La verdadera riqueza del corazón
Es imposible para los hombres, pero Dios lo puede todo (Mt 19,26)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«En verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de los cielos».
Al oírlo, los discípulos dijeron espantados:
«Entonces, ¿quién puede salvarse?».
Jesús se les quedó mirando y les dijo:
«Es imposible para los hombres, pero Dios lo puede todo».
Entonces dijo Pedro a Jesús:
«Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?».
Jesús les dijo:
«En verdad os digo: cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.
Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna.
Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos primeros».
(San Mateo 19, 23-30)
Tras recibir la negativa del joven rico a seguirle dejando todo, Jesús invita a los apóstoles a no confiar en las riquezas ni en sus propias seguridades, sino en el poder de la gracia de Dios. El problema no es la riqueza en sí misma, sino dejarse dominar por los bienes en lugar de utilizarlos para hacer el bien. Dios concede una vida plena a quien confía en Él. Por eso, la llamada a una consagración especial solo es posible si es Jesús quien llama. ¿Qué seguridades corren el riesgo de ocupar el lugar de Dios en tu vida? ¿Sabes compartir lo que tienes con quienes lo necesitan?
