• EL CASO DE FLYNN

El complot (real) del FBI contra Donald Trump

Hay una conspiración que extrañamente no es noticia aunque es llamativa y está bien documentada. Hablamos de un complot en las altas esferas del FBI (la policía federal americana) para incriminar al presidente Donald Trump, al comienzo de su administración, arruinando al general Michael Flynn.

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Hay una conspiración que extrañamente no es noticia aunque, al contrario de muchas otras conspiraciones que se han reconstruido o imaginado basándose en conjeturas, ahora tengamos muchas pruebas de ella. Es un complot en las altas esferas del FBI, la policía federal americana, para incriminar al presidente Donald Trump, a finales de enero de 2017, cuando tomaba posesión del cargo en la recién elegida Casa Blanca. La víctima de este complot, ahora totalmente exonerada, es el general Michael Flynn, entonces Consejero de Seguridad Nacional. Los culpables de esta historia parecen ser los principales líderes del FBI, todavía leales al presidente saliente Barack Obama: James Comey (Director) y Andrew McCabe (Subdirector).

El primer escándalo que golpeó al nuevo inquilino de la Casa Blanca se refería a su relación con Rusia. A partir de entonces, durante los tres años siguientes, se desarrollaría el Russiagate, una investigación que terminó sin haber aclarado nada. La que se “quemó” inmediatamente por el escándalo fue la posición del primer Consejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn, acusado de violar la Ley Logan, una ley introducida en los albores de los Estados Unidos que prohíbe la interferencia de ciudadanos privados no autorizados en las relaciones internacionales entre los EE.UU. y un gobierno con el que hay una disputa en curso. El general Flynn fue acusado de haber llamado por teléfono al embajador ruso en Washington, Sergei Kislijak, el 29 de diciembre de 2016. Había más de una disputa entre los EE.UU. y Rusia, y dado que la administración de Trump no había asumido aún el cargo en la Casa Blanca, el general Flynn podía seguir considerándose un ciudadano privado. El asunto había terminado bastante rápido: el 24 de enero de 2017 (una semana después de tomar posesión del cargo), la Casa Blanca recibió la visita de dos agentes del FBI, Peter Stzok y Joe Pientka, de contrainteligencia. En esa entrevista se dijo (entonces) que Flynn mintió. Por esa mentira admitió su culpabilidad y renunció a finales de 2017, una primera sombra de la nueva administración.

Las primeras grandes dudas sobre aquel asunto habían surgido igual de rápido. Primero, ¿se había violado la Ley Logan? Flynn no era simplemente un ciudadano privado, sino el asesor de seguridad nacional in pectore. Por lo tanto, su llamada telefónica al embajador ruso, en un momento de crisis, era legítimamente parte de su papel. La segunda duda se refería al propio interrogatorio: el hecho de que dos agentes del FBI fueran a la Casa Blanca para presionar a un nuevo ejecutivo de la administración se consideró algo como mínimo poco ortodoxo incluso por parte de los propios altos mandos de la policía federal. Uno de los dos agentes de la interrogación, Peter Strzok, ya había sido retirado de la investigación en enero de 2018 tras un escándalo muy significativo: habían surgido mensajes políticamente comprometedores entre él y Lisa Page, una abogada del FBI que luego resultó ser su amante. Sólo para dar un ejemplo, en uno de los mensajes, Lisa Page le preguntaba a Strzok: “(Trump, ed.) nunca se convertirá en presidente, ¿verdad?” y Strzok respondía: “No. No lo hará. Vamos a detenerlo”.

Ahora la defensa de Flynn ha destapado la olla a presión y ha conseguido nuevos documentos después de una larga batalla legal con el FBI. La historia es mucho más turbia de lo que nadie pensó que sería en años anteriores. De hecho, el 4 de enero, una semana después del contacto telefónico entre Flynn y Kislijak, la policía federal declaró oficialmente el caso cerrado por falta de pruebas y hechos incriminatorios. La policía también había solicitado más información a la CIA y también a la agencia de inteligencia. El 4 de enero Trump había ganado las elecciones de noviembre pero aún no había asumido el cargo, y por tanto Barack Obama seguía siendo presidente (saliente, pero aún en el cargo). Pues bien, ese 4 de enero, el equipo de agentes del FBI que participaba en la operación Crossfire Hurricane (la que se convertiría más tarde en el Russiagate) recibió la orden de no cerrar el caso. La orden está documentada por un mensaje, escrito de manera muy informal, por el agente Peter Strzok: “Oye, si no habéis cerrado Razor (nombre en clave del caso Flynn, ed), dejadlo todavía abierto”. En los siguientes mensajes nos enteramos de que “El 7º piso está involucrado”: El 7º piso es la sede de los altos mandos del FBI, por tanto de Comey y McCabe.

En el interrogatorio de Flynn en la Casa Blanca, el general fue engañado deliberadamente para dar un paso en falso y tenderle una trampa. Esto se puede deducir de una prueba escandalosa, una nota escrita a mano por un oficial (anónimo) del FBI, después de una reunión con Comey y McCabe. “¿Cuál es nuestro objetivo? ¿Verdad/confesión o hacer que mienta para que podamos procesarlo o hacer que lo despidan?" En las mismas notas escritas a mano, también hay cierta preocupación por las consecuencias: “Si se dan cuenta de que estamos jugando, se pondrán furiosos en la Casa Blanca”. El 24 de enero, el presidente Trump ya llevaba una semana en el cargo, era el presidente.

El informe del interrogatorio de Flynn fue escrito por Joe Pientka, uno de los dos agentes de la interrogación. Pero el documento fue reescrito dos semanas después por el oficial Strzok. Luego fue finalmente aprobado por McCabe otros cuatro días después. Un largo tiempo que demuestra el cuidado que se tuvo al tratar con las palabras de Flynn, que finalmente fue incriminado por un error e inducido a admitir la culpa. ¿Pero inducido cómo? Aparentemente, fue prácticamente chantajeado. Si no se hubiera declarado culpable, su hijo, que es miembro de un grupo de presión del gobierno turco, también habría terminado siendo investigado por no haberse registrado en el Departamento de Justicia como “agente extranjero” (en nombre de los extranjeros, en este caso).

Al final Flynn ha salido limpio, pero su carrera está acabada y está arruinado económicamente por el gasto en defensa. Lo más probable es que Hollywood no haga ninguna película sobre él: los malos de esta historia son demócratas, entre las víctimas están los republicanos, así que no interesa al público.

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