San Francisco de Sales

Escritor de gran inspiración, predicador, guía espiritual de varios papas y capaz de convertir a muchas almas que habían abrazado el calvinismo, san Francisco de Sales (1567-1622), patrón de los periodistas, unía a la mansedumbre el ardor por la verdad

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“El amable Cristo de Ginebra”: así lo llamaban los fieles por la caridad que encarnaba en cada uno de sus gestos. Escritor de gran inspiración, predicador, guía espiritual de varios papas y capaz de convertir a muchas almas que habían abrazado el calvinismo, san Francisco de Sales (1567-1622) unía a la mansedumbre el ardor por la verdad, tal como recordó Pío XI en la encíclica Rerum Omnium Perturbationem de 1923, a beneficio de “todos esos católicos que, con la publicación de periódicos o de otros escritos, difunden y defienden la doctrina cristiana”. Desde entonces, el santo francés es honrado con el título de patrón de los periodistas y los escritores: “Ellos necesitan, en las discusiones, imitar y mantener ese vigor, unido a la moderación y caridad, que eran propios de Francisco. […] deben evitar no decir la verdad, o, con el pretexto de evitar ofender a sus adversarios, disminuirla o disfrazarla”.

Nacido en una familia noble de la Alta Saboya y formado en la adolescencia en París, Francisco se licenció con gran brillantez en derecho en Padua. Mientras tanto, había madurado en él la vocación sacerdotal, favorecida por un hecho que tuvo lugar cuando tenía 19 años, consecuencia de una fase de fuerte angustia existencial que le había hecho perder el sueño y el apetito: salió de ella postrándose en una iglesia ante una imagen de María, pronunciando un acto de total abandono a la voluntad de Dios, seguido de la oración Memorare. Él mismo escribirá una oración similar de intercesión de la Virgen, conocida como Oración de la humildad.

La defensa de la ortodoxia católica estuvo siempre presente en su vida como consagrado, dedicándose a hacer que volvieran a la comunión con la Iglesia el mayor número posible de hermanos, en una época en la que el cristianismo en Europa vivía las divisiones generadas por la Reforma protestante. Esta convicción fue la que le impulsó, en 1594, a ofrecerse para predicar en Thonon, capital de la región de Chablais y baluarte calvinista. Sus catequesis en la región franco-suiza no obtuvieron inmediatamente los efectos esperados, debido también a la prohibición, por parte del consistorio calvinista, de ir a escuchar a Francisco, que predicaba en la única iglesia católica que quedaba en la ciudad. Fue entonces cuando el santo, que había estudiado a los autores calvinistas y luteranos, se las ingenió para escribir y publicar folletos con el fin de demostrar los errores doctrinales a la luz de la Sagrada Escritura y las obras de los teólogos católicos. De vez en vez imprimía muchísimos de estos folletos, que distribuía a mano, pegaba a las paredes o metía bajo las puertas de las casas de los protestantes. Muchos de ellos volvieron a la Iglesia.

La idea se la había dado un amigo y había sido confirmada, en su bondad, por una voz interior que había oído durante la Misa. Se trataba de textos tan inspirados y eficaces que fueron, seguidamente, recogidos bajo el título Las Controversias, de los cuales Pío IX, que lo proclamó Doctor de la Iglesia en 1877 dirá: “En esta obra resplandece una maravillosa ciencia teológica; se observa en ella un excelente método, una lógica irresistible en lo que atañe tanto a la confutación de la herejía como a la demostración de la verdad católica”. Un celo misionero, acompañado por ayunos y oraciones y basado en el amor por la Iglesia y las almas, que choca con ciertas celebraciones actuales de Lutero.

Todo su deseo de bien por el prójimo y su abandono al amor divino emerge en sus dos obras más célebres y llenas de misticismo, a saber: la Introducción a la vida devota (Filotea) y el Tratado del amor de Dios, cuyas enseñanzas ayudaron a la madurez espiritual de gigantes de la caridad como san Vicente de Paúl, gran amigo suyo y, dos siglos más tarde, san Juan Bosco. Escribió ambas obras cuando ya era obispo de Ginebra y mientras intentaba introducir las reformas del Concilio de Trento. En esta misma época es cuando conoció a la viuda Juana Francisca de Chantal, la santa que en 1610 le ayudará a fundar la Orden de la Visitación, desde la cual, en la segunda mitad del siglo y gracias sobre todo a las apariciones a santa Margarita María Alacoque, se difundirá la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

Patrón de: la prensa católica, los periodistas, los escritores, los sordomudos: el Piamonte, los salesianos.

Para saber más: Filotea, Las Controversias, Tratado del amor de Dios, de san Francisco de Sales

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