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El lobby gay, hacia la conquista de San Pedro

Frente a los que todavía quieren creer que el Papa no está a favor de las uniones civiles, los hechos hablan: el Pontífice sigue adelante y entre los nuevos cardenales ha elegido a tres conocidos por sus posiciones abiertamente a favor, no sólo de las uniones civiles, sino de la legitimación de la homosexualidad.

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Es enternecedor ver en los periódicos italianos y en los medios sociales, prelados y laicos que trabajan para explicar –contra toda evidencia- que el Papa no tenía la intención de apoyar las uniones homosexuales con las declaraciones del famoso docufilm Francesco presentado en Roma la semana pasada. No ha sido suficiente el elocuente silencio de los medios de comunicación del Vaticano y del portavoz del Papa, que no quiso negar la interpretación civil-unionista que dio la vuelta al mundo en pocos minutos; tampoco ha sido suficiente la reconstrucción de la postura pasada de Bergoglio sobre este tema (y que hoy el obispo argentino Aguer confirma a la Brújula Cotidiana, habiendo sido testigo directo), que demuestra que la opinión del Papa Francisco coincide exactamente con la de aquellos que han apoyado la ley sobre las uniones civiles en Italia (y que han hecho todo lo posible para boicotear la organización del Día de la Familia, llamado Family Day en Italia).

Para los que no quieren ver, tampoco las pruebas son suficientes. Y mientras tanto el Papa Francisco, sin prestar atención a la polvareda que se ha levantado, se ha adelantado y ha colocado una importante pieza más para la causa gay con el nombramiento de los nuevos cardenales. Al menos tres de ellos (de trece) están claramente a favor no sólo del reconocimiento jurídico de las uniones civiles, sino de la completa normalización de la homosexualidad; y sobre todo trabajan abiertamente por causa LGBT en la Iglesia.

El más importante de ellos es sin duda el italiano Marcello Semeraro, que ha convertido la diócesis de Albano en la capital italiana del movimiento gay católico. Cada año organiza el Foro de Cristianos LGBT italianos, cuyo objetivo es precisamente hacer que la homosexualidad –y no las personas con tendencias homosexuales- sea plenamente aceptada en la Iglesia, con un cambio en el Catecismo y una relectura de la Sagrada Escritura en clave “arco iris”. No es de extrañar entonces que tan pronto como recibió la nominación al púrpura, Semeraro apoyó, refiriéndose a la entrevista del Papa, las razones de las uniones civiles. De hecho, acababa de salir el libro del sacerdote Aristide Fumagalli, una especie de padre James Martin italiano (“L'amore possibile - Persone homosessuali e morale cristiana”), cuyo prefacio ha escrito monseñor Semeraro.

Además, ya con ocasión del Día de la Familia en enero de 2016, Semeraro apoyó abiertamente el reconocimiento de las uniones civiles, excluyendo las adopciones para las parejas homosexuales.

Así que lo que es sorprendente no es tanto la posición de Semeraro, coherente con su historia, sino su rápida carrera eclesial. Nombrado obispo de Oria en 1998 por Juan Pablo II, en 2004 fue promovido a la diócesis de Albano a pesar de los rumores sobre su relación con un sacerdote. Pero fue con la elección del Papa Francisco que sus acciones en el Vaticano crecieron enormemente: el Papa lo conocía bien porque había trabajado codo a codo con él durante el Sínodo de 2001. Así que en abril de 2013 fue llamado inmediatamente para actuar como secretario del Consejo de Cardenales, formado para ayudar al Papa Francisco en el plan de reforma de la Curia del Vaticano. Y ahora, en tan sólo diez días, ha sido nombrado primero Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, reemplazando al cardenal Angelo Becciu que había caído en desgracia mientras tanto, y posteriormente cardenal.

En una larga entrevista publicada el 2 de enero de 2018 en el periódico Nuovo Quotidiano di Puglia, monseñor Semeraro cuenta su estrecha amistad con el Papa Francisco, que unos días antes le había sorprendido al aparecer en su fiesta de su setenta cumpleaños. Y también toca el tema de los divorciados que se vuelven a casar, confirmando el discurso del Papa Francisco sobre el tema. Semeraro dice: “Si los divorciados quieren volver a casarse es incluso algo bueno: significa que no han perdido la fe en el matrimonio. Y hoy en día la Iglesia está muy atenta al aspecto subjetivo de la cuestión, que debe ser evaluada caso por caso. Los tiempos cambian”. Sí, los tiempos cambian, y por lo tanto parece que la “Nueva Iglesia” también está dispuesta a renegar de San Pablo y de todas las Escrituras que son muy claras en materia de homosexualidad.

En la misma longitud de onda está el arzobispo de Washington, Wilton Gregory, el primer obispo afroamericano en los Estados Unidos, quien hace apenas un año afirmó –respondiendo a una entrevista- que “los católicos transexuales pertenecen al corazón de la Iglesia”. Anteriormente, Gregory, como obispo de Atlanta, había abierto la catedral a las reuniones familiares con algunos miembros de LGBT y había expresado su pleno apoyo al padre James Martin y a monseñor Henry Gracz, ambos muy activos en la promoción del programa de LGBT en la Iglesia. En 2014, monseñor Gregory también nombró a un diácono como asistente espiritual de la comunidad LGBT diocesana, e hizo una severa autocrítica de la Iglesia hacia las personas LGBT.

El tercer neocardenal abiertamente gay es el maltés Mario Grech, cuyo activismo pro gay quedó claro en el primer Sínodo sobre la Familia en 2014, cuando invitó a los demás padres del sínodo a utilizar un lenguaje más sensible hacia los gays y las lesbianas. Grech también habló públicamente a favor de las uniones civiles y las parejas del mismo sexo; en una entrevista de 2015 dijo que “además del matrimonio” hay “diferentes formas de relaciones”.

Quizá no hayan sido elegidos como cardenales exclusivamente por su activismo pro LGBT, pero es cierto que una presencia tan engorrosa sobre la homosexualidad no podía pasar desapercibida. Así como es cierto que la presencia gay-católica en el Colegio Sagrado se refuerza considerablemente.

El sitio web de EE.UU. New Ways Ministry, un punto de referencia para la batalla gay dentro del mundo católico, ha felicitado al Papa por la elección de los tres mencionados, y ha enumerado a otros 10 cardenales que se consideran pro LGBT en el Colegio Sagrado, todos nombrados por el Papa Francisco: Blase Cupich, Joseph Tobin, Kevin Farrell, Jozef de Kesel, Vincent Nichols, Matteo Zuppi, Jean-Claude Hollerich, José Tolentino Medonca, John Atcherly Dew, y el padre Michael Czerny, SJ.

Hay que decir que si estos cardenales hace ya tiempo que adoptan posiciones públicas sobre el tema de la homosexualidad y las uniones civiles, es probable que dentro del Colegio Cardenalicio haya otros “simpatizantes” que hasta ahora han permanecido en la sombra: significa que el peso del lobby gay en el próximo cónclave será notable.

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