• ENTREVISTA CON MULLER

Cisma y abusos: “Marx es el responsable del fracaso”

El día de la clamorosa dimisión del cardenal Marx como arzobispo, la Brújula Cotidiana recibe al cardenal Muller: “Este llamado ‘camino’ sinodal ha fracasado porque va contra la ley divina y Marx es el responsable. Ahora quiere hacer recaer en el Papa, que es su amigo, la responsabilidad de resolver los problemas creados”. Y añade: “Estos obispos no quieren un cisma: quieren dirigir una Iglesia nacionalista pensando que son el futuro de la Iglesia universal. El Papa tiene que hacer más por la unidad de la fe, porque el clima y los migrantes son temas importantes pero secundarios”. Y sobre la cuestión Covid: “Ha sido un grave error permitir que el Estado controlase la cuestión de los sacramentos y de la Eucaristía”.

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“La dimisión del cardenal Reinhard Marx muestra el fracaso de la vía sinodal abordada por medios políticos. Pero ahora el Papa tiene el deber de hacer más por la unidad de la Iglesia universal”. El día de la sonada dimisión del arzobispo de Múnich, anunciada a raíz del escándalo de abusos en Alemania, el cardenal Ludwigh Gherard Muller ha elegido el programa online de la Brújula CotidianaI Venerdì della Bussola” que se transmite por internet (vea la entrevista completa aquí) para comentar la situación de la Iglesia en Alemania, en medio de los vientos del cisma y de esta dimisión que abre una brecha en la Iglesia.

Entrevistado por el director Riccardo Cascioli, el prefecto emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe ha hablado del caso de Alemania, de su propia Alemania y de cómo la decisión de Marx debida al escándalo de los abusos no tiene nada que ver con el camino sinodal.

“Esta dimisión y el llamado camino sinodal son dos cosas diferentes. No se pueden confundir estos dos puntos, pero al mismo tiempo este ‘camino’ también ha fracasado porque, como hemos visto, va en una dirección que no tiene nada que ver con la Iglesia, con sus fundamentos, con la Biblia y la tradición apostólica”, ha explicado Muller, refiriéndose a la ruptura del 10 de mayo del año pasado, cuando se celebraron las bendiciones de parejas homosexuales en muchas diócesis alemanas que sancionaron la culminación de un cisma que comenzó con un camino sinodal muy ambiguo en sus tesis.

Según Muller “Marx es responsable de este fracaso sinodal, mientras que ahora echa la culpa a un fracaso genérico de la Iglesia (‘La Iglesia está en un punto muerto’, según sus palabras). Pero esto es inaceptable: quiere cargarle al Papa, que es su amigo, la tarea de resolver los problemas que él mismo ha evitado, y no me parece muy justo”. Sin embargo, “la Iglesia es una institución divina, no puede fallar, mientras que los hombres sí pueden fallar. También Judas falló, incluso los apóstoles en el Gólgota fallaron, por lo tanto no se puede hablar de un fracaso de la Iglesia que es por naturaleza infalible”.

Pero, ¿en qué se equivocaron entonces los obispos alemanes? “El gran error –continua Muller ante los micrófonos de la Brújula Cotidiana- ha sido el de confundir a la Iglesia con una institución política, cuando en realidad los obispos son los sucesores de los Apóstoles”, mientras que sobre los abusos sexuales el cardenal recuerda que “muchos sacerdotes no han sido fieles al sexto mandamiento, pero no es culpa de Dios. No hay que cambiar ni su ley ni su Palabra. En cambio, hay que decir con fuerza que los que actúan contra los diez mandamientos son culpables”.

Durante la entrevista, el ex prefecto de la CDF ha dicho que la crisis de la Iglesia en Alemania también está ligada a la proximidad de los protestantes luteranos que “no pueden ser un ejemplo para nosotros ya que tienen una situación peor que la nuestra, con el sacerdocio femenino y el clero casado, además de no respetar la indisolubilidad del matrimonio. Han sido reflexiones políticas que se hacían pasar por el futuro de la Iglesia”.

A la pregunta de Cascioli sobre si el comportamiento alemán equivale a un cisma, Muller se ha mostrado lapidario: “Estos obispos no quieren provocar un cisma, sino que quieren erigirse en guía de la Iglesia, se creen la vanguardia, el futuro, pero como bien dijo San Ireneo de Lyon en el siglo II contra los gnósticos, ‘la fe cristiana es la misma en todo el mundo’”. Por eso no puede existir una Iglesia alemana, una Iglesia que sea expresión de una nación: “Es una expresión errónea, hay iglesias locales que toman el nombre de diócesis, pero todos tenemos un solo Espíritu. No puede haber nacionalismo en la Iglesia. En Alemania todavía hay muchos católicos que quieren serlo, pero se ven afectados por muchos obispos y funcionarios que piensan bajo la influencia del protestantismo e imponen una visión ideológica de la Iglesia”.

También contribuye a esta visión ideológica la prensa, que influye en la Iglesia gracias a “multimillonarios anticatólicos que imponen una agenda “homosexualista” y feminista que socava la antropología natural explotando a las personas con problemas y heridas”. De ahí un fuerte llamamiento al Papa: “Roma tiene una gran responsabilidad en el mantenimiento de la unidad de la Iglesia universal, que está confiada al sucesor de Pedro, por lo que debe hacer más por la unidad de la fe. Éste es el tema que debería preferir el Papa; el clima y los migrantes son sin duda temas importantes, pero son secundarios comparados con la unidad en la fe que necesita la Iglesia hoy. Por ello, el Papa debe ser el primer testigo en la misión primordial de predicar el Evangelio, y debería hacerlo también amonestando a los políticos que apoyan el aborto”.

Este impulso también es necesario en las relaciones con el mundo. Sobre el tema de la Iglesia en la época de la pandemia, Muller afirma que “fue un error obedecer al Estado y que éste dictara la línea a seguir respecto a los Sacramentos y la Eucaristía. Es la Iglesia la que tiene la responsabilidad exclusiva de la liturgia, el Estado no tiene poder para prohibir la celebración de la Santa Misa. Por supuesto, se puede colaborar con los gobiernos en materia de seguridad, pero no se pueden aceptar limitaciones a la libertad religiosa como ocurrió durante la pandemia en un gran número de países, transformando a la Iglesia en una institución bajo la autoridad del Estado. Una autoridad que se ha convertido en autoritarismo”.

Müller también ha comentado los rumores de un próximo Motu Proprio que limitará la celebración del rito en forma extraordinaria que Benedicto XVI había liberalizado con el Motu Proprio Summorum Pontificum: “Benedicto XVI –ha explicado Müller-, muy sabiamente, había conciliado bien estas tendencias. Ahora bien, no se puede actuar con autoritarismo, prohibiendo; debe haber prudencia y respeto a los grupos y personas que quieren celebrar la Santa Misa con el rito adoptado hasta Juan XXIII, sin crear nuevas tensiones”.

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