• País anticatólico

Irlanda: Comuniones y Confirmaciones prohibidas con el pretexto del Covid

El gobierno de Dublín mantiene desde hace meses la prohibición de celebrar las Primeras Comuniones y Confirmaciones con el pretexto de evitar las fiestas que las siguen. Los obispos lo denuncian como un ataque a la libertad religiosa, pero en cualquier caso todo esto es la demostración de que Irlanda es cada vez más anticatólica.

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En una rueda de prensa celebrada el pasado 29 de junio, la segunda figura política más importante de Irlanda después del primer ministro, anunció que las Primeras Comuniones, las Confirmaciones y los Bautizos quedaban prohibidos hasta nuevo aviso. El anuncio se produjo en el marco de las medidas para suspender el levantamiento de las restricciones a los pubs y restaurantes de interior, así como a otros sectores que siguen bajo llave en Irlanda.

El tema fue zanjado en pocas palabras por el tánaiste (literalmente “el segundo al mando”) Leo Varadkar, cuando un periodista le hizo una pregunta sobre estos sacramentos. La respuesta fue: “Están prohibidos, por desgracia”. Nada más. Sin embargo, antes de esta intervención del tánaiste, estaba previsto que las Primeras Comuniones y Confirmaciones se reanudaran el 5 de julio. Y la cuestión ya iba con retraso dado que desde el 10 de mayo se permiten las Misas con un número limitado de participantes en función del tamaño de la iglesia.

Los obispos reaccionaron inmediatamente a este anuncio. El primado de Irlanda, el arzobispo Eamon Martin, calificó el trato del Gobierno a la Iglesia de “gravemente irrespetuoso”. No sólo se había hecho un gran esfuerzo para planificar la celebración de las Primeras Comuniones y Confirmaciones después de una suspensión tan larga, sino que los obispos estaban furiosos porque no se les había consultado en absoluto. Asimismo, hasta el anuncio del tánaiste, los Bautizos se realizaban a discreción de las distintas diócesis. Ahora, el Gobierno ha adoptado una posición oficial: “Están prohibidos, por desgracia”.

Pero esta vez ha habido una fuerte protesta de la población en general y varios políticos se han unido inmediatamente. El Gobierno ha sido criticado por su gran injusticia al prohibir estos eventos, y especialmente por la forma en que se ha anunciado. A esto se ha sumado el Director Médico (CMO) Tony Holohan, que ha asegurado que ni él ni el Equipo Nacional de Emergencia de Salud Pública (NPHET) han pedido la suspensión de los sacramentos, lo que echó más leña al fuego.

También por eso Varadkar se ha corregido parcialmente, diciendo que hablará con Holohan  a lo largo del verano para encontrar una manera de celebrar los sacramentos de forma segura. Esperamos, sin mucha esperanza, un eventual acuerdo; pero siendo realistas, habrá que esperar al menos al otoño para que se puedan celebrar finalmente los sacramentos.

Mientras tanto, el intento de elegir los sacramentos que la Iglesia está autorizada a celebrar ha llevado a algunos obispos y políticos a plantearse las consecuencias que tiene sobre la libertad de culto. El obispo de Meath, Tom Deenihan, calificó de “política” la decisión “que se ha tomado sin consultar a las autoridades eclesiásticas”. “Me sigue preocupando que cualquier gobierno o ministro pueda cancelar la celebración de las liturgias o los sacramentos y al mismo tiempo afirmar que las iglesias son lugares seguros. Esto va directo al corazón de la libertad de culto”, ha declarado el 1 de julio.

La justificación en la que ha insistido el Gobierno para aplazar las Primeras Comuniones y Confirmaciones no es la celebración en la iglesia, sino las agrupaciones que se producen en la fiesta posterior. En Irlanda, las Primeras Comuniones y las Confirmaciones son eventos sociales tanto como sacramentos. Los niños se preparan en la escuela para recibir los sacramentos, y es raro que alguien los rechace. Son un gran día para los jóvenes, un “rito de paso”, independientemente de que después sigan o no en la Iglesia. La prohibición impuesta por el Gobierno lo ha puesto de manifiesto una vez más y debería hacernos reflexionar también sobre el hecho de que la fiesta es a menudo más importante que el sacramento. Pero esa es otra historia que se abordará en otro lugar, mientras que ahora la cuestión clave que se plantea es si la Iglesia debe ser considerada responsable de lo que ocurre una vez que las personas están fuera del entorno eclesiástico.

El Gobierno irlandés pide a la Iglesia precisamente que asuma esta responsabilidad. Hasta ahora la Iglesia lo ha aceptado, a diferencia, por ejemplo, de los bares, restaurantes y tiendas, que vendían alcohol y de hecho facilitaron las fiestas durante el reciente cierre. Se podría argumentar que se trata de una forma de caridad, es decir, que la Iglesia no fomenta un comportamiento que podría conducir a la propagación indebida del virus. Pero si esto es así, ¿por qué sólo ahora se buscan soluciones alternativas para facilitar la celebración de los sacramentos? ¿Y por qué la situación es tan diferente en Irlanda del Norte, donde las Primeras Comuniones y Confirmaciones tienen lugar desde hace meses? Por último, ¿es correcto que se llame al orden a la Iglesia por reuniones ilegales que, además, se celebran a pesar de todo?

Estas son exactamente las preguntas que empiezan a plantearse obispos como el ya mencionado arzobispo Eamon Martin -cuya diócesis de Armagh se encuentra a caballo entre el norte y el sur de Irlanda- y Deenihan.

En este contexto, es significativa la reciente campaña llevada a cabo por la organización Ayuda a la Iglesia Necesitada para dar a conocer la difícil situación de los cristianos en este país. Se han celebrado Misas en toda Irlanda en las llamadas “Mass Rocks”, piedras que servían de altares durante la época de la persecución (especialmente en el siglo XVII) y donde los sacerdotes llevaban secretamente los sacramentos a los fieles.

Hoy no estamos en la época de las persecuciones, pero la campaña nos recuerda que estamos ante un país cada vez más anticatólico. La Iglesia ya no tiene poder moral ni político y decisiones como la prohibición de los sacramentos pueden tomarse de forma caprichosa y sin pensarlo mucho. Esto no presagia nada bueno para el futuro.

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