Anunciación del Señor por Ermes Dovico
COMUNISMO LATINO

Cuba sigue a oscuras: el comunismo causa más daños que el embargo

Cuba vuelve a estar otra vez a oscuras, y ya van tres apagones desde principios de mes. Mientras crece la indignación popular contra el régimen comunista, el Gobierno negocia con EE. UU. Además parte una nueva flotilla en su apoyo.

Internacional 24_03_2026 Italiano

Cuba vuelve a estar a oscuras una y otra vez. Tres apagones desde principios de mes y la cuenta aún no ha terminado. Hay quienes le dan un toque romántico, sobre todo entre los admiradores tardíos del castrismo, como Daniel Lambert, exdiplomático irlandés de las Naciones Unidas que, de visita en la isla que se ha quedado sin luz, escribe en X: “Con La Habana sumida en la oscuridad total, hay una extraña belleza y resiliencia en poder ver brillar todas las estrellas”. Para los cubanos, por el contrario, la perspectiva cambia. No hay nada romántico en ver las estrellas en la oscuridad y, mientras el régimen culpa al embargo estadounidense e invita a la”resiliencia”, la ira va hacia el Partido Comunista en el poder.

El pasado martes, 17 de marzo, las autoridades declararon que aún se desconocía la causa del último apagón que ha afectado a la isla y a sus 9 millones de habitantes: no se han registrado averías en las centrales eléctricas en funcionamiento. Desde el punto de vista del régimen comunista liderado por Díaz-Canel, sucesor de los Castro, la culpa debe atribuirse únicamente al bloqueo petrolero impuesto por la administración Trump, a partir de la destitución del dictador venezolano Maduro, el principal proveedor extranjero de crudo. Alrededor del 90% del sistema de producción de energía eléctrica de Cuba depende del petróleo, y Cuba solo produce el 40% de sus necesidades totales.

La población empieza a dejar de creer en la versión oficial. El pasado fin de semana, cientos de manifestantes, al grito de “¡Libertad! ¡Libertad!”, han desafiado a la policía y han marchado hacia la comisaría de Morón, una ciudad de unos 70.000 habitantes en la región nororiental de Cuba, tras más de treinta horas de apagón. Los manifestantes se han dirigido luego hacia las sedes del Partido Comunista en el poder, según ha informado el Gobierno cubano y confirman algunos vídeos difundidos en las redes sociales. Los residentes han lanzado piedras contra el edificio e han intentado prenderle fuego. Otros han trepado al segundo piso y han arrojado a la calle papeles y muebles que posteriormente han quemado.

Según Cubalex, una organización estadounidense de derechos humanos, las protestas políticas han aumentado de 31 en enero a 60 en febrero y a 130 en la primera quincena de marzo. El intento del régimen de censurar la protesta no ha servido para nada: Yoani Sánchez, una de las blogueras disidentes cubanas más conocidas, ha conseguido difundir las imágenes y por ello se encuentra bajo estrecha vigilancia desde hace una semana, prácticamente condenada al arresto domiciliario con un agente de la policía política apostado frente a la puerta de su edificio.

¿Tiene razón el régimen al hablar de una crisis causada por el bloqueo estadounidense? ¿O tienen razón los disidentes al culpar al propio régimen comunista? La historia reciente les da la razón a los disidentes. De hecho, los habitantes de la isla llevan soportando largos cortes de electricidad desde hace años, mucho antes del bloqueo petrolero impuesto por Trump. Los largos apagones se deben a la obsolescencia de la red eléctrica cubana, provocada por la falta de inversiones. La mayoría de las centrales eléctricas de Cuba llevan en funcionamiento unos cuarenta años sin un mantenimiento adecuado y sin inversiones. Las autoridades cubanas se están centrando ahora en el funcionamiento de pequeñas centrales eléctricas no conectadas a la red nacional, que suministran energía eléctrica directamente a los llamados”centros vitales”, como hospitales, plantas de procesamiento de alimentos e infraestructuras de telecomunicaciones.

Está claro que el bloqueo de Trump y, sobre todo, el fin de los suministros de petróleo procedentes de Venezuela han empeorado sensiblemente la situación. Desde que comenzó la actual crisis petrolera se han suspendido las clases universitarias y se ha reducido drásticamente el transporte público. La mayor parte del turismo se ha paralizado, y las compañías aéreas han suspendido los vuelos por falta de combustible para aviones. Los hospitales han suspendido todas las intervenciones quirúrgicas salvo las de urgencia y los agricultores tienen dificultades para llevar sus cosechas al mercado.

La clase dirigente cubana reprime las protestas y llama a la resiliencia en el interior. Pero en el exterior dialoga con EE. UU. Al parecer, se están llevando a cabo conversaciones reservadas con la administración Trump en la isla caribeña de San Cristóbal. Díaz-Canel ha iniciado la liberación de un grupo de 51 presos cubanos, muchos de ellos activistas y manifestantes encarcelados, como muestra de buena voluntad.

Al otro lado de la barricada, en cambio, está la extrema izquierda estadounidense (y una parte de la europea) que se solidariza con el régimen, mostrándose más realista que el propio régimen. Al igual que en Gaza, ha zarpado una nueva flotilla de barcos con ayuda humanitaria a bordo: el convoy “Nuestra América”, que ha partido de México el pasado 20 de marzo. Paradójicamente, quien anima la flotilla y se solidariza con la isla caribeña que se ha quedado sin petróleo es precisamente Greta Thunberg. La misma que ha dedicado su vida a luchar contra los combustibles fósiles. Al menos, en un momento de realismo, debe de haberse dado cuenta de que sin petróleo se muere.