• EL CATECISMO DE LOS DOMINGOS/12

Tradición y Escritura

¿Son suficientes las Escrituras para acceder a la Revelación, tal y como pretende una cierta teología? Encontramos la Revelación en las Escrituras, pero la Tradición es necesaria siempre para comprender la Revelación. Debemos evitar oponer la Escritura a la Tradición, pero también tratar de aislar una a expensas de la otra.

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El tema de esta lección es, una vez más, profundizar en la Tradición y en su relación con la Sagrada Escritura, tratando de responder a la pregunta: ¿se encuentra todo en la Sagrada Escritura?

La última vez vimos un texto del Concilio de Trento que dice que la Revelación, la única Revelación sobrenatural que Dios da a los hombres y en la que se revela, se transmite de dos maneras: en las Sagradas Escrituras y en las Tradiciones no escritas.

¿Qué ha pasado?

A la luz de lo contenido en el párrafo 11 del capítulo 3 de la Constitución Dogmática Dei Verbum, una parte del mundo teológico comenzó a afirmar que las Sagradas Escrituras eran suficientes en sí mismas, que toda la Revelación estaba contenida en las Escrituras y que de alguna manera las Escrituras eran en sí mismas claras, completas y sin necesidad de interpretación.

Aquí está el texto en cuestión:

“Las verdades divinamente reveladas, que se contienen y expresan en los libros de la Sagrada Escritura, fueron escritas por inspiración del Espíritu Santo”.

 

Para entender el sentido correcto que hay que dar a este texto, hay que hacer dos consideraciones:

1- La primera consideración –que se aplica a cualquier interpretación del texto del Magisterio- es la siguiente: los textos más recientes no deben leerse en contraste con los textos que los preceden, sino que los aclaran y profundizan.

2- También hay un principio dentro del propio texto que se deriva del análisis de su génesis.

El esquema III de la Dei Verbum contenía esta expresión:

“Divinitus Revelata [...] in Sacra Scriptura continentur et prostant”.

“Las verdades divinamente reveladas están contenidas y expresadas en la Sagrada Escritura”.

Este tipo de formulación, que no es la del texto definitivo, fue descartada por los padres conciliares, que objetaron que podía dar lugar a una interpretación contraria a la contenida en el Concilio de Trento, a saber, que la Revelación estaba suficientemente contenida en la Sagrada Escritura, dejando de lado la fuente de la Revelación en la Tradición. Por ello, se propusieron cambios que dieron lugar al texto actual:

“Divinitus Revelata, quae in sacra scriptura litteris continuentur et prostant, etc.”

“Las verdades divinamente reveladas que se contienen y presentan en la Sagrada Escritura, etc.”.

Este tipo de corrección pretendía expresamente evitar todas las interpretaciones que implican que la Revelación está contenida en su totalidad en la Sagrada Escritura.

- ¿Cuál es entonces el problema de este texto del Concilio Vaticano II?

Es lo que en teología se llama la “suficiencia material” de las Escrituras. La cuestión que se plantea es la siguiente:

¿Contienen las Escrituras toda la Revelación y son por tanto suficientes para acceder a la Revelación divina?

La primera consideración es que si la única Revelación nos ha sido dada en dos formas –las Escrituras y la Sagrada Tradición-, como enseña explícitamente la Iglesia católica, si Dios ha previsto ambas formas, significa que ambas son fundamentales para entender la Revelación. Por lo tanto, aislar sólo uno de ellas es cometer un gran error.

En segundo lugar, las Escrituras contienen ciertamente elementos más explícitos y otras verdades decididamente más implícitas; esto significa que la Sagrada Escritura no siempre es clara en sí misma.

Por ejemplo, si escogemos la afirmación de la Santísima Trinidad es un dato muy explícito; pero en cambio, por ejemplo, cuando hablamos del dogma de la Asunción de Nuestra Señora en cuerpo y alma no podemos decir que sea un dato explícitamente contenido en la Escritura, pero tampoco podemos decir que no esté contenido en absoluto. Por eso, si observamos las encíclicas en este sentido, las referencias escriturales que contienen están siempre iluminadas y acompañadas de la interpretación que la Tradición de la Iglesia ha sabido dar.

La tradición declarativa, es decir, la tradición explicativa de las Escrituras, es un hecho. La encontramos abundantemente practicada por los Padres y también está presente en los pronunciamientos dogmáticos más recientes.

Hechas estas consideraciones, se puede hablar de una suficiencia material o relativa de las Escrituras, en el sentido de que en las Escrituras podemos encontrar la Revelación, pero la Tradición es siempre necesaria para la comprensión de la Revelación. Tal vez –pero esto también se discute- la única verdad que no se encuentra en las Sagradas Escrituras es la relativa al Canon de las Escrituras, es decir, la definición de cuáles son los textos bíblicos considerados plenamente inspirados.

El punto fundamental es que hay que evitar enfrentar la Escritura y la Tradición y también hay que evitar aislar una a expensas de la otra.

En conclusión, dos puntos importantes. Una cierta corriente preponderante del mundo protestante ha entrado del mundo católico en dos aspectos:

A. No pocas corrientes protestantes sostienen que la Sagrada Escritura no es la única referencia de la Revelación, porque siempre se hace referencia a la coherencia tanto de la Escritura como de la Tradición respecto al Evangelio vivo de Cristo. La idea es que la Escritura y la Tradición deben ser superadas para llegar a un núcleo más auténtico del Evangelio y, por tanto, de la Revelación. Pero, ¿en base a qué podemos justificar que algo pertenece a una Revelación original, si no es mirando los canales propios de transmisión de esta Revelación?

B. Un segundo peligro. La idea errónea de que la fe debe ser autentificada de alguna manera por la ciencia. En el caso de las Escrituras significa que la exégesis, es decir, el punto de vista científico, tiene la última palabra sobre la fe. Es una posición claramente inaceptable porque la fe tiene una norma interpretativa interna que no viene dada por la ciencia, e incluso cuando hablamos de las Escrituras, la norma interpretativa última está siempre en la Tradición. Evidentemente, el aspecto científico puede ayudar a aclarar el sentido literal, pero seguramente la última palabra no la tienen ni la exégesis ni la ciencia.

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