San José por Ermes Dovico
Solemnidad

José, el santo que se dirige a todos los hombres

San José es un modelo para los padres, los esposos, los trabajadores, los que sufren, los sacerdotes... Pero, ¿por qué es necesario explicar que era joven cuando se casó con María? ¿Y cuáles son sus principales apariciones? Entrevista a Ermes Dovico, autor de San Giuseppe, maestro per ogni stato di vita (San José, maestro para cada estado de vida).

Ecclesia 19_03_2026 Italiano

San Giuseppe, maestro per ogni stato di vita (San José, maestro para cada estado de vida): así se titula el libro publicado por La Nuova Bussola Quotidiana, que propone una recopilación de artículos sobre el Santo Custodio del Redentor (ya publicados en nuestra web), además de un apéndice con algunas oraciones y apariciones josefinas importantes, para conocer mejor a una figura fundamental en el plan de la Redención. Una figura a menudo olvidada o marginada. Sin embargo, existe una verdadera teología josefina, desarrollada, entre otros, por el conocido y difunto josefólogo padre Tarcisio Stramare OSJ (1928-2020), quien destaca el papel de San José en la historia de la salvación, proponiéndolo como modelo actual de virtud ejemplar.

El autor del libro es Ermes Dovico, redactor de Bussola, con quien queremos retomar algunos aspectos del santo patriarca en la solemnidad que se le dedica.

¿Cuándo y cómo surgió la idea del libro?
El libro surgió en otoño de 2020, cuando una feligresa del padre Tarcisio Stramare, antiguo colaborador en la estructura teológica de la exhortación apostólica Redemptoris Custos de San Juan Pablo II, me propuso la idea de una sección sobre San José, retomando las enseñanzas de la teología josefina transmitidas por el propio padre Tarcisio. Poco después, el papa Francisco proclamó el Año de San José, con motivo del 150.º aniversario de su proclamación como patrón de la Iglesia por parte del beato Pío IX. En definitiva, una feliz «coincidencia».

¿Por qué se puede decir que San José es «maestro para todo estado de vida»?
San José encierra en sí mismo una multiplicidad de vocaciones, en primer lugar las de esposo y padre, al haber sido llamado por Dios al matrimonio con la Virgen María y a ser padre de su Hijo. Representa un modelo tanto para los laicos como para los sacerdotes, pero también para las personas que se encuentran en el sufrimiento moral y físico, debido a las circunstancias de su vida. Es ejemplo para los trabajadores —de hecho, Pío XII lo proclamó su patrón—, ya que fue él quien acercó a Jesús al banco de trabajo, haciendo que Él asumiera el trabajo mismo, purificándolo y santificándolo como medio para extender el Reino de Dios. José es también modelo para los contemplativos: al tener a Jesús en casa, su amor por Dios crecía continuamente.

San José, esposo y virgen joven: ¿es indispensable destacar su juventud para su figura de «ministro de la salvación»?
Sí. Que San José, en el momento de su matrimonio con María, fuera un joven en la plenitud de sus fuerzas y facultades parece evidente y, si pensamos en el proyecto de Dios Padre sobre él, también conveniente: está claro que no habría sido oportuno confiar Sus tesoros más preciados —Jesús y María— a un anciano que no hubiera podido cuidar de ellos.

De hecho, por los Evangelios sabemos que José se encargó de garantizar el sustento y la protección, salvaguardando el honor de María y poniendo a salvo a Jesús, cumpliendo todas las demás tareas de esposo y padre. Es siempre José quien, junto con María, inscribe a Jesús, nuestro Salvador, en el registro civil de los hombres, le da el Nombre y hace que el Hijo cumpla los ritos de la Antigua Alianza. El padre Tarcisio subrayaba la importancia de devolver a José su juventud también en el arte sacro, ya que este representa un medio privilegiado de catequesis.

Existe una relación muy estrecha entre san José, la Eucaristía y el sacerdote. ¿Qué importancia tiene redescubrir esta relación?
Mucho. Varios santos y papas han subrayado el paralelismo entre el antiguo José, el hijo de Jacob vendido por sus hermanos, y el nuevo José, el esposo de María, de quien el primero es figura. Así como al antiguo José el faraón le había confiado la administración de todos sus bienes, así, al nuevo José, Dios Padre le ha confiado precisamente sus tesoros más grandes: Jesús y María. Además, al igual que el antiguo José había guardado el grano para alimentar al pueblo en tiempos de hambruna, así san José guardó en su casa a Jesús, el Pan vivo descendido del cielo, honrándolo, amándolo y respetándolo como corresponde al Hijo de Dios. El sacerdote debe, por tanto, tratar la Eucaristía con la misma reverencia y amor con que José trataba a Jesús.

La pureza y la castidad son valores que hoy se encuentran en profunda crisis. ¿De qué manera puede ayudarnos San José?
La castidad representa la expresión del dominio de sí mismo y de la auténtica libertad del hombre. San José, por su pureza, es modelo de virilidad virtuosa: esto le permitió cumplir la voluntad de Dios sobre él y sobre los bienes que le habían sido confiados, es decir, su misión de esposo y de padre. San Agustín, de hecho, ensalza la paternidad de san José «porque cuanto más casto es el padre, tanto más verdadero padre es». Al ejemplo de San José se contraponen los "modelos" actuales de un mundo dominado por la pornografía, el libertinaje sexual, las leyes humanas y costumbres como el divorcio y las uniones de hecho, que, además de esclavizar al hombre, crean desorden en la sociedad, atentando contra el designio original de Dios sobre el matrimonio y, por consiguiente, sobre la familia.

¿Cuáles son las apariciones más importantes de San José?
He elegido cuatro, de las cuales tres están reconocidas por la Iglesia: la aparición de 1660 en Francia, en Cotignac, hoy conocido destino de peregrinación; la de Knock (1879), en Irlanda; y la del 13 de octubre de 1917 en Fátima, en la que San José bendice al mundo con el Niño Jesús. La cuarta que he elegido, en cambio, aún no está reconocida (a día de hoy rige el juicio, no definitivo, de non constat): se trata de la mariofania de Ghiaie di Bonate (1944), en la provincia de Bérgamo, donde la Virgen se apareció a la pequeña Adelaide Roncalli presentándose como Reina de la Familia. Durante la novena aparición, la niña ve cuatro animales que rezan: un burro, una oveja, un perro y un caballo, símbolos respectivamente de la paciencia, la mansedumbre, la fidelidad y el silencio. De repente, el caballo, símbolo también del cabeza de familia, abandona la oración y se dirige a un campo de lirios, comenzando a pisotearlos. Será San José quien llame suavemente al animal, poniendo fin al daño. Esta aparición subraya la importancia del papel del padre a la hora de reunir a la familia mediante la oración, para preservar su armonía.