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La Oms controla la información, siguiendo los pasos de China

La Oms ha lanzado una campaña contra la desinformación sobre el Covid-19 utilizando inteligencia artificial y técnicas modernas de recolección de datos para cazar noticias falsas. Esta estrategia ya ha causado enormes daños en la lucha contra la epidemia precisamente porque limita la comparación entre teorías ante una nueva enfermedad. Además, es similar a los métodos utilizados por el régimen totalitario chino.

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La Organización Mundial de la Salud ha lanzado una campaña contra la desinformación sobre el Covid-19. Con un artículo en su página oficial el 25 de agosto llamado “Inmunizando al público de la desinformación”, ha confirmado que está vigilando la Web en busca de noticias falsas sobre la epidemia para combatir “el exceso de información y la rápida difusión de noticias, imágenes y vídeos engañosos o falsos” sobre el nuevo coronavirus.

La campaña de vigilancia de la Web y la caza de fake news está siendo llevada a cabo por la Oms en colaboración con la iniciativa Global Pulse de las Naciones Unidas, creada para utilizar las modernas herramientas de recopilación de datos e inteligencia artificial en causas humanitarias. El director de la Oms, Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha afirmado: “No sólo estamos luchando contra el virus, sino también contra los trolls y los teóricos de la conspiración que están impulsando la desinformación y socavando la lucha contra la epidemia”, y aquí “trolls” se refiere a “jammers”, presentes a todos los niveles en los foros y las redes sociales. Esta “enfermedad” virtual tiene un nombre desde febrero, “infodemia”. Primero se usó para indicar un exceso de información sobre el Coronavirus, para luego usarse más específicamente a la hora de indicar todas las noticias falsas y las mentiras. La primera Conferencia sobre la Infodemia fue organizada por la Oms en junio, pero ya en febrero, menos de un mes después del comienzo de la emergencia, había llegado a un acuerdo con Facebook para vigilar la calidad de la información. En la actualidad el organismo de salud de las Naciones Unidas está trabajando con al menos cincuenta empresas de la Web, incluidas todas las principales redes sociales y motores de búsqueda, como Google, TikTok, YouTube, Twitter y Facebook, “para garantizar que los mensajes sobre salud de la Organización y otras fuentes oficiales aparezcan en primer lugar cuando un usuario busque información sobre Covid-19”.

Las fake news y las noticias poco fiables sobre la nueva enfermedad son un problema serio y no hay que subestimarlo. Por ejemplo, hasta por lo menos el 20 de enero de 2020, después de que la epidemia ya se hubiera extendido en la provincia de Wuhan y Hubei y de que se registraran los primeros casos fuera de China, circuló la noticia de que el nuevo Coronavirus no podía transmitirse entre humanos, sino sólo entre animales y humanos. En febrero y de nuevo hasta mediados de marzo, circuló un consejo irresponsable sobre el método de diagnóstico por excelencia, el test, considerándolo poco eficaz y sólo utilizable en casos sintomáticos graves. También durante el mes de marzo, según otras sugerencias irresponsables, la mascarilla era superflua. Pero la desinformación más peligrosa se refiere a los medicamentos y a las terapias: hubo quien, por ejemplo, afirmó durante meses que la hidroxicloroquina era inútil y perjudicial, después se ha desmentido la información, pero aún hoy mencionar este principio activo genera escepticismo. Otros trolls, en cambio, aconsejaron fuertemente a los médicos que no realizasen autopsias: una “broma” que costó miles de muertes en Italia.

Si el lector aún no ha entendido la fuente de todos estos engaños, fake news y sugerencias irresponsables, se lo decimos: es la Organización Mundial de la Salud.

Sus directores y funcionarios se justifican diciendo que han hecho todo lo posible y que han tenido que enfrentarse a un nuevo virus, por lo que los errores son posibles a todos los niveles. Muy cierto. Pero precisamente por eso, ante un nuevo problema debe preservarse la mayor libertad de debate posible. Se pueden encontrar mejores soluciones comparando muchas experiencias diferentes. Sin embargo, lamentablemente, toda la gestión de la epidemia se ha caracterizado por la estricta adhesión al principio de autoridad: hospitales que siguen las directrices de los gobiernos que a su vez siguen las directrices de la Oms. La política “contra la desinformación” amplía este concepto, extendiéndolo a la sociedad civil, fuera del mundo de la medicina. No sólo no se pueden experimentar tratamientos y estrategias diferentes a las indicadas por la Oms, sino que ni siquiera se puede hablar de ellas en privado. Este es el significado de toda la operación.

Hay que decir que hay un precursor de esta estrategia: la República Popular China, que no fue por casualidad la primera en abordar la epidemia y también la primera en practicar la estrategia de confinamiento en la provincia de Hubei. En China, desde enero, miles de funcionarios han revisado todas las conversaciones de sus ciudadanos en WeChat (la red social china por excelencia), borrando cualquier comentario crítico, cualquier duda y cualquier ejemplo tomado del extranjero. La Oms, que ha seguido la línea china desde enero (incluso negando, hasta el 20 de enero, como hizo Pekín, que el nuevo Coronavirus pudiera transmitirse entre humanos), ha copiado probablemente el hábito de la censura del Partido Comunista. Es lamentable ver que las redes sociales, comenzando por Facebook, están jugando a este juego con gran celo, en lugar de defender su papel como bastiones de la libertad de expresión. Esto muestra una vez más lo frágil que es el concepto de libertad en nuestro mundo también.

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