San Mauro

Junto a san Plácido, fue el discípulo más célebre de san Benito de Nursia. En su honor surgió la Congregación de San Mauro: sus miembros, llamados «mauristas», se distinguieron por su erudición y dieron una gran contribución a la cultura histórica y filológica, así como al estudio de la patrística. La congregación fue suprimida por los partidarios de la Revolución francesa

 

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Junto a san Plácido, fue el discípulo más célebre de san Benito de Nursia (480-547). Las principales noticias que tenemos sobre san Mauro las encontramos en la vida del gran monje y patrono de Europa, tal como están contadas en el segundo libro de Los Diálogos del papa Gregorio Magno (540-604), que al principio del texto menciona como sus fuentes a cuatro discípulos de Benito. Por Los Diálogos sabemos que su padre era un noble romano de nombre Eutiquio, que había confiado a Benito a su hijo adolescente «dotado de santas costumbres».

Mauro es citado en diversos pasajes del relato de san Gregorio, el más conocido de los cuales tiene que ver con la obediencia ante una orden de Benito, que desde su celda le había gritado que acudiera a socorrer a Plácido, que se había caído en el lago: el joven acudió inmediatamente a ayudar a su hermano y, sin darse cuenta, entró en el lago caminando sobre las aguas y, cogiendo a Plácido, le llevó hasta la orilla. En cuanto se dio cuenta de lo que había hecho, le contó todo a Benito, que atribuyó el prodigio a la rápida obediencia del discípulo, el cual, por su parte, consideró que el milagro había sucedido sólo gracias a la orden del santo maestro. Quien resolvió la disputa de humildad fue Plácido: «Mientras era salvado -dijo-, vi sobre mi cabeza el manto del abad y sentía que era él quien me sacaba».

En el siglo IX, el abad Odón de Glanfevil publicó una Vida de san Mauro, y afirmó haberse basado en el resumen escrito por un discípulo de Benito de nombre Fausto, según el cual había sido Mauro quien fundó el monasterio benedictino de Glanfevil, el primero de la Galia, tras haber sido enviado al otro lado de los Alpes por el maestro, junto a Fausto y otros diez monjes. El pueblo donde estaba la abadía, cerrada en 1908, se llamó más tarde San Mauro sobre el Loira.

Entre las muchas dedicaciones al santo que han permanecido en la historia hay que recordar que, en 1618, surgió la Congregación de San Mauro, un instituto religioso benedictino que se difundió con gran rapidez en Francia: sus miembros, llamados «mauristas», se distinguieron por su erudición y dieron una gran contribución a la cultura histórica y filológica, así como al estudio de la patrística. En los monasterios mauristas realizaron su obra monjes como Jean Mabillon, fundador de la paleografía, y Bernard de Montfaucon, considerado el padre de la arqueología moderna. La congregación fue suprimida por los partidarios de la Revolución francesa y su último general fue asesinado por los revolucionarios, junto con otros 40 hermanos, el 2 de septiembre de 1792 en una de las masacres de cristianos de esos días: masacres que eran consecuencia de la decisión de muchos religiosos de no prestar juramento a la Constitución civil del clero, con la que los revolucionarios querían someter la Iglesia al Estado, prosiguiendo en su intento de destrucción del cristianismo.

Patrón de: caldereros, carboneros, jardineros, cojos; se le invoca contra la gota, los reumatismos y cualquier situación de peligro y dificultad

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