San Romano de Condat por Ermes Dovico

San Silvestre I

Vivió la transición entre la larga fase de persecución de la Iglesia hasta la codiciada libertad de culto en el Imperio Romano. Tuvo el gran mérito de promover la construcción de las antiguas basílicas cristianas

Santo del día 31_12_2020 Italiano English

San Silvestre I (†31 diciembre 335) vivió la transición entre la larga fase de persecución de la Iglesia hasta la codiciada libertad de culto en el Imperio Romano. Y su pontificado, que duró 21 años, coincidió con el extraordinario período de consolidación del cristianismo bajo Constantino (274-337) y el progresivo declive del paganismo. Ascendió al trono petrino en el año 314, un año después del edicto de Milán que confirmó y reforzó lo ya establecido por el edicto de Serdica en el año 311, permitiendo a los cristianos profesar libremente su fe.

Desde el comienzo de su pontificado, Silvestre pudo comprobar de primera mano el gran activismo de Constantino en el campo religioso, dictado tanto por la comprensión de que la unidad entre los cristianos favorecería la estabilidad del imperio como por su acercamiento personal al catolicismo (que se confirma no sólo en los actos públicos sino también en algunas cartas). Así, para poner fin a los disturbios causados en África por el cismático Donato y sus seguidores, Constantino convocó el Concilio de Arles en el año 314, que terminó con la condena del donatismo, una herejía que vinculaba la validez de los sacramentos a la dignidad de los ministros y que sobrevivió durante mucho tiempo. Los obispos presentes en el Concilio escribieron una carta oficial a Silvestre, llena de deferencia por el Santo Padre, a quien comunicaron las decisiones tomadas junto con el deseo de que él, “cuya autoridad está más reconocida”, las diera a conocer a toda la cristiandad.

Pero el evento más importante bajo el pontificado de Silvestre fue sin duda el primer concilio ecuménico de la historia, celebrado en Nicea en el año 325 y convocado también por Constantino (el Papa envió a sus representantes allí) para llegar a una respuesta dogmática única sobre algunas controversias doctrinales, en primer lugar la herejía arriana, negadora de la divinidad de Cristo. Los padres conciliares, entre los que destacaron obispos y futuros santos como Osio de Córdoba y Alejandro de Alejandría, condenaron el arrianismo y escribieron el Símbolo Niceno (primera formulación del Credo complementada luego por el Concilio de Constantinopla), definiendo la consubstancialidad entre el Padre y el Hijo, que es “Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma sustancia que el Padre”.

Ario y Eusebio de Nicomedia, los principales exponentes de la más famosa herejía cristológica, no abandonaron sus errores y en los años siguientes consiguieron que el mismo Constantino se acercase al arrianismo. El emperador convocó el Concilio de Tiro en el año 335, donde los arrianos eran mayoría y condenaron a san Atanasio, gran defensor de la ortodoxia. El santo fue posteriormente exiliado por el emperador en medio de las protestas del Papa que murió a finales del mismo año.

Previamente a todos estos acontecimientos que coincidieron con el traslado permanente de Constantino a Oriente (donde fundó la Nueva Roma, es decir, Constantinopla), Silvestre tuvo el gran mérito de promover la construcción de las antiguas basílicas cristianas, sugiriéndoselas al emperador, que luego continuó la obra también en la nueva capital del imperio y en Jerusalén. Si la fundación de la Basílica de Letrán se puede atribuir a su predecesor, san Melquíades, fue Silvestre quien la dedicó al Santísimo Salvador y muy probablemente la obra se terminó bajo su pontificado, durante el cual se construyeron también la Basílica de San Pedro y la Basílica de San Pablo Extramuros sobre las respectivas tumbas de los dos santos apóstoles y mártires. Sobre las tumbas de otros mártires hizo fundar iglesias cementerio y una de ellas fue erigida en las Catacumbas de Priscila, donde luego fue enterrado. A Silvestre le debemos también la fundación de la primera schola cantorum y es posible también que el primer martirologio romano haya sido escrito durante su ministerio petrino.

Patrón de: albañiles, canteros