• FRAGMENTOS DEL EVANGELIO

Los enfermos más graves

No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan. (Lc 5, 32)

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Después de esto, salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Y murmuraban los fariseos y sus escribas diciendo a los discípulos de Jesús: «¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?». Jesús les respondió: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan». (Lc 5, 27-32)


Los enfermos más graves no son, en primer lugar, los que sufren material o espiritualmente, sino los que no reconocen ser pecadores y, por ende, rechazan confiar humildemente en Jesús para curarse de sus propios vicios. Y es esta obstinación la que conduce a la impenitencia final, un pecado que no puede ser perdonado por Dios y que absorbe nuestra alma en el sufrimiento eterno del infierno. ¡Hagamos, por lo tanto, un buen examen de conciencia para no correr el riesgo de no reconocer nuestros pecados cotidianos!

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