• EL CASO

La Santa Sede, en el punto de mira de los hackers chinos por el Acuerdo con China

Recorded Future, una empresa con sede en Estados Unidos, denuncia la intrusión de un grupo de hackers chinos (RedDelta) en los servidores del Pontificio Instituto Misiones Extranjeras y de la Misión de Estudio de la Santa Sede en Hong Kong. ¿El objetivo? Obtener información con vistas a la renovación del controvertido Acuerdo sobre el nombramiento de obispos.

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¿El Dragón ha engañado al Vaticano? Eso es lo que dice Recorded Future, una empresa privada con sede en Massachusetts que se ocupa de web intelligence mediante la supervisión del análisis de las fuentes abiertas. El equipo de investigadores de la empresa de seguridad cibernética ha documentado en un informe detallado cómo la Santa Sede ha terminado en el punto de mira de los hackers chinos.

RedDelta, nombre del grupo de piratas informáticos vinculados al gobierno de Pekín según la reconstrucción de los expertos americanos, ha conseguido acceder a los servidores del Instituto Pontificio para las Misiones Extranjeras (PIME) y de la Misión de Estudio en Hong Kong. Los ataques habrían comenzado a partir de mediados de mayo y han continuado hasta al menos el 21 de julio. Los propios investigadores de Recorded Future han señalado que la actividad ilegal ha tenido lugar justo antes del vencimiento del discutido Acuerdo provisional entre el Vaticano y la República Popular China. El acuerdo secreto de ordenaciones episcopales estipulado entre las dos partes en septiembre de 2018 permanecerá en vigor hasta el próximo 21 de septiembre, pero probablemente se prorrogará doce meses más a raíz de lo que Massimo Franco ha denominado la “diplomacia del coronavirus”.

Lo que está en juego en esta renovación es muy importante y, si se confirma la revelación hecha por la empresa de seguridad cibernética estadounidense, no sería sorprendente que los piratas informáticos conectados a Pekín hayan optado por colarse en el sistema informático de la Misión de Estudio en Hong Kong: ésta última, de hecho, aunque no es una verdadera misión diplomática porque las relaciones se interrumpieron oficialmente en 1951, es una especie de nunciatura que sigue de cerca la compleja realidad de la Iglesia en China. Existe desde 1989, cuando san Juan Pablo II encargó a un asesor de la nunciatura de Manila que residiera permanentemente en Hong Kong y actuara como punto de conexión entre la Santa Sede y las diócesis chinas. El primero en ocupar este cargo fue el monseñor francés Jean-Paul Gobel, al que sucedió el actual cardenal Filoni, antiguo Papa rojo (la Congregación para la Evangelización de los Pueblos es un dicasterio muy importante dentro de la organización de la Curia romana y a su prefecto se le llama comúnmente “Papa rojo”) y ahora Gran Maestro de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén.

El delegado papal en Hong Kong nunca ha tenido una vida fácil: basta decir que a Martin Nugent, el sucesor de Filoni en este delicado puesto, se le negó dos veces la visa para visitar la China continental. La Misión de Estudio es el canal de información más importante que tiene el Vaticano especialmente en la cuestión de las ordenaciones episcopales. Gracias a este oficio, por ejemplo, la Santa Sede se enteró entre 2010 y 2011 de la aceleración de las hostilidades por parte del Gobierno comunista con la reanudación de las ordenaciones ilegales y los intentos de someter a los fieles de la “Iglesia clandestina” a la autoridad de Iglesia Patriótica mediante financiación estatal o secuestros y detenciones.

Por consiguiente, el acceso al servidor informático de la Misión permite obtener información especialmente importante a la luz de los términos de debate para la renovación del Acuerdo provisional. Esto, por otra parte, no parece ser un modus operandi desconocido para el Dragón: hace dos años, una empresa americana de web intelligence también denunció las intrusiones de un grupo de hackers vinculados a Pekín contra Japón con el objetivo de obtener información acerca de la posición japonesa sobre el empeoramiento de la crisis de Corea del Norte. También en ese caso, los ciber-soldados sospechosos de estar bajo las órdenes de la República Popular China utilizaron la técnica de spear-phishing, enviando un correo electrónico de contenido creíble capaz de transmitir malware a través del cual acceder al sistema en cuestión y robar datos valiosos.

Es la misma trampa que, según Recorded Future, habrían utilizado los hackers chinos que han espiado a Pontificio Instituto Misiones Extranjeras y a la Misión de Estudio en Hong Kong en los últimos meses. Lo increíble es que el cebo habría sido una carta de condolencias firmada por el cardenal y Secretario de Estado, Pietro Parolin, por la muerte del obispo Joseph Ma Zhongmu. Una burla doble si se piensa que este centenario prelado de origen mongol que murió el pasado mes de marzo, fue consagrado clandestinamente y fue perseguido por el régimen, que nunca lo reconoció y lo envió a un campo de trabajos forzados durante mucho tiempo. La carta, publicada en el informe de la sociedad americana, parece bastante plausible en su forma y contenido: los investigadores de Massachusetts no han podido establecer si fue fabricada ad hoc por piratas informáticos chinos o robada en otro lugar.

