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La lección de Vogue: Tener hijos es vandalismo ambiental

¿Traer un niño al mundo es vandalismo ambiental? Sí, si lo haces con el estilo de vida actual. La única forma ecológicamente responsable de tener un hijo es educarlo desde el principio para que no consuma y para derrocar el actual sistema político y económico de Occidente. La lección de la influencer de moda explica en qué consiste realmente la conversión ecológica.

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Cuál es la pregunta fundamental que se hace o debería hacerse una mujer progresista, blanca y occidental de 2021 cuando piensa en tener un hijo? Vogue, la revista internacional de moda que también marca las tendencias culturales, o –para ser más precisos- su columnista Nell Frizzell (en la foto) nos lo explica con un artículo cuyo título lo dice todo: “¿Tener un bebé en 2021 es puro vandalismo medioambiental?” (Is having a baby in 2021 pure environmental vandalism?). Nell Frizzell es una escritora que escribe mensualmente en Vogue sobre la mujer y la familia, donde familia significa obviamente cualquier cosa que reúna a más de una persona. En el artículo que precede al de los niños y el medio ambiente explicaba que lo que define a una familia “es la intención de ser una familia y el amor para mantenerla”.

Pero volviendo a la difícil decisión de tener un hijo: “¿Puedes vivir una vida ecológicamente responsable cuando estás añadiendo otra persona a un planeta ya sobrecargado?”. Y para los que ya han tomado decisiones radicales: “¿Puedo hacerlo si nunca aprenderé a conducir, nunca tendré un perro y llevaré los mismos tres pares de vaqueros el resto de mi vida?”.

En caso de que estas preguntas parezcan una locura, hay que saber que hablamos de la llamada “conversión ecológica”. Porque cuando te convences de que vivimos en un estado de emergencia climática, de que ésta es la mayor amenaza para la vida en este planeta y de que incluso la pandemia del Covid-19 no es nada comparada con las catástrofes que se avecinan si no cambiamos el rumbo inmediatamente, entonces “hay pocos asuntos más preocupantes que tener un hijo”. ¿Y con qué corazón traes entonces a un niño al mundo cuando sabes que cuando tenga 60 años estará en un mundo "”sin agua dulce”, destinado a vivir en “una tierra estéril y árida”?

Pero no todos los niños son iguales. Sí, porque el verdadero problema es “la presión sobre los recursos de la Tierra que supondría añadir otro niño occidental”. Es decir, un niño “rico”, porque son los ricos –los occidentales blancos- los que están destruyendo el planeta: es su estilo de vida el que hay que combatir y detener.

Sólo se pueden seguir trayendo niños al mundo (Nell Frizzell lo ha hecho) con una condición: que se le eduque para no consumir y para “derrocar un sistema político que premia a una pequeña minoría rica a costa de todos los demás”. En definitiva, se trata de elegir entre no tener hijos o tener una Greta Thunberg en cada casa. Cualquier otra opción es vandalismo ambiental.

Sólo los que no quieren ver no entienden que el objetivo es borrar todo rastro de desarrollo, más generalmente borrar a Occidente, retroceder a sociedades primitivas, en nombre del medio ambiente. Eso significa también borrar el cristianismo, porque el cristianismo ha sido el factor principal del desarrollo (que no es sólo crecimiento económico) de Europa y de todo Occidente. No es casualidad que el indigenismo sea la moda del momento, e incluso en los círculos católicos no hay más que una glorificación de la vida de las poblaciones primitivas, de su equilibrio fantasma con la naturaleza.

No hablamos de una ecologista fanática, es la voz de las élites que nos gobiernan y que persiguen la destrucción de Occidente; que han convencido a los occidentales, a los blancos –y lo que es peor, si son varones-, de que son responsables de todo el mal del mundo, cultivando en nuestras sociedades un odio a sí mismos que no tiene parangón en la historia.

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