Come, reza y mete un gol, pero solo si eres musulmán, no cristiano
El alemán Nmecha reza tras marcar un gol y se ve inundado de críticas: “Obsesionado con Cristo, visión sombría de la humanidad”; para el español Yamal, en cambio, levantar los brazos al cielo en nombre de Alá fue un gesto propio de un “verdadero musulmán”. Y mientras tanto, la sumisión al islam nos ofrece un estadio incluso con espacios dedicados a la comida halal.
El cristianismo molesta incluso en el Mundial, mientras que al islam se le tienden puentes de oro. La oración que el futbolista Felix Nmecha realizó al término del partido que la selección alemana disputó contra Curazao (al que venció por 7 a 1) no ha pasado desapercibida en su país natal, Alemania. Fue precisamente el delantero alemán de origen nigeriano quien, con uno de sus goles, dio inicio a la goleada alemana. Pero no es por razones meramente deportivas por lo que nos ocupamos de ello. El motivo está relacionado con su fe cristiana. Una fe —es de confesión evangélica— que el joven delantero vive de forma pública.
Tras marcar el gol, se arrodilló sobre el césped, formó una corona con las manos sobre su cabeza y la depositó en el campo. A continuación, alzó las manos hacia el cielo y más tarde publicó una foto de ese momento en Instagram con las palabras “Thank you Jesus!”. Además, tras el partido, formó un círculo de oración junto a Jonathan Tah y un par de jugadores de Curazao.
El motivo de esta actitud se debe a su fe cristiana: “El fútbol es mi pasión, Jesús es mi fundamento”, ha dicho en el pasado, y “cada vez que salgo al campo, no se trata de mí, sino de glorificar a Dios”. Palabras y actitudes que están haciendo fruncir el ceño a más de uno en su país, que se enfrenta a una dramática secularización, tal y como solemos escribir en la Brújula Cotidiana (La Nuova Bussola Quotidiana en su edición original en italiano) sobre Alemania.
Las críticas que le han llovido proceden todas de la prensa, que no solo ha criticado a Nmecha, sino que además se ha burlado de él: “Un futbolista profesional obsesionado con Cristo: ¡tarjeta roja para Jesús!”; “El jugador de la selección alemana Felix Nmecha hace alarde de su fe como si fuera un ostensorio. Detrás de ella se esconde una visión sombría de la humanidad”; “La oración de Nmecha tras el partido del Mundial es una piedra de tropiezo”. Éste es el tono de unos artículos llenos de rencor, que hurgan en su pasado para encontrar una manzana podrida a la que hincar el diente.
Y obviamente la encuentran. El futbolista, en efecto, había criticado en el pasado la ideología homosexualista defendida por las brigadas LGBT, que también en Alemania son muy agresivas. Y así, lo acusan de ser homófobo y transfóbico: “El jugador había compartido o dado ‘me gusta’ anteriormente a varios contenidos transfóbicos y homófobos en su cuenta de Instagram. En una de las publicaciones, se comparaba al movimiento LGBTQ+ y el concepto de ‘Pride’ con el diablo. En otra, un extremista de derecha estadounidense se burlaba de una persona trans menor de edad”, se lee en la prensa alemana. Se ha desatado la tormenta. Ha bastado con eso para convertirlo en blanco de críticas y burlas que van mucho más allá del terreno de juego.
No es ninguna novedad que la cristianofobia en Europa se esté radicalizando precisamente tomando como pretexto la crítica a las ideologías antihumanas que se han impuesto en el Viejo Continente. Y así, incluso una muestra de alabanza a Dios por un simple partido se convierte en una ocasión para callarle la boca.
De hecho, el caso cobra mayor relevancia porque Nmecha ha afirmado pertenecer a una especie de congregación internacional de futbolistas, que no tienen en común ni el club al que pertenecen, ni la selección nacional, ni siquiera su posición en el campo, sino simplemente su fe en Jesucristo. “Ballers in God” (traducido: “Jugadores en Dios”) es una red —hablar de movimiento sería exagerado—, fundada en 2015 por el futbolista inglés John Bostock y cuyo objetivo es utilizar el fútbol para difundir el mensaje de Jesucristo, apoyando y guiando a los jugadores en su fe. Algo loable, sobre todo si pensamos que el mundo del fútbol —y del deporte en general a alto nivel— es lo más alejado que hay de ciertos valores evangélicos.
Pero no para cierta prensa y, evidentemente, cierta opinión pública alemana y europea, que reprocha a estos futbolistas que no se limiten a vivir su fe en la esfera privada, so pena, precisamente, de excomunión. Porque el problema radica precisamente en llevar la fe al ámbito público y medirla con las ideologías que están de moda.
Pero existe dos episodios que tienen como escenario el estadio de Atlanta, donde el domingo España venció por 4 a 0 a Arabia Saudí, donde se demuestra un doble rasero que no se esconde en absoluto.
Aquí, la religión en el punto de mira es el islam, pero fijémonos bien en el trato que ha recibido.
En primer lugar, el estadio se preparó para acoger a los aficionados saudíes con todos los honores: espacios específicos dedicados a la oración islámica y oferta de comida halal en los puntos de restauración del recinto. Más que de libertad religiosa, estamos ante un gesto de sumisión que, si las tornas se invirtieran, difícilmente veríamos en los estadios de Rabat. De hecho, es famoso el signo de la cruz que Cristiano Ronaldo hizo en directo por televisión tras marcar un gol cuando jugaba en el Al Nasr. Desató un gran revuelo, fue reprendido aunque se salió con la suya, probablemente gracias al sueldazo millonario que le sirvió de escudo. Pero el motivo era sencillo: en Arabia está prohibida cualquier forma de ostentación pública de la fe. Los futbolistas no pueden salir al campo haciéndose la señal de la cruz, que, a decir verdad, también entre nosotros ha adquirido un valor más bien supersticioso que de manifestación pública de fe. En cualquier caso, sería impensable en Arabia que hubiera una carnicería en un estadio para complacer a los aficionados occidentales amantes de la carne de cerdo y las costillas a la brasa.
Dejando a un lado la sumisión estadounidense también en ese mismo partido, resulta interesante observar el destino inverso que le ha tocado vivir a Lamine Yamal, estrella en ascenso de la selección española y, como es sabido, de origen marroquí por parte de padre. En su debut con la selección de las Furias Rojas en el Mundial, Yamal marcó un gol y, durante la celebración, se arrodilló al estilo islámico, levantando los brazos al cielo. Una clara señal de reverencia a Alá.
Al fin y al cabo, no es la primera vez que el joven crack del Barcelona hace alarde de su fe islámica en público. Y lo volvió a hacer el domingo, en el segundo partido de los campeones de Europa en el Mundial estadounidense.
¿Protestas? Ninguna. ¿Críticas en España por esta muestra de fe? Ni por asomo. Es más, algunos sitios web musulmanes han alabado el gesto del futbolista, que desde luego no es el primero en hacerlo (también lo han hecho Antonio Rüdiger y Mohamed Salah). Es obvio que el Mundial es un escaparate capaz de fijar ciertos gestos en la opinión pública y cristalizarlos. La opinión pública europea, en cambio, que se ha desatado contra Nmecha, guarda silencio. Al musulmán Yamal le han llovido los elogios; al pobre cristiano Nmecha, solo críticas. Y es también a partir de estos detalles, parafraseando a De Gregori, como se juzga a un jugador y —añadimos nosotros— como se mide el termómetro de la cristianofobia.
