• CASO NADIA GEERTS

Tilt hacia izquierda: una laicista amenazada por los yihadistas

Nadia Geerts, profesora de filosofía de Bruselas, atea militante y laicista radical, escribió en la revista Marianne un artículo de solidaridad intelectual con Samuel Paty, el profesor de historia decapitado por los islamistas en Francia, por mostrar las caricaturas de Mahoma en el aula. Ahora, sin embargo, ella misma está amenazada. ¿Con quién estará la izquierda? ¿La defenderá la Bélgica multicultural?

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Nadia Geerts vive en Bruselas, es una profesora conocida por su activismo en el mundo del antirracismo y el laicismo. Feminista, profesora de filosofía en la Haute École Bruxelles-Brabant (HE2B) y también columnista de la famosa revista de izquierda francesa Marianne, tras la decapitación del profesor escribió Soy Samuel Paty. Un lacónico homenaje a un colega sacrificado sobre el altar del islamismo, que le costó la picota en la plaza pública.

De verdad muy pocos compartieron su posición y el deseo de preservar la memoria del profesor decapitado. Y en breve comenzó un calvario personal que duró tres meses. Hace apenas unos días, de hecho, tuvo el coraje de denunciar tres meses de persecución al estilo Mila. La llamaron islamófoba, luego de racista hasta llegar a las amenazas de muerte. Su foto rebotó en la red interminable del Social Network. Perfiles con más de 50.000 miembros acusaron a Geerts de “promover el privilegio blanco” con el apoyo al profesor decapitado por los islamistas. La denuncia pública pretendía ser una forma de imponer, en cierta medida, el apoyo de la escuela donde enseña y de todas las autoridades. Un apoyo que, mantenido en privado, evidentemente tardó en llegar. Así, el jueves el profesorado en donde enseña -no se sabe durante cuánto tiempo- decidió producir una nota en la que expresó su total solidaridad a la docente. Y el Ministerio de Igualdad de Oportunidades de Valonia presentó una denuncia ante la Fiscalía de Bruselas remitiendo amenazas e insultos.

“Ahora que el odio contra mí se ha liberado, ¿cómo puedo estar segura de que mi integridad física y moral está garantizada, como enseñante y como ciudadana?”, escribió Geerts, dando a entender que con toda probabilidad ella no regresará al lugar de trabajo. Geerts no es tonta. Conoce el mundo de la comunicación y el post de denuncia de su blog también ha llegado a Francia. La escuela la ha abandonado. El apoyo es solo simbólico, dice. Y llegó meses después. Nadie compartió el homenaje a Samuel Paty. Nadie, escribe Nadia Geerts, la ha defendido de lo que ella misma llamó “excesiva influencia e injerencia de los activistas pro Islam tanto en las redes sociales como en el mundo escolar”.

A la maestra que hasta ayer luchó por el sueño de una