Santos protomártires de la Iglesia Romana

El día después de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo, la Iglesia celebra a los muchos mártires cristianos que fueron brutalmente asesinados durante la primera persecución en Roma

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El día después de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo, la Iglesia celebra a los muchos mártires cristianos que fueron brutalmente asesinados durante la primera persecución en Roma, que tuvo lugar bajo Nerón en el año 64. Hasta ese año, la comunidad cristiana romana había vivido en paz. Pero en los acontecimientos de julio, cuando estalló el terrible incendio que devastó la capital del imperio desde el Palatino hasta el Aventino, cambió radicalmente la situación. Como había sospechas entre la gente de que Nerón había querido el incendio, el emperador culpó injustamente a los cristianos. Luego, el mismo Nerón, al ordenar la reconstrucción de la ciudad, se hizo construir la inmensa Domus Aurea (cuando estuvo lista, según Suetonio, dijo que finalmente podría vivir «como un ser humano»).

Con respecto a las sospechas, Tácito (55-120) menciona en los Annales: «Así pues, para poner fin al rumor, Nerón se inventó unos culpables y ejecutó con refinadísimos tormentos a un grupo que, aborrecidos por sus infamias, el vulgo llamaba cristianos. Debían este nombre a Cristo [...]». A los fieles en Cristo se les atribuyeron «injusticias» porque se negaron a adorar a dioses paganos y, por lo tanto, fueron considerados «ateos» (en referencia a esto Tertuliano escribió: «Los paganos atribuyen a los cristianos toda calamidad pública, toda aflicción»). ¿Cuáles fueron los «tormentos refinadísimos» relatados por Tácito? El mismo historiador latino lo cuenta: «A la hora de su muerte se recurrió además a burlas, de tal manera que, cubiertos con pieles de alimañas, perecían desgarrados por los perros, o bien, clavados a una cruz y, tras prendérseles fuego, eran quemados para ser usados como antorchas de noche cuando se iba el día. Nerón había ofrecido su jardín para este espectáculo y celebraba unos juegos de circo mezclado con la plebe en traje de auriga o montado en un carro».

Incluso san Clemente († 100), tercer sucesor de san Pedro, menciona que muchas ejecuciones tuvieron lugar en los jardines del Vaticano, donde se encontraba el circo de Nerón. Sin embargo, las crueldades contra los cristianos despertaron sentimientos de compasión en gran parte de la gente. Como escribe Tácito: «De ahí que, aunque contra culpables y merecedores de la última pena, naciese la compasión, pues a todas luces no eran sacrificados en nombre de la utilidad pública sino por el sadismo de uno solo» (Nerón). Bajo esta viva impresión popular, el emperador atenuó sus crueldades, prefiriendo la mayoría de las veces condenar a los cristianos trabajando en las obras públicas necesarias para reconstruir Roma. Sin embargo, esta primera ola de persecuciones imperiales se detuvo solo con la muerte de Nerón en el 68, un año después del martirio de Pedro y Pablo.

Entre los que proporcionaron el entierro de los dos Apóstoles se encontraban las santas Basilisa y Anastasia († 68), quienes después sufrieron el martirio. Sus nombres son de los pocos nombres conocidos entre la gran variedad de mártires de la época, junto con los santos Edisto, Martiniano, Proceso y Thorpe, este último martirizado cerca de Pisa. Presumiblemente fue a ellos a quien se refería el Martirologio Jeronimiano, que el 29 de junio recordaba para Roma a un grupo de muchísimos mártires anónimos. Es posible que sus reliquias se reunieran en fosas comunes, mencionadas por Prudencio en uno de los himnos de su Peristephanon, donde a menudo se anotaba el número de los mártires sin escribir los nombres que «solo Jesucristo conoce».

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