• DE ITALIA A IRLANDA

Otra Semana Santa de restricciones para las Misas en Europa

Será otra Semana Santa con limitaciones al culto. En Vaticano, la Vigilia Pascual a las 19.30 horas; en Alemania, las protestas de los obispos hacen retroceder a Merkel; en Irlanda, se amenaza con la detención de sacerdotes 'desobedientes'; en Bélgica, se mantiene el límite de 15 personas para celebraciones distintas a los funerales. Y la Comece denuncia el uso del Covid como excusa para limitar la libertad religiosa.

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Un año después del inicio de la pandemia Covid-19, con una excusa u otra, los fieles europeos católicos y cristianos todavía tenemos que sufrir restricciones y limitaciones durante la Semana Santa. Los obispos de la COMECE (Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea, ver aquí y aquí) le hablaron claro a la vicepresidenta de la Comisión Europea Margaritis Schinas: “La libertad de religión y culto está limitada y amenazada en los países europeos con la excusa del Covid-19”. El caso de Irlanda es emblemático, donde nos enfrentamos a multas y amenazas de arresto contra sacerdotes 'desobedientes' a las disposiciones civiles; en Alemania, en cambio, la reversión de Merkel se registró tras las protestas de los obispos y aliados socialcristianos.

La precedente decisión del gobierno alemán (22 de marzo) de imponer un cierre estricto del 1 al 5 de abril incluía, entre otras cosas, la solicitud a las iglesias de que celebraran todas las ceremonias de Semana Santa en internet. La prohibición de las celebraciones había provocado protestas de los obispos católicos, tanto que monseñor Georg Bätzing, presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, dijo que estaba sorprendido por la decisión: “La Pascua es la fiesta más importante para nosotros ... En Navidad demostramos cómo podemos celebrar la Misa de forma segura. Haremos lo mismo en Semana Santa. Llevaremos la cuestión a las conversaciones con los gobiernos de los Landers”. Al día siguiente, 23 de marzo, las quejas se agravaron. El obispo de Augusta (Baviera), monseñor Bertram Meier, expresó fuertes críticas: “… como antes de Navidad, ahora para Pascua. Los mensajes son similares. Justo antes de las celebraciones, se invita a las iglesias a prescindir de los servicios presenciales... pero la Iglesia no es una organización virtual, sino una comunidad viva”. No estaba claro por qué las iglesias en particular (y no las tiendas de alimentación, que abren el Sábado Santo, ni los veraneantes que parten hacia las Islas Baleares) debían permanecer cerradas en Pascua. Las críticas a Angela Merkel también habían llovido copiosamente por parte del ministro del Interior, Horst Seehofer (CSU), quien en una entrevista rechazó amargamente la decisión: “Me asombró el hecho de que los partidos con la C (Cristiana) en su nombre, entre todas las cosas, sugieren que las iglesias deben abstenerse de celebrar servicios religiosos en Pascua”.

El 24 de marzo, abrumada por la masa de críticas, Merkel dio marcha atrás, primero en una videoconferencia con los presidentes de los Landers, luego en una rueda de prensa y finalmente, hablando en el question time de Bundestag, asumió la responsabilidad del error cometido y retiró las medidas anunciadas 48 horas antes. Angela Merkel dijo: “El lockdown de Pascua se decidió con las mejores intenciones, pero... fue un error. Un error debe definirse como un error y, sobre todo, debe corregirse, preferiblemente con la debida antelación”. Bien por la canciller que se corrigió a tiempo, pero el enfrentamiento se produjo y tendrá consecuencias.

En Italia, Mario Draghi ha decretado un cierre por Semana Santa y en particular los días 3, 4 y 5 de abril todo el país será declarado “zona roja” para imponer restricciones más estrictas los días feriados. El Vaticano ha abolido una vez más el Via Crucis del Coliseo y ha adelantado la Vigilia Pascual a las 19.30 (llamarla vigilia sería extravagante), pero en comparación con el año pasado, en el “Belpaese”, las celebraciones son parcialmente libres.

En Bélgica, el nuevo decreto que entró en vigor el 8 de marzo permite la participación de hasta 50 personas para los funerales y hasta 15 personas para otras celebraciones (excluidos menores de 12 años, el ministro de culto y el organista). Sin embargo, ya existen los habituales grupos de “expertos” que en estos días están pidiendo medidas aún más restrictivas y prohibiciones totales de las celebraciones religiosas.

Como se mencionó, el frente de guerra en Semana Santa en Irlanda sigue muy candente, donde desde principios de diciembre hay una prohibición de casi todas las celebraciones con fieles hasta el próximo 5 de abril (funerales con 10 personas máximo), mientras que las iglesias permanecen abiertas a la oración personal. “No Navidad, No Pascua”, en definitiva, en el que fue uno de los países más católicos de Europa. Tras las prolongadas medidas gubernamentales de estricto encierro, el pasado 9 de marzo los obispos ya habían pedido flexibilizar las restricciones y permitir, con total seguridad, la participación de los fieles en las celebraciones de la Pascua.

El gobierno irlandés se ha mostrado sordo, pero dos hechos acaecidos en los últimos días podrían cambiar la situación. El primero: el 19 de marzo, durante la solemnidad de San José, el padre Hughes, que celebró la misa con las puertas abiertas, permitiendo la entrada de fieles a la iglesia, fue multado por la policía con 500 euros. Los policías irrumpieron en la iglesia durante la celebración diciendo que la multa era la última advertencia antes de la cárcel. El hecho ha saltado a muchos medios de comunicación, pero el padre Hughes es inflexible: seguirá celebrando la misa con las puertas abiertas, no pagará la multa y publicará los horarios de las celebraciones en Facebook, incluso a costa de ir a prisión. El segundo evento ocurrió el 23 de marzo, cuando el juez Charles Meenan concedió al Estado “dos semanas para aclarar si, de hecho, existe una ley contra las misas celebradas en público”. El pasado mes de diciembre fue el empresario católico Declan Ganley, en el pleno de la polémica por la prohibición de las misas navideñas, quien denunció al gobierno ante el poder judicial. Recientemente, un informe de la Comisión Irlandesa de Derechos Humanos e Igualdad, compuesta por expertos en derecho constitucional, se afirma que las prohibiciones del gobierno no tienen base legal.

Desde hace un año, se han impuesto cierres totales cada vez que se acercan las celebraciones cruciales para los cristianos. Y cuando los fieles y las iglesias combaten, se suele respetar la libertad religiosa. No nos enfrentamos a meras coincidencias, sino a hechos que debemos tener en cuenta.

Una última pregunta: por el daño moral causado por las prohibiciones y límites a la libertad religiosa, es decir, a la vida real de millones de creyentes, ¿quién responderá? ¿Qué “ayudas” destinarán Bruselas y los países de la UE?

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