San Chárbel Makhlouf por Ermes Dovico
BORGO EGNAZIA

El Papa en el G7: una oportunidad perdida

El discurso sobre la Inteligencia Artificial estuvo lleno de tecnicismos inútiles y fue pobre en lo que se refiere a fundamentar las decisiones éticas más deseables. No realizó ninguna mención a Dios, ni a Jesucristo, ni a la ley natural. Pero no podemos olvidar que la persona, la moral y la política no se sostienen sin Dios.

Política 18_06_2024 Italiano English

El pasado 14 de junio, en Borgo Egnazia, el Papa Francisco ha hablado sobre la Inteligencia Artificial (IA) ante los líderes del G7. Su discurso, con algunos añadidos improvisados, fue más breve que el texto que se distribuyó. Este último, de hecho, es más completo y articulado, con incursiones analíticas largas y muy técnicas en los entresijos de la IA. Para el Papa, la inteligencia artificial nace del propio impulso del hombre hacia el “más allá”, como ya ha ocurrido con otros inventos técnicos a lo largo de su historia.

Esta vez, sin embargo, hay algo radicalmente nuevo: la herramienta de la IA es fuertemente ambivalente (“fascinante y tremenda al mismo tiempo”), tiene un impacto “cognitivo-industrial” disruptivo que construirá “un nuevo sistema social”, y sobre todo puede tener cierta independencia del hombre aplicando “elecciones algorítmicas”. El riesgo es que el hombre se vea privado de su capacidad de decisión y, por tanto, termine “condenado a depender de las máquinas”. Un ejemplo de ello es el uso de “armas autónomas letales” en los conflictos armados.

Después de haber dedicado largo tiempo a analizar las principales posibilidades de ingeniería para el desarrollo de la IA y los temores que suscitan en el capítulo “El mecanismo básico de la inteligencia artificial”, Francisco propone dos vías para abordar el fenómeno y gobernarlo: la vía ética y la vía política.

La primera vía debería “poner en el centro la dignidad de la persona con vistas a una propuesta ética compartida”. En este sentido, ensalzó la convocatoria del 2020 Rome Call for AI Ethics, que proponía lanzar una “algorética”, una ética de los algoritmos basada en principios compartidos.

La segunda vía sería apoyar la buena política frente al dominio absoluto del “paradigma tecnocrático”. No hay que debilitar la política, “¡la política es necesaria!”. Sin embargo, esta “buena política” debería tener en cuenta que la situación mundial presenta graves deficiencias estructurales y que los parches no bastan.

En conjunto, el texto de Francisco es débil. Por un lado, hay una redundancia de aspectos técnicos que no son necesarios en un magisterio pontificio. Por otro, hay referencias a soluciones éticas y políticas basadas en un consenso deseable (pero no especificado en sus fundamentos). Ni siquiera se aclara el concepto de persona humana desde la perspectiva de la Iglesia católica, al tiempo que se lamenta su pérdida en la sociedad actual. En resumen, la propuesta era ésta: busquemos juntos un acuerdo sobre ciertos principios, como se intentó en la Convocatoria de Rome Call for AI Ethics. Bueno para una intervención política, pero demasiado poco para una intervención pontificia.

La dignidad de la persona humana, por ejemplo, ¿en qué se fundamenta y cómo se defiende? Desde el punto de vista de la Iglesia católica, su defensa no es indiferente a la presencia de Dios en la historia humana. Pero Francisco nunca menciona a Dios en todo su discurso, ni siquiera a Jesucristo. El “consenso” sobre los principios éticos adecuados, entonces, ¿en qué debería basarse? La doctrina católica propone la ley natural y la ley moral natural, que no cambian y, por tanto, son practicables incluso en la era de la AI. Hacen posible una “gramática natural” que sea el fundamento de un diálogo y de un consenso que no se base sólo en la convergencia de opiniones o, peor aún, de intereses.

Pero en esta intervención de Francisco nunca se menciona ni lo uno ni lo otro. Incluso la referencia a la ética se queda en el aire sin el apoyo de la ley natural y divina. Por último, hay que mencionar la referencia a la política: los adjetivos “sana” y “buena” aplicados en el discurso papal a esta palabra ¿en qué se basan? Sin referencias a la ley natural y divina, queda poco margen para legitimar la política de forma no convencional. La Inteligencia Artificial corre el riesgo de conducirnos hacia un mundo artificial, porque sólo puede controlarse haciendo referencia a un mundo real y verdadero, y no sólo a convergencias de opiniones también artificiales.

La falta de fundamento es el aspecto más llamativo del discurso de Borgo Egnazia, y puesto que el fundamento para la Iglesia católica es Dios, llama la atención que Francisco no lo haya mencionado en ningún momento. La persona, la moral y la política no se sostienen sin Dios, y la humanidad por sí sola nunca encontrará la fuerza para afrontar los riesgos y soportar el esfuerzo que estos desafíos exigen. No se trataba, al hablar de Dios, de hacer proselitismo ante el público, sino de señalar cuál es el “gancho” superior que mantiene unida toda la construcción.

Si, por comparación, nos remitimos al último capítulo de la Caritas in Veritate de Benedicto XVI, encontramos una exposición diferente del tema. Este capítulo no habla exactamente de la inteligencia artificial sino, más en general, de la tecnología y el “espíritu del tecnicismo”. En 2009, el tema de Borgo Egnazia aún no había estallado. Pues bien, Benedicto hablaba de la “ley moral natural”: “Es necesario que el hombre vuelva sobre sí mismo para reconocer las normas fundamentales de la ley moral natural que Dios ha inscrito en su corazón”. Aquí habla tanto de la ley natural como de Dios, su creador: “Dios revela el hombre al hombre; la razón y la fe trabajan juntas para mostrarle el bien sólo si quiere verlo; la ley natural, en la que brilla la Razón creadora, indica la grandeza del hombre, pero también su miseria cuando desoye la llamada de la verdad moral”.