Santa Margarita María Alacoque

Con la devoción al Sagrado Corazón se relacionan las doce promesas que Jesús comunicó a santa Margarita para beneficio de todos los fieles. La décimo segunda es llamada la «Gran Promesa», porque los que comulguen los primeros viernes durante nueve meses seguidos, tendrán la gracia de morir en gracia de Dios y «mi Corazón divino será su refugio en aquél último momento»

 

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Quién sabe cuántas almas deben su salvación a las gracias que Dios ha comunicado por medio de santa Margarita María Alacoque (1647-1690), que difundió el culto al Sagrado Corazón de Jesús y la práctica de los primeros viernes del mes. Su vocación a la santidad se manifestó ya a los cinco años, en un verdadero misterio de amor. «Sin saber lo que hacía, me sentía continuamente impulsada a decir estas palabras: Dios mío, os consagro mi pureza y hago voto de perpetua castidad». El Señor le había inspirado esas palabras, incomprensibles para ella en ese momento, como contó en la autobiografía que escribió por obediencia.

Quinta de siete hijos, desde niña fue huérfana del padre. A los 14 años se le apareció por primera vez la Virgen, que la había curado de una grave enfermedad cuando era niña. En su honor añadió María al nombre de Bautismo y, protegida por Ella, entró en la Orden de la Visitación [las Salesas]. «Habiendo llegado, finalmente, el día tan apetecido de dar el adiós al mundo, [jamás] sentí tal gozo y firmeza en mi corazón». El 27 de diciembre de 1673, mientras se encontraba en adoración ante el Santísimo Sacramento, Margarita tuvo la primera revelación de Jesús sobre los secretos del Sagrado Corazón. «Me dijo: Mi Divino Corazón está tan apasionado de Amor por los hombres, y por ti en particular, que no pudiendo ya contener en Sí Mismo las Llamas de Su Caridad ardiente, le es preciso comunicarlas por tu medio, y manifestarse a todos para enriquecerlos con los preciosos tesoros que te descubro, y los cuales contienen las Gracias Santificantes y saludables necesarias para separarles del abismo de perdición».

Jesús la hizo partícipe de los sufrimientos de su Pasión, compartiendo con ella la herida del costado y la «tristeza mortal» que vivió en Getsemaní, que Margarita experimentó durante muchos años todas las noches entre el jueves y el viernes. Por estas apariciones, que después la Iglesia reconoció, la religiosa soportó muchas incomprensiones en el monasterio, hasta que el mismo Jesús le indicó como director espiritual el santo jesuita Claudio de la Colombière, que enseguida comprendió que se encontraba ante un alma elegida. Nuestro Señor le mostró después el Sagrado Corazón coronado de espinas y le pidió que hiciera que se le dedicara una fiesta el primer viernes después de la octava del Corpus Christi, para adorarle y reparar las ingratitudes y «todas las ofensas recibidas». A pesar de la oposición de la herejía jansenista y el rechazo del católico Luis XIV de consagrar Francia al Sagrado Corazón como pedía Dios, en 1689 (exactamente cien años después comenzó la Revolución francesa), el culto se propagó.

Con la devoción al Sagrado Corazón se relacionan las doce promesas que Jesús comunicó a Margarita para beneficio de todos los fieles. La décimo segunda es llamada la «Gran Promesa», porque los que comulguen los primeros viernes durante nueve meses seguidos, tendrán la gracia de morir en gracia de Dios y «mi Corazón divino será su refugio en aquél último momento».

Para saber más:

Autobiografía, de santa Margarita María Alacoque

La práctica de los primeros viernes del mes

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