• TRADICIÓN FRENTE A IDEOLOGÍA

Una guía para evitar los libros perjudiciales para los más pequeños

Pocos cuentan ya cuentos a los niños, olvidando la gran función de los relatos de la tradición. Aun así, los enemigos del Logos siguen escribiendo cuentos para los más pequeños. ¿Cómo podemos entender qué libro tenemos en nuestras manos? He aquí algunas preguntas: ¿Quién es el enemigo? ¿Cómo se vence al enemigo? ¿Hay crecimiento y cambio? ¿Cómo termina la historia? Las respuestas le ayudarán a orientarse.

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Algunos padres me han preguntado cómo reconocer, a partir de qué pistas, los libros que transmiten ideologías sospechosas. Personalmente, antes de ocuparme de los libros, me preocuparía de la televisión. A decir verdad, mi sugerencia sería tirar el televisor... pero no quiero parecer un talibán. Hablemos, pues, de los libros para niños y jóvenes.

Las ideologías revolucionarias pretenden destruir la filosofía aristotélico-tomista, es decir, la filosofía basada en el finalismo y la ley natural que conocemos en forma de ley moral y religiosa. Según esta filosofía, las entidades no son realmente como son, sino como deberían ser. Cada entidad tiene su propio proyecto (una “naturaleza”) que guía su desarrollo, su realización. Esto se aplica, obviamente, al ser humano: todo hombre tiene un proyecto, o una vocación, por decirlo en términos religiosos. Por lo tanto, hay un “deber-ser” que es superior a lo que es en realidad. La razón es la facultad humana más elevada; tiene la tarea de discernir el bien (lo que es conforme a la naturaleza), el mal (lo que es contrario a la naturaleza) y de guiar a la persona hacia su propia realización.

Las ideologías más recientes, por supuesto, niegan todo esto. No hay naturaleza humana, ni plan, ni deber ser. Somos lo que queremos ser. Como no hay fin, la moral, el bien y el mal también saltan. La razón, destronada, es sustituida por las pasiones, por los movimientos del cuerpo. Todo esto se refleja, por supuesto, en la literatura para niños y jóvenes.

La literatura y la narración han sido la herramienta fundamental para la construcción de la civilización europea, fundada en el Logos; basta pensar en los poemas homéricos, los relatos bíblicos, la literatura de caballería, la Divina Comedia.... Ahora Europa parece haber olvidado la importancia de este instrumento: pocos leen cuentos a los niños antes de que se duerman, el cuentacuentos parece ser una figura perdida en la noche de los tiempos, la televisión ha sustituido a la chimenea y al abuelo como orador. Pero los enemigos del Logos, no: siguen escribiendo cuentos y narraciones, especialmente para los más pequeños. Desde los cuentos del Marqués de Sade hasta la literatura infantil, la literatura revolucionaria ha cambiado el objetivo y el lenguaje.

He aquí, pues, algunas sugerencias para distinguir la literatura infantil “tradicional” de la literatura ideologizada.

1) ¿Quién es el enemigo? En la literatura tradicional, el enemigo es una persona. El mal no es abstracto, sino que actúa bajo la apariencia de un ser personal. Alguien ha elegido el mal, ha decidido estar de su lado y actuar en consecuencia. En la literatura ideológica, en cambio, el enemigo es impersonal: es la tradición, los prejuicios, las expectativas. No hay “buenos” ni “malos”.

2) ¿Cómo se vence al enemigo? En la literatura tradicional se vence al enemigo mediante una lucha real, incluso luchando físicamente; es decir, arriesgando la propia seguridad e incluso la vida. En la literatura revolucionaria se gana al enemigo convenciendo a los demás, demostrándoles que están equivocados, gracias a buenos argumentos.

3) ¿Hay crecimiento y cambio? En la literatura tradicional, al enfrentarse al enemigo, el protagonista cambia, crece, se convierte en lo que debe ser. La lucha es una circunstancia que permite la propia realización. En la literatura ideológica, el protagonista no cambia: está perfectamente como es, con sus rarezas y peculiaridades (que otros consideran defectos). Todos los demás cambian. Es la inversión de la historia de la paja y la viga (Lc 6, 41).

4) ¿Cómo termina la historia? En la literatura tradicional, el protagonista triunfa y se alegra. Ha pagado un precio por su victoria, pero enfrentarse al enemigo le ha ayudado a alcanzar su propia plenitud. El enemigo ha sido vencido: si no está muerto, está exiliado y lamenta su derrota. En la literatura ideológica, por lo general, todos son felices y están en armonía. Nadie ha perdido, nadie ha sido derrotado.

El modelo de literatura ideológica es, para simplificar, El patito feo de Andersen (1805-1875). Es la historia de un patito que se siente diferente: feo, comparado con los demás patitos. Así que escapa y, tras varias vicisitudes, es acogido por una bandada de cisnes. Descubre que su malestar se debe a que le obligan a desempeñar un papel que no le corresponde. Al haber cambiado el contexto social, ahora es libre de ser lo que quería: un hermoso cisne. Un ejemplo más reciente de narración ideológica es, de nuevo, Shark Tale (Dreamworks 2004).

Obviamente, estos son sólo algunos ejemplos; no es seguro que en cada relato ideológico existan todos y sólo éstos. Pero me parecen un buen punto de partida para evaluar si el libro que los tíos le han regalado a nuestro hijo es adecuado o, más bien, un artero vehículo de propaganda.

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