Santo Tomás de Aquino por Ermes Dovico
CONTINENTE NEGRO

La ilusión de las ayudas a un África antidemocrática y corrupta

No se puede pedir que se invierta en países corruptos donde la democracia ha sido sustituida por dictaduras plebiscitarias y los golpes de Estado son la normalidad. Quince Estados son “democracias imperfectas” (fracasadas) y casi todos los demás son dictaduras.

Internacional 28_01_2026 Italiano English

En el plazo de un mes, dos países africanos, Guinea Conakry y Uganda, han acudido a las urnas para elegir a su jefe de Estado. Hablamos de dos citas electorales especialmente importantes.

En Guinea ha ganado el general Mamady Doumbouya con el 86,72% de los votos, una victoria aplastante que la oposición atribuye al fraude durante el recuento de votos y previamente a la exclusión de los dos principales adversarios del general, el expresidente Alpha Condé y el ex primer ministro Cellou Dalein Diallo, ambos en el extranjero desde que en 2021 los militares tomaron el poder mediante un golpe de Estado. El líder de la revuelta fue precisamente Doumbouya, que luego asumió el cargo de presidente interino. El general había prometido una rápida transición democrática. También había asegurado que no se presentaría como candidato para dejar espacio a los civiles. Sin embargo, las elecciones se pospusieron varias veces por motivos técnicos no especificados y Doumbouya finalmente decidió presentarse “por el bien del país”.

En Uganda, la victoria ha sido para el presidente en funciones, Yoweri Museveni, con el 71,6% de los votos. Museveni también es militar y también tomó el poder mediante un golpe de Estado, allá por 1986, derrotando a otro dictador, Tito Okello, que a su vez había derrocado al dictador Milton Obote el año anterior. Dirigiéndose a la multitud, tras asumir el cargo de presidente, Museveni dijo: “Los pueblos africanos y el pueblo de Uganda tienen derecho a un gobierno democrático. No es una concesión de un régimen. El pueblo debe ser soberano, no el gobierno”. Ese día también dijo que “el problema de África en general, y de Uganda en particular, no es la población, sino los líderes que quieren permanecer en el poder demasiado tiempo”. Pues bien, desde entonces, Museveni ha gobernado ininterrumpidamente durante nada menos que cuarenta años. En 1996, al término de una transición democrática que duró diez años, se celebraron las primeras elecciones que Museveni ganó con el 75,5% de los votos. Desde entonces, ha obtenido otras seis victorias electorales, todas ellas impugnadas por la oposición con acusaciones de intimidación, violencia y fraude.

Es una transición democrática verdaderamente singular la que transforma a un dictador en jefe de Estado en condiciones electorales que cuanto menos son discutibles. Pero no solo Doumbouya y Museveni lo han entendido así. Al igual que ellos, otros siete autores de golpes de Estado ocupan actualmente el cargo de presidente por haberse presentado como candidatos, casi todos ellos después de haber dado garantías de que darían un paso atrás y dejarían a otros el gobierno de sus respectivos países, que son: Chad, Togo, Guinea Ecuatorial, Camerún, República del Congo, Gabón y Zimbabue (el único país en el que el golpe fue liderado por un político y no por un militar).

En algunos de esos países, el líder que perpetró el golpe lleva décadas gobernando. Paul Biya es presidente de Camerún desde 1982 y el pasado 12 de octubre ganó por octava vez las controvertidas elecciones, consiguiendo otro mandato de siete años. Denis Sassou Nguesso se convirtió en presidente de la República del Congo (entonces República Popular del Congo) al suceder como vicepresidente al presidente Yhomby-Opango, obligado a dimitir. Mantuvo el cargo hasta 1992, cuando fue elegido Pascal Lissouba. Volvió al poder luchando contra Lissouba en 1997 y lo conserva hasta hoy. Desde 1979 Teodoro Obiang Nguema Mbasogo es presidente de Guinea Ecuatorial. Tal y como se acaba de anunciar, éste será el primer país africano, junto con Angola, que visitará el Papa León XIV. Desde que es presidente, Obiang ha visto ascender al solio pontificio a cinco papas.

En otros seis países africanos la transición democrática tras un golpe de Estado aún no ha comenzado y solo cuando lo haga se sabrá si realmente llegará a serlo. Hablamos de Malí, Burkina Faso, Níger, Sudán, Madagascar y Guinea Bissau. Los líderes de los tres primeros países ya han anunciado que pretenden conservar el cargo de presidente al menos hasta 2030.

Son en total quince países los que merecen la eufemística definición de “democracias imperfectas”. Pero a la lista hay que añadir otros: En Eritrea nunca se ha votado desde que se independizó en 1993 tras 30 años de guerra con Etiopía, ni tampoco en Sudán del Sur, independiente desde 2011 tras décadas de persecución y violencia infligidas por el Gobierno árabe islámico de Sudán del que formaba parte. En Somalia, en guerra desde 1987, no se vota desde hace más de medio siglo. Desde 2004, la elección del jefe del Estado recae en manos de parlamentarios no elegidos. Solo los habitantes de la capital, Mogadiscio, única excepción, han acudido a las urnas a finales de 2025 para elegir a los concejales municipales.

“Sin paz, seguridad y Estado de derecho no se pueden aprovechar los enormes recursos del continente y no se puede pedir que se invierta en África más capital privado. La democracia y el buen gobierno son los cimientos sobre los que debe basarse el progreso de África, sin los cuales el desarrollo está destinado inevitablemente a colapsar bajo el peso de la corrupción y la represión”. Así lo afirma la Fundación Mo Ibrahim, que cada dos años publica el “Índice de Gobernanza” un informe sobre el estado de la democracia en África. La fundación fue creada por el multimillonario sudanés del mismo nombre para promover el buen gobierno y la democracia en el continente. El último informe publicado en 2024 registró y documentó un aumento de los casos de persecución de partidos de la oposición, manipulación de las comisiones electorales y uso de la fuerza para mantener y consolidar el poder. Por primera vez en diez años, se registró una disminución general de la gobernanza.