Santo Tomás Moro por Ermes Dovico

FRAGMENTOS DEL EVANGELIO

El ciego

Le puso otra vez las manos en los ojos; el hombre miró: estaba curado y veía todo con claridad (Mc 8,25)

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a Betsaida. Y le trajeron a un ciego pidiéndole que lo tocase. Él lo sacó de la aldea, llevándolo de la mano, le untó saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntó:
«Ves algo?».
Levantando los ojos dijo:
«Veo hombres, me parecen árboles, pero andan».
Le puso otra vez las manos en los ojos; el hombre miró: estaba curado y veía todo con claridad.
Jesús lo mandó a casa diciéndole que no entrase en la aldea.

(Marcos 8,22-26)