La pureza que nace del corazón
Lo que sale de dentro del hombre, eso sí hace impuro al hombre (Mc 7,20)
En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo:
«Escuchad y entended todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre».
Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola.
Él les dijo:
«¿También vosotros seguís sin entender? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón, sino en el vientre y se echa en la letrina» (Con esto declaraba puros todos los alimentos).
Y siguió:
«Lo que sale de dentro del hombre, eso sí hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro».
(San Marcos 7, 14-23)
Jesús desplaza la mirada del exterior al interior del hombre. No son las cosas que tocamos o comemos las que nos contaminan, sino lo que nace del corazón y se traduce en palabras y acciones. Así queda desenmascarada la ideología vegetariana, que hoy goza de gran visibilidad en los medios de comunicación y en las redes sociales. La verdadera conversión no es una cuestión de comida o de reglas externas, sino de transformación interior: solo un corazón renovado genera una vida buena. Y tú, ¿permites que el Evangelio transforme tu corazón desde dentro? ¿Por ejemplo, cómo?
