• TRAS LAS PROTESTAS

Los socialistas se han propuesto desestabilizar América Latina

El Foro de San Paolo y el Grupo Puebla ya ve sus primeros resultados. Desde Cuba y Venezuela parte la iniciativa que une a todos los movimientos socialistas y revolucionarios de América Latina, para impulsar protestas en países liderados por gobiernos de centroderecha, acusados de imperialismo. Chile, Ecuador, Colombia y Perú, son los países que ya han reportado infiltración desde el extranjero. Mientras Maduro exhibe públicamente su satisfacción: “las metas las estamos cumpliendo una por una”.

Del 25 al 28 de julio se celebró en Caracas el XXV Encuentro del Foro de Sao Paulo y en el mismo mes más de 30 líderes izquierdistas de América Latina y de España se reunieron en Puebla, México, para fundar el Grupo de Puebla. Una agrupación que busca contrastar al Grupo de Lima, creado el 8 de agosto de 2017, en la capital del mismo nombre, por 14 países que han estado activos en la lucha contra la tiranía en Venezuela.

Entre los miembros del Grupo Puebla se encuentran los expresidentes Lula da Silva y Dilma Rousseff de Brasil, Fernando Lugo de Paraguay, Ernesto Samper de Colombia, Leonel Fernández de República Dominicana, y José Luis Rodríguez Zapatero de España. Además, participaron Carlos y Marco Enríquez Ominami de Chile, junto al ex secretario de la OEA, José Miguel Insulza, Yeidckol Polevsky en representación del presidente de México Andrés Manuel López Obrador, y el candidato a presidente del Frente Amplio de Uruguay Daniel Martínez.

Tres meses después de estas dos reuniones, la izquierda se reunió en Cuba del 1 al 3 de noviembre para una nueva cumbre, con la participación de unos 1200 militantes, titulada “Encuentro Antimperialista de Solidaridad por la Democracia y contra el Neoliberalismo”. ¿El resultado? Una declaración final que establece el objetivo de “derrotar la ofensiva imperial”, a través de un plan de comunicación en redes sociales y un plan de acción dirigido a reforzar “las fuerzas progresistas y de izquierda” del continente. Primer paso, la presentación de una resolución ante las Naciones Unidas (ONU) contra la activación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR).

En paralelo, el periódico chileno “La Tercera” confirmó el 28 de octubre la presencia de ciudadanos cubanos y venezolanos en las manifestaciones de ese país. Lo mismo ocurrió en Ecuador unas semanas antes e incluso el presidente Lenín Moreno confirmó el 11 de octubre que miembros de las FARC y militantes del chavismo se habrían infiltrado en las protestas de su país. Contemporáneamente, Colombia ha tenido que enfrentar a las guerrillas de las FARC y el ELN, financiadas y apoyadas desde territorio venezolano; y en Perú, la prensa local confirma la entrada de al menos 20 bandas criminales venezolanas. Está claro que los principales líderes de la izquierda y la extrema izquierda están tratando de avanzar en una estrategia para desestabilizar la región.

En este sentido, “puede haber un componente de legitimidad en cuanto al descontento de los ciudadanos que en una democracia se expresa, pero no es casual que a partir de este esquema se genere caos con determinados focos que se irradian y se contagian dentro de la sociedad, pero además que siendo una protesta por una medida económica determinada termina por exigir la salida del gobierno que la implementa. ¡Y esto ha sucedido en todos los casos!”, explicó el politólogo venezolano Pedro Urruchurtu, durante una entrevista en TVVenezuela.

Según el analista, el objetivo principal del Grupo Puebla es “acabar” con el Grupo de Lima y con el bloque democrático de la Organización de Estados Americanos (OEA). Desde su creación, “ha comenzado una ola desestabilizadora contra gobiernos que han cambiado su rumbo a políticas de liberalización económica”, escribió en su Twitter y advirtió el peligro que representa para las democracias de la región. “No entender que todo lo que ocurre a esta hora en la región es un plan orquestado y articulado para socavar las bases de la democracia, es terminar entregándole la región a quienes quieren destruirla, incluyendo a España. Bogotá, Quito, Barcelona, Santiago... apenas el comienzo”.

Además, existe la confesión pública de Nicolás Maduro: “Estamos cumpliendo el plan… Todas las metas que nos hemos propuesto en el Foro de San Paolo las estamos cumpliendo una por una”, dijo el 20 de octubre durante el I Congreso Internacional de Comunas, Movimientos Sociales y Poder Popular en Caracas. Según Maduro, esto ha sido posible gracias a la unión de “los movimientos sociales, progresistas, revolucionarios, nacional, populares de toda América Latina, el Caribe y más allá, del mundo. El Foro de San Paolo ha salido revitalizado”.

No es la primera vez que Cuba está a la cabeza de los movimientos que intentan tomar el poder en otros países latinoamericanos. En 1965 se celebró en La Habana la Conferencia en la que se creó la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina (Ospaaal), con el objetivo de “promover el socialismo y el comunismo en el tercer mundo”. El 8 de mayo de 1967, una docena de guerrilleros y espías cubanos desembarcaron en Venezuela en la playa de Machurucuto. El ejército venezolano logró capturar a dos guerrilleros y el resto murió durante el intento de invasión.

Y para cerrar el círculo, están las declaraciones de Nicolás Maduro en La Habana, durante la reunión de solidaridad antiimperialista: “En América Latina y el Caribe se ha levantado una insurgencia popular de los pueblos contra la exclusión, el empobrecimiento y la privatización impuestos por el capitalismo mundial”. Según el delfín de Chávez, la búsqueda del “destino común” ideado por Fidel Castro ahora cuenta con “buenos y mejores tiempos”. La segunda reunión del grupo de Puebla se realizó del 8 al 10 de noviembre en Buenos Aires, Argentina; y la próxima reunión será en Chile, del 6 al 8 de diciembre. Mientras tanto, veremos qué otras tensiones traerá consigo la “brisa bolivariana” a América Latina.