Responder a la llamada de Dios: la verdadera historia del Opus Dei
Entrevistamos para la Brújula Cotidiana al coautor del primer texto historiográfico dedicado a la Obra fundada por san Josemaría Escrivá, fruto de la investigación en los archivos y del amor por el carisma. Casi un siglo de vida y un grupo de hombres y mujeres comprometidos con vivir (y estudiar) la fe.
“Un mensaje divino y carismático permanece íntegro si las personas de la institución que lo preserva lo hacen suyo y lo difunden con cuidado”, explica a la Brújula Cotidiana (La Nuova Bussola Quotidiana en su edición original en italiano) José Luis González Gullón, sacerdote del Opus Dei y profesor de Historia en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz. Pero como esto no es posible sin el conocimiento de la propia historia, resulta fundamental que Gullón, junto con John F. Coverdale, también sacerdote del Opus Dei y antiguo profesor de Historia en la Universidad de Princeton, haya decidido publicar un volumen historiográfico sobre la realidad carismática fundada por san Josemaría Escrivá (Opus Dei. Una historia, Ares, Milán 2025), sobre todo ahora que “las personas que formaban parte de su círculo más cercano” ya no están: “Tenía sentido contar aquellos años, tan importantes para cualquier institución: hasta ahora no se había publicado ninguna historia y, como historiador y sacerdote del Opus Dei, me planteaba preguntas sobre el pasado de la Obra. Tras una larga investigación en los archivos, creo haber encontrado algunas respuestas que comparto con todos en el libro”.
Para santa Teresa de Lisieux, la santidad pasaba por ofrecer a Dios cada pequeño gesto, mientras que Escrivá subrayaba que esto era posible para cualquier persona, incluso para los laicos. Sin embargo, cabe preguntarse cómo se puede llevar a cabo un programa de vida y oración como el que proponía el fundador de la Obra teniendo en cuenta el frenesí en el que vivimos hoy.
San Josemaría decía que, según el carisma que había recibido, el ritmo intenso con el que vivimos no es un obstáculo sino un camino para quien se siente y vive como hijo de Dios. Sin duda, sorprende la propuesta de Escrivá, que invita a ser contemplativos de Jesús en todas las actividades que se realizan. Afirmaba que no solo es posible, sino que también es vocacional: Dios te llama a estar unido a Jesús donde vives, donde trabajas, donde estás. Éste es el mensaje evangélico que recuerda el Opus Dei. En cuanto a las formas de llevarlo a cabo, Escrivá explicaba que los cristianos tenemos, por un lado, relación con Dios a través de la oración y la recepción frecuente de los sacramentos de la Eucaristía y la Penitencia, junto con la dirección espiritual y la formación en las verdades de la vida cristiana. Por otro lado, la realización más perfecta posible de nuestras actividades profesionales, familiares y sociales es la materia con la que nos santificamos, crecemos como personas y nos donamos a los demás.
Su fundador fue acusado por algunos de ser un progresista, mientras que en la época posconciliar fue visto por muchos otros como un rígido tradicionalista por gran parte de la Iglesia. En realidad, ¿qué le hacía ser equilibrado?
No tengo ninguna duda: la unión con Jesús. Así invitaba a todos, laicos y sacerdotes, mujeres y hombres, casados y solteros, a emprender el mismo camino que él recorría: buscar a Jesús, encontrar a Jesús, amar a Jesús. Decía que la vida tiene pleno sentido cuando se vive con Dios. Y no tenía ningún problema en proponer una relación personal e íntima, hasta tal punto que utilizaba el verbo “enamorarse” de Jesús. Me parece que esa era su fuerza. Predicaba lo que vivía y vivía lo que amaba.
Ante el descarrilamiento doctrinal de los miembros de diferentes movimientos, los del Opus Dei parecen resistir mejor la confusión de los tiempos. ¿A qué cree que se debe?
A san Josemaría le apasionaba explicar la verdad. A veces decía que el mayor enemigo de Dios es la ignorancia y que el Opus Dei es una gran catequesis. Por eso, la Obra siempre ha dado mucha importancia a la formación doctrinal para todo tipo de personas, desde los intelectuales hasta los que tienen una educación elemental. Hay otra expresión que al fundador le gustaba usar: hay que tener “doctrina de teólogos y piedad de niños”. Ambos elementos son importantes en la vida cristiana.
De hecho, en el estudio que publico investigo sobre miles de hombres y mujeres, algunos vivos y otros fallecidos, que se tomaron en serio la santidad como programa de vida y, al mismo tiempo, se comprometieron a estudiar la fe que vivían: estas personas no eran perfectas, pero eran honestas. Cada uno respondió a su manera a la llamada que Dios le hizo en cada circunstancia. Ésta es la verdadera historia del Opus Dei.
