San Juan Bautista de Rossi

Se hizo popular por el muchísimo tiempo que dedicó al sacramento de la confesión

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Aunque el miedo a las crisis epilépticas lo hubiera mantenido alejado del confesionario durante mucho tiempo, san Juan Bautista de Rossi (1698-1764) se hizo popular por el muchísimo tiempo que dedicó al sacramento de la confesión. Nacido en la provincia de Alessandria, último de cuatro hijos, se quedó huérfano de padre cuando tenía solo 12 años. Poco tiempo después, también perdió a un hermano. A los 13 años se mudó a Roma, donde estudió con los jesuitas, dedicándose luego a la profundización de la filosofía y la teología.

Durante este período comenzaron a manifestarse fuertes ataques epilépticos, lo que puso en peligro su sueño de convertirse en sacerdote. En 1721 obtuvo una dispensa canónica y pudo vestir la sotana con solo 23 años de edad, gracias a la rapidez con la que terminó sus estudios, fruto de una inteligencia fuera de lo común. Dio vida a la Pía Unión de Sacerdotes Seculares (que en el siglo siguiente sería dirigida por el futuro Pío IX, el papa que lo beatificó), entregándose a ella de varias maneras: ayudó a las mujeres sin hogar a encontrar un albergue, consolaba a los enfermos en su hogares, enseñaba a los jóvenes las verdades de la fe y de la moral. Entre los romanos se le conoció como un segundo san Felipe Neri (1515-1595). Su primo Lorenzo, canónigo de la antigua Basílica de Santa María en Cosmedin, lo quiso como su asistente, con la intención de convertirlo en su sucesor: Juan Bautista aceptó entre lágrimas.

Su primo sufrió un ictus grave que le convirtió en una persona intratable. Llegó a atribuir la causa de sus sufrimientos a Juan Bautista y, en el apogeo de su ira, le arrojaba las botellitas de medicamentos de una manera tan violenta que no pocas veces el santo salió de la habitación con la cabeza sangrando. Pero el buen sacerdote siempre se quedó a su lado,  hasta que su primo murió.

En 1737 se convirtió en canónigo de Santa María en Cosmedin, donando a los pobres lo que se obtuvo de la venta de la casa de su primo. Un par de años más tarde, animado por un amigo y aconsejado por un obispo (el cual le dijo que el confesionario era una unidad con su vocación), pidió y obtuvo la facultad de confesar.

Los fieles hacían fila para confesarse con él. Sin embargo, no le faltaron otros sufrimientos debido a los ataques rencorosos de un canónigo que lo acusó de mentir para obtener la dispensa papal. Juan Bautista llegó a enfermar por el dolor causado por la injusta acusación. Pero, incluso en este caso, no perdió su caridad, visitando a ese sacerdote varias veces cuando este cayó enfermo. En 1748 la salud del santo empeoró, pero continuó llevando a cabo su ministerio, celebrando Misa, escuchando confesiones y yendo a buscar a sus fieles, incluso en las tabernas. El último año y medio lo pasó casi siempre en cama, regresando a la casa del Padre el 23 de mayo de 1764. Fue canonizado por León XIII el 8 de diciembre de 1881, el día de la Inmaculada Concepción. La escritora inglesa Elizabeth Herbert ha escrito una biografía suya.

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