Pentecostés por Ermes Dovico
POLONIA

Ataque a Wojtyła, un castillo de mentiras basado en los “expedientes” rojos

Con una bien estudiada operación de marketing, se lanzó en Polonia el libro “Máxima culpa”, en el que se afirma que Wojtyła encubrió los abusos de los sacerdotes cuando era arzobispo de Cracovia. Ataques que vienen de lejos, fruto de una progresiva obra de demolición de Juan Pablo II en patria y que une a sectores anticlericales, medios liberales y católicos hostiles a la Tradición. Y en el origen están los expedientes falsos del régimen comunista.

Internacional 09_03_2023 Italiano English

En el país que vio nacer a San Juan Pablo II hay fuerzas que desde siempre no han soportado al que fue primero arzobispo de Cracovia y luego Papa. Hasta 1989 fue sobre todo el aparato del régimen comunista en Polonia, que hizo todo lo posible para disminuir el impacto de la acción pastoral del Papa en su patria. Pero las mismas fuerzas políticas continuaron criticando a Juan Pablo II incluso después del giro democrático de 1989, aliándose con círculos liberales anticlericales y con católicos “abiertos” que resentían la línea “conservadora” de la Iglesia.

Durante el pontificado de Juan Pablo II los ataques estuvieron vinculados a su enseñanza sobre la sexualidad, la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural, el papel de la mujer en la Iglesia, su “anticomunismo”; pero parecía que estos argumentos no podían arañar su gigantesca figura en casa, donde se hablaba de él con el mayor respeto. Sin embargo, en secreto, en Polonia actuaban fuerzas que querían destruir “el mito de Wojtyła”, principalmente vinculadas al influyente periódico Gazeta Wyborcza. En las páginas de este periódico liberal de izquierda comenzaron a aparecer ataques directos al santo polaco, en particular por parte de ex sacerdotes como Stanislaw Obirek: desafortunadamente, sus ataques, cada vez más vulgares y primitivos, no fueron objetados ni estigmatizados. En Polonia han olvidado la regla de Goebbels, el genio de la propaganda de Hitler, según la cual siempre quedará algo de las mentiras repetidas hasta el infinito. Y así ciertas mentiras sobre la figura de Juan Pablo II comenzaron a ser percibidas como verdad.

Pero también hubo otro factor que facilitó la acción de “deconstrucción” de la figura del Pontífice: el factor tiempo. Desde hace más de una década, en Polonia, trabajan en el mundo de la información personas que no han conocido directamente a Juan Pablo II y no han podido apreciar su carisma, obra y enseñanza. Además, se formó una verdadera coalición mediática con el objetivo de destruir el legado de Juan Pablo II. Coalición formada por la citada Gazeta Wyborcza, el semanario Newsweek, la televisión TVN y el portal Onet (Newsweek y Onet están vinculados al gigante mediático suizo-alemán Ringier Axel Springer).

Desafortunadamente, los casos de abuso real y supuesto de menores por parte de sacerdotes y las acusaciones contra la jerarquía de tolerar la pedofilia han proporcionado un arma formidable contra la Iglesia y Juan Pablo II. Y en estos días asistimos en Polonia al apogeo de los ataques contra la figura de Wojtyła.

El 8 de marzo, Ágora -la misma editorial de Gazeta Wyborcza- lanzó el libro “Máxima culpa. Juan Pablo II lo sabía” (Maximum guilt. John Paul II knew it), del periodista holandés Ekke Overbeek. Este es el eslogan de marketing: “Lo que la Iglesia esconde sobre Juan Pablo II”. El semanario Newsweek lanzó las acusaciones con la portada con la foto del Papa y el titular: “La verdad oculta sobre la pedofilia”. Subtítulo: “Ocultando los delitos sexuales de sus sacerdotes, se comportó como un aparato comunista de la Iglesia”. Para colmo, el 7 de marzo TVN emitió un reportaje de Marcin Gutowski sobre las supuestas responsabilidades de Wojtyła en tolerar episodios de pedofilia cuando era arzobispo metropolitano de Cracovia.

