y no el enemigo a eliminar, como pretenden el ecologismo y la filosofía de las conferencias sobre el clima.