San Camilo de Lellis por Ermes Dovico
Entrevista

El carisma de San Camilo: atender a los enfermos con la ternura de una madre

San Camilo de Lellis «pedía que se atendiera a los enfermos con el mismo afecto y la misma ternura que una madre siente por su único hijo enfermo». Con motivo de la memoria litúrgica del fundador de los Ministros de los Enfermos, la Nuova Bussola Quotidiana/Brújula Cotidiana entrevista al camiliano Ange Désiré Ouedraogo.

Ecclesia 14_07_2026 Italiano English

(Artículo traducido con Deepl) Hospital San Giovanni-Addolorata, en Roma: las sirenas de las ambulancias sirven de fondo sonoro a la conversación con el padre Ange Désiré Ouedraogo, religioso camilliano, que presta su servicio como capellán en este centro hospitalario romano. Hoy, en la memoria de San Camilo de Lellis (1550-1614), intentemos reflexionar con él sobre lo que significa, en nuestro tiempo actual, encarnar ese espíritu que animó al santo fundador de los Ministros de los Enfermos.

Padre Ange, ¿qué significa ser camilliano hoy en día?
Responder a esta pregunta no es sencillo, porque no se refiere tanto a nuestro «hacer» (para lo cual ya tendríamos muchas respuestas preparadas), sino que toca directamente nuestro «ser». Va al corazón de la identidad profunda de quien ha consagrado toda su vida al servicio de los enfermos. Ser camilliano hoy significa, ante todo, custodiar y actualizar un don recibido, el carisma que Dios confió a san Camilo de Lellis: el don de ser Cristo para los enfermos y, al mismo tiempo, de reconocer el rostro de Cristo en ellos. Y, además, significa encarnar el espíritu y la misión que Dios ha querido otorgar a la Iglesia a través del testimonio de Camilo, quien, para vivir esta vocación, dio vida a una auténtica «nueva escuela de caridad»: la Orden de los Ministros de los Enfermos, conocidos como camilianos. Por último, debemos recordar nuestro cuarto voto: servir a los enfermos incluso a riesgo de nuestra propia vida. En un mundo herido, ser camilliano hoy significa ser una presencia profética y un signo tangible de la misericordia y la ternura de Cristo hacia todo sufrimiento humano.

¿Qué significa estar al servicio de los que sufren en un hospital?
Para un camilliano, el hospital no es simplemente un lugar de trabajo, sino la «mística viña del Señor», es decir, un espacio sagrado equiparable a un lugar de culto. En este contexto, estar al servicio significa, ante todo, estar ahí: estar presentes, acercarse y convertirse en «prójimo» del otro, tal y como nos enseña la parábola del Buen Samaritano, tan querida para nosotros. Significa ser una presencia histórica (es decir, física, concreta) y profética, convirtiéndose en un signo tangible de la misericordia de Cristo para quienes sufren. Servir en el hospital se traduce en algunas actitudes fundamentales. Centralidad e integralidad de la persona: significa situar al paciente en el centro en toda su integridad física, social y psicológica para reconocerlo como la propia persona del Señor. Presencia bajo la cruz: significa estar espiritual y físicamente a los pies de las innumerables cruces del mundo con las que nos encontramos, dando testimonio de un Dios que no está lejos, sino que sufre con la humanidad. Servir con amor maternal: custodiar y poner en práctica la inspiración original de San Camilo, quien pedía que se asistiera a los enfermos con el mismo afecto y la misma ternura que una madre siente por su único hijo enfermo. Acompañamiento espiritual: ofrecer una presencia que alivie el dolor del alma, especialmente a través del servicio de la pastoral de la salud y de la capellanía.

¿Cuáles son las palabras de San Camilo de Lellis, las más importantes, que le vienen a la memoria en su servicio?
«¡Más corazón en esas manos, hermanos, más corazón!», quizás la frase más conocida: una invitación apremiante a una asistencia devota, apasionada y llena de humanidad. Es la invitación a poner amor en cada gesto. Luego, «Dios lo es todo, el resto no es nada»: esta expresión me viene a la mente muy a menudo en las salas, sobre todo al final de un diálogo intenso con una persona que sufre, cuando, tras haber compartido el dolor, llegamos juntos a redescubrir lo que realmente importa en la vida. «Sigue, pusilánime, la obra no es tuya, sino mía»: son las palabras de ánimo que Camilo contó haber oído directamente del crucifijo en un momento de profunda crisis. Vuelven a la memoria en los momentos de cansancio o ante las dificultades institucionales y personales, para recordarnos que solo somos instrumentos de una obra más grande.

¿Cómo es posible hablar de esperanza y de vida eterna a quien, en ese momento, está viviendo el drama de la enfermedad o incluso de un duelo?
Ante la persona que sufre, la palabra debe, ante todo, «encarnarse» y hacerse presencia. San Camilo de Lellis enseñaba a comunicar la esperanza a través de una cercanía atenta y discreta, sugiriendo utilizar siempre pocas y compasivas palabras. Hablamos de esperanza cuando nos convertimos nosotros mismos en «iconos de misericordia»: al igual que un icono sagrado, nuestra presencia debe dejar entrever y ayudar a adentrarse en algo más grande. Junto a la legítima esperanza de la curación física, tenemos la tarea de dar testimonio de que la verdadera esperanza no reside solo en la salud del cuerpo, sino que es lo que nos abre a Dios. Por eso, según el estilo camilliano, la esperanza se transmite mucho menos con las palabras y mucho más con gestos concretos, a través de tres vías fundamentales: la caridad como lenguaje; luego, con una presencia consoladora, la misericordia de Dios se hace visible y concreta al secar las lágrimas de quien llora la muerte de un ser querido o de quien lucha contra la enfermedad y la soledad; ver al Eterno en el presente: hablar de vida eterna significa saber contemplar «al Creador en la criatura», aportando confianza y remedio al mal no solo físico, sino también espiritual.

¿Cuál es la lección de San Camilo de Lellis que considera más actual?
Creo que la lección más vital que San Camilo nos transmite en nuestra época se puede resumir en tres pilares: el valor de la ternura, la esencialidad del corazón y el redescubrimiento de la dignidad del ser humano en cualquier circunstancia. En un sistema sanitario moderno cada vez más tecnicizado, el testimonio de Camilo nos recuerda que, sin el corazón y sin la humanidad, cualquier tratamiento médico queda incompleto. La reforma de San Camilo fue tan radical para la época que incluso le llevó a ser expulsado de algunos hospitales. Esa misma radicalidad sigue siendo muy válida hoy en día: tenemos la profunda necesidad de crear sistemas sanitarios que valoricen a la persona, orientando las competencias técnico-científicas y la gestión administrativa hacia el bienestar integral del paciente. San Camilo luchó con ahínco contra la asistencia puramente mercenaria y desganada, promoviendo una atención basada en el amor, la gratuidad y la dedicación absoluta. En toda época, el objetivo último del camilliano sigue siendo custodiar, proteger y valorar el bien sagrado de la vida humana. Pensar en San Camilo de Lellis hoy significa evocar la figura del Buen Samaritano. Nos recuerda que la gracia de Dios puede transformar radicalmente una vida para convertirla en un don incansable y perenne al lado de los más sufrientes.