Pero el ataque masivo, bien sincronizado como podemos ver, no acaba aquí: los medios de comunicación han sacado a relucir la historia del presunto abuso sexual cometido por el cardenal Adam Sapieha, metropolitano de Cracovia durante muchos años. Durante la Segunda Guerra Mundial, el cardenal organizó un seminario clandestino en el que, entre otros, también estudiaron sus dos sucesores: Karol Wojtyła y Franciszek Macharski, ambos ordenados por Sapieha. Se insinúa que Wojtyła “aprendió” la tolerancia al abuso de su “mentor” Sapieha; hay quienes maliciosamente sugieren que tal vez había "algo" entre Wojtyła y el anciano cardenal que tanto lo apreciaba. Es una historia completamente falsa, que revela cómo se ha perdido toda la ética periodística. Y vale la pena analizarla.

Las mentiras sobre la presunta homosexualidad del cardenal Sapieha y su supuesto abuso de los seminaristas fueron publicadas en Gazeta Wyborcza. Las acusaciones se basan en declaraciones de Anatol Boczek, un sacerdote colaboracionista del régimen comunista que quería organizar una iglesia nacional controlada por el partido en Polonia. Boczek pertenecía a un grupo de los llamados sacerdotes patriotas y estaba en conflicto abierto con el cardenal Sapieha cuando escribió sus declaraciones para los servicios secretos polacos. Fue suspendido por el cardenal precisamente por su colaboración con el régimen comunista. Boczek era alcohólico y sus declaraciones eran tan descaradamente falsas que ni siquiera los comunistas de la época se atrevieron a usarlas para atacar a Sapieha. Al final, fue eliminado de la lista de colaboradores.

Cabe recordar que la década de 1950 fueron los años de mayor represión contra la Iglesia llevadas a cabo por el régimen comunista. El cardenal Sapieha murió en 1951 y poco después las autoridades comunistas arrestaron a los obispos de las diócesis de Katowice y Cracovia, quienes posteriormente organizaron el falso juicio a los sacerdotes de Cracovia, típico del período estalinista.

Para acreditar las mentiras del colaborador del régimen comunista, también se puso en juego a don Andrzej Mistat, capellán del cardenal. Su testimonio, extraído de los archivos de los servicios secretos comunistas, debía ser una prueba de las tendencias homosexuales del cardenal. Pero hoy nadie explica que ese testimonio lo redactó don Mistat en las oficinas de los servicios secretos. Fue detenido, golpeado y amenazado y, en la incertidumbre de su destino, hizo esta declaración. Este tipo de testimonio forzado obtenido de los sacerdotes fue utilizado para organizar los juicios-farsa contra los obispos. Entonces sólo cabe admirar la astucia de don Mistat que, arriesgándose a ir a prisión y teniendo que escribir algo, ideó acusaciones de carácter sexual que probablemente le parecieron “inofensivas”. ¿Cuál es el valor de este tipo de documentos del servicio secreto? No deberían tener valor legal, pero mientras tanto son publicitados y utilizados por los medios de comunicación como prueba “segura” de culpabilidad.

Los medios de comunicación hacieron más acusaciones, meramente denigrantes: el hecho de que, durante la guerra, el card. Sapieha albergara a los seminaristas en su edificio sería una “prueba” de que era homosexual, pero los mismos medios ocultan la información de que los edificios del seminario habían sido ocupados por los alemanes.

Entristece la actitud de los editores del semanario Tygodnik Powszechny, fundado por card. Sapieha, que se preguntan si el joven Wojtyła había sido molestado por el cardenal. Estas tesis iconoclastas alcanzan el colmo de la falsedad, pero no sirven para convencer a los historiadores que fácilmente pueden refutarlas: su objetivo es destruir la autoridad de quienes son precisamente las autoridades para nosotros, los católicos comunes y corrientes, que por lo general no tenemos las herramientas para verificar estas vergonzosas mentiras. Golpear a una persona que murió hace setenta años no permite una defensa justa porque la gente no conoce el contexto histórico de los hechos, los condicionamientos políticos, etc. Los círculos que lanzaron el ataque a Wojtyła cuentan con esto.

Golpeando al cardenal Sapieha se quiere golpear, hay que subrayarlo con fuerza, la figura de San Juan Pablo II. Dice monseñor Jan Machniak, profesor de la Pontificia Academia Teológica de Cracovia: “El propósito de golpear a Juan Pablo II y a las personas asociadas con él es destruir el gran legado que el Papa ha dejado no solo a la Iglesia sino a toda la humanidad”. Debemos tener esto en cuenta al leer las noticias “sensacionalistas” sobre Wojtyła, que están llegando desde Polonia en los últimos días.