El Opus es obra de Dios, afirmaba Escrivá. ¿Qué diferencia hay entre este y los movimientos surgidos en el posconcilio?
Me parece que la diferencia radica en el mensaje original de cada realidad, es decir, en lo que Dios pide a los hombres a través de un carisma específico. Es lógico que haya algunos elementos comunes entre los carismas, porque todos tienen la misma raíz evangélica y el mismo fin de unión con la divinidad; al fin y al cabo, un carisma es un camino concreto dentro de la Iglesia que conduce a la unión con Jesús y a la misión apostólica. Al mismo tiempo, cada institución tiene sus propias características que la distinguen de otras familias cristianas; estos elementos originales aportan luz y riqueza a las formas en que Dios realiza la salvación de los hombres. En el caso del Opus Dei, comprender la secularidad como vocación es algo característico: los laicos y los sacerdotes diocesanos están llamados a unirse a Dios a través de las actividades que realizan cada día.
Habéis sufrido, rezado y ofrecido durante años para ocupar vuestro lugar particular al servicio de la Iglesia. ¿Qué ha ocurrido?
Un carisma suscitado por Dios debe encontrar una ubicación jurídica en la Iglesia. Primero viene la vida, el florecimiento de los tiempos iniciales, y luego se hace necesaria una estructura canónica adecuada al mensaje. Esta relación entre la autoridad de la Iglesia y un carisma debe realizarse a través de un diálogo sereno, que se nutre de tiempo, escucha y respeto mutuo. Se trata de un flujo beneficioso a través del cual la Iglesia acoge los nuevos carismas cuando constata su fidelidad a la fe y los frutos de santidad que producen, y los carismas se comprenden como realidades que pertenecen al único Cuerpo místico de Cristo. En el caso del Opus Dei, desde 1982 la figura jurídica que lo sitúa dentro del derecho de la Iglesia es la llamada prelatura personal, en la que laicos y sacerdotes, con unidad vocacional, están bajo la jurisdicción de un prelado en lo que se refiere al fin propio del Opus Dei.
Al frente del Opus, después de Escrivá, han estado durante décadas dos de sus estrechos colaboradores que le habían seguido desde el principio, lo que ha garantizado que la Obra no haya sido objeto de interpretaciones erróneas. Después de casi cien años, ¿puede decirse que se ha mantenido perfectamente íntegra la Obra?
Un mensaje divino y carismático permanece íntegro si las personas de la institución que lo preserva lo hacen suyo y lo difunden con cuidado. Al Opus Dei le está sucediendo lo mismo que a otras realidades eclesiales cuando alcanzan su primer centenario. Hasta ahora, la Obra se caracterizaba por la vida del fundador y de las personas que formaban parte de su círculo más cercano. Ahora, los miembros del Opus Dei deben unir la fidelidad al espíritu original con una respuesta a los cambios en la sociedad, en la Iglesia y en la propia institución, lo que implica una cierta evolución en las formas de hacer y de decir. Conseguirán llevar adelante este reto mediante el esfuerzo por la santidad personal y el amor a la unidad.
El apostolado de la amistad es la modalidad elegida por Escrivá para evangelizar, ¿cómo lo viven hoy?
San Josemaría Escrivá explicaba que, normalmente, el mensaje de la santidad en el mundo se transmite de persona a persona: un amigo que habla con otro, una madre con un hijo, un obrero con un compañero de trabajo. Esta forma de difundir el Evangelio tiene un gran impacto porque en una conversación cara a cara se abre el corazón a la otra persona, se comparte el propio encuentro con Jesucristo con el oyente y se mantiene un diálogo abierto, sincero y profundo. Al mismo tiempo, Escrivá decía que las personas del Opus Dei, con la intervención de amigos y cooperadores, tendrían algunas actividades colectivas de carácter educativo y asistencial que serían como un escaparate público del espíritu de la Obra. En el caso de la ciudad de Roma, pienso, por ejemplo, en el Centro Elis o en la Universidad Campus Bio-Medico. Desde el punto de vista institucional, el Opus Dei da a conocer sus iniciativas a través de su página web —disponible en más de 40 idiomas y visitada por unos dos millones de personas al año—, así como a través de su presencia en las redes sociales y otros canales de comunicación. En la página web hay un mapa interactivo con los centros de la Obra en todo el mundo. También hay testimonios de miembros, noticias sobre actividades, una sección dedicada a los datos económicos y las páginas con los estatutos. Estos elementos institucionales —y lo mismo ocurre a nivel individual— dan frutos evangelizadores cuando están compuestos por personas que tratan de ser contemplativas en el mundo, están unidas al Papa y a la Iglesia y tienen un claro sentido de la misión.
