La mano que levanta
«Señor, si quieres, puedes limpiarme» (Mt 8,3)
Al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente.
En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo:
«Señor, si quieres, puedes limpiarme».
Extendió la mano y lo tocó, diciendo:
«Quiero, queda limpio».
Y en seguida quedó limpio de la lepra.
Jesús le dijo:
«No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».
(San Mateo 8, 1-4)
El leproso se acerca a Jesús con humildad y confianza, seguro de que el Señor puede curarlo. Jesús, sin embargo, no se limita a curarlo: extiende la mano y toca a quien todos evitaban. En ese gesto está el amor verdadero. También hoy Cristo se acerca a las heridas más profundas del hombre y devuelve la esperanza a quien confía en Él. ¿Qué enfermedades llevas en el corazón y te cuesta mostrar incluso a tu padre espiritual? ¿Te acercas a Jesús con la misma confianza que el leproso? ¿Sabes tender la mano a quien se siente excluido o rechazado por los hombres?
