Del asombro al cambio de vida
María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón (Lc 2,19)
En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.
Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.
Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.
(San Lucas 2,16-21)
Después de haber visto a Jesús y haber causado asombro en quienes los escuchaban, los pastores vuelven a su vida cotidiana, pero no como antes: alaban y glorifican a Dios. El encuentro con Jesús no los separa del mundo, sino que los devuelve al mundo transformados. En esta trama de asombro, memoria y alabanza, el Evangelio nos muestra que Dios entra en la historia de manera humilde, pero deja huellas profundas en los corazones dispuestos. Ante los acontecimientos de tu vida, ¿te pones en camino como los pastores o lo pospones por miedo o por costumbre? Después de «ver» la obra de Dios, ¿regresas a tu vida cotidiana con una mirada capaz de alabar?
