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Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría (Mt 2,10)
Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.
Ellos le contestaron:
«En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:
“Y tú, Belén, tierra de Judá,
no eres ni mucho menos la última
de las poblaciones de Judá,
pues de ti saldrá un jefe
que pastoreará a mi pueblo Israel”».
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:
«Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo».
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con Maria, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.
(San Mateo 2, 1-12)
Los Reyes Magos no pertenecen al pueblo de la alianza, pero son de los primeros en reconocer el nacimiento del rey de los judíos. La estrella que los guía es el símbolo de un deseo profundo: cuando el corazón está abierto, Dios sabe hacerse encontrar incluso por quienes vienen «de lejos». El contraste con Herodes es evidente. Ante el nacimiento del Mesías, el rey se turba y trata de defender su poder, mientras que los Magos se regocijan y adoran. Hay un conocimiento que permanece frío, como el de los escribas que saben indicar Belén pero no se mueven, y un conocimiento que se convierte en camino, riesgo, encuentro. La fe no es solo saber dónde nace Cristo, sino ir hacia Él. ¿Qué estrellas estás siguiendo en tu vida? ¿Te llevan hacia Cristo o hacia el mundo?
