San Francisco de Paula

La vida del místico calabrés, fundador de la Orden de los Mínimos y definido «el otro Francisco» por su caridad, estuvo marcada por el don de la fe desde su concepción

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La vida del místico calabrés, fundador de la Orden de los Mínimos y definido «el otro Francisco» por su caridad, estuvo marcada por el don de la fe desde su concepción. Sus padres lo llamaron Francisco en  honor de san Francisco de Asís, al que ellos invocaron para recibir la gracia de un hijo, que llegó tras casi quince años de matrimonio. Dieron gracias al Cielo, si bien probablemente nunca se imaginaron que ese niño sería conocido un día como san Francisco de Paula (1416-1507). Al cabo de unos años tuvieron una niña, a la que dieron el nombre de Brígida. Pero antes tuvieron que pedir de nuevo la intercesión del santo de Asís para su hijo: este, un mes después de su nacimiento, contrajo una infección que ponía en riesgo su ojo izquierdo. Los padres rezaron pidiendo su curación, e hicieron el voto de mandarlo un año entero a un convento franciscano. La enfermedad desapareció.

Francisco manifestó muy pronto su inclinación a la vida religiosa, creciendo en espíritu de humildad y oración. A los trece años tuvo la visión de un fraile franciscano que le pedía que cumpliera el voto que habían hecho sus padres: así, entró en un convento franciscano, donde permaneció un año viviendo en obediencia perfecta a la regla franciscana. Los frailes querían que se quedara, pero Francisco deseaba profundizar su vocación antes de elegir cómo consagrarse a Dios. Con dicho fin partió en peregrinación a Roma, Montecasino, Loreto y Asís. Cuando volvió a su ciudad, fue a vivir como eremita a un lugar impracticable, entre ayunos y penitencias, lo que suscitó el asombro de los habitantes de Paula. Algunos de ellos se unieron a él en 1435: fue el comienzo de esa comunidad que se convertiría en la Orden de los Mínimos, cuyo símbolo es un escudo luminoso con, en el centro, la palabra Charitas.

Francisco se convirtió en un punto de referencia para los pobres y todos los fieles de su tierra. Bajo su guía surgieron otros eremitorios en Calabria y Sicilia. Pertenece a este periodo uno de los milagros más célebres que se le atribuyen. En una ocasión tenía que atravesar el Estrecho de Mesina con dos hermanos y, al no tener el dinero necesario, le pidió al barquero Pietro Colosa que les cruzara «por amor a Dios». El hombre le respondió que él trabajaba «por amor al dinero». Entonces el santo, sin alterarse, ató su manto al bastón, lo extendió sobre el mar y atravesó el Estrecho. Esta tradición la confirmó, entre otros, una de las revelaciones de Jesús a la humilde beata Edvige Carboni (1880-1952) la cual, en su diario, refirió este consejo que le dio el Señor: «En este mes de abril sé devota a un santo que yo amo tanto: san Francisco de Paula. Este santo me amaba mucho. En sus viajes por mar no iba en barco, sino que su barco era su bastón».

Francisco puso en guardia a los gobernantes prediciendo la caída de Otranto en manos de los turcos, lo que causó el martirio de 813 cristianos. Le profetizó a Fernando II de Aragón su victoria sobre los musulmanes en España, como después sucedió, dado que fue el propio rey el que llevó a cabo la Reconquista.

Su fama de taumaturgo se difundió también en Francia e indujo al rey Luis XI, gravemente enfermo, a pedirle que fuera a visitarle. El santo era reacio a abandonar su tierra, pero por obediencia al papa Sixto IV, al que el rey había apelado, emprendió el viaje. Llegó a Francia en 1483. Exhortó al rey a aceptar su enfermedad y a pensar en la salvación de su alma. Tuvo éxito. Con su permanencia en este País, retenido por los sucesores de Luis XI, mejoró las relaciones entre el papado y Francia. También aquí muchos siguieron su ejemplo y la Orden de los Mínimos fue adoptando, progresivamente, una forma de vida cenobítica. Fue el propio Francisco quien escribió su regla, en la que preveía la profesión de un cuarto voto: la observancia de una vida cuaresmal perfecta y perpetua. Murió en Plessis-lez-Tours el Viernes Santo de 1507, mientras sus hermanos le leían el relato de la Pasión según san Juan. Fue canonizado apenas doce años más tarde por León X, al que le había predicho, cuando este era aún un niño, su elección como pontífice.

Patrono de: Calabria, navegantes, gente de mar y pescadores; invocado contra los incendios, la esterilidad y las epidemias

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