Maurizio Mensi, profesor en Italia de la Scuola Nazionale dell'Amministrazione y de la Libera Università Internazionale degli Studi Sociali Guido Carli, y también director ejecutivo del Centro Mena-Ocse, ha explicado a la Brújula Cotidiana que “la forma en la que se produjo el ataque, a punto de expirar el Acuerdo provisional, nos hace pensar en la importancia del objetivo y debe llevarnos a evaluar en todo su alcance la peligrosidad de la estrategia china para tomar las decisiones consiguientes”.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de China ha reaccionado ante la publicación del informe Recorded Future rechazando las acusaciones y pidiendo “pruebas suficientes” que las demuestren. Una defensa que no sorprende a Mensi: según su opinión, el uso de actividades de espionaje a través de ataques cibernéticos no atribuibles directamente a entidades estatales sirve a Beijing precisamente para justificarse una vez que el ataque es desenmascarado. “Es muy difícil –explica el profesor- establecer con certeza el autor y la responsabilidad de la conducta delictiva; en el ámbito cibernético se sabe que la atribución es uno de los aspectos más delicados”

Entre el mundo occidental y China está en marcha una “Primera Guerra Fría Cibernética”. Una guerra en la que el Dragón (si se confirma lo que ha surgido de las intrusiones en los servidores del Vaticano) parece estar dispuesto a luchar con todos los medios a su disposición y sin preocuparse demasiado sobre a quién espiar. El conflicto actual difiere considerablemente del que terminó con la caída del Muro de Berlín y la posterior disolución de la URSS. Según Mensi, “a diferencia de la Guerra Fría con la Unión Soviética, la actual controversia con China asume el carácter de un verdadero choque de civilizaciones, un choque general que tiene implicaciones estratégicas, económicas, militares e ideológicas”.

El episodio de los ataques a los servidores de la Misión de Estudio en Hong Kong y de la PIME, por lo tanto, no debe ser colocado en la categoría de eventos aislados: el profesor de Derecho Económico de la Scuola Nazionale dell'Amministrazione lo considera “un elemento que encaja perfectamente, también por su oportuno momento, en una estrategia expansionista global, de la cual forman parte el G-5 y la Belt & Road Initiative [la ‘nueva Ruta de la Seda’]. La advertencia del embajador de los Estados Unidos, Lewis Eisenberg, sobre el peligro del interés chino en los puertos italianos y, más en general, sobre nuestra infraestructura estratégica, merece la máxima atención”.

Un cambio de rumbo defendido hace pocos días también por Benedict Rogers, activista de los derechos humanos, que en un artículo en la revista Foreign Policy ha expresado sus dudas sobre el Acuerdo provisional de 2018 y también sobre la actitud del Vaticano ante la violación de la libertad religiosa y civil en China. El periodista británico ha reconocido estar desconcertado por el hecho de que el texto del acuerdo haya permanecido en secreto: “Si es un acuerdo tan bueno a los ojos de la Santa Sede –se pregunta Rogers-, ¿por qué los católicos ordinarios, y el mundo en general, no pueden saber lo que dice?”. “Lo que sabemos es que le da al Partido Comunista Chino –un régimen abiertamente ateo- un papel directo en la nominación de obispos católicos y que ya ha llevado a la retirada forzada de numerosos obispos clandestinos fieles al Vaticano a favor de los obispos de Estado”. Según el periodista, el Acuerdo “no ha conseguido ninguna mejora en las libertades de los católicos; si acaso, la situación ha empeorado, (porque) ningún miembro del clero había sido encarcelado antes de que se firmara el Acuerdo, mientras que muchos han sido arrestados, detenidos y desaparecidos desde que se acordó el Acuerdo”. “Lejos de aportar la deseada unidad o protección a la Iglesia –concluye el activista británico- ha causado una mayor división y más represión”.

¿Podría la revelación sobre el supuesto espionaje llevado a cabo bajo mandato de Beijing contra la Misión Pontificia en Hong Kong y la PIME tener consecuencias para las negociaciones del Acuerdo que expirarán en poco menos de dos meses? Hasta ahora no ha habido reacción de Roma ante el informe publicado por Recorded Future. Según el profesor Mensi, el supuesto ataque demostraría que “la escalada china no perdona ni siquiera al Vaticano, que hasta ahora ha sido bastante tibio con Pekín”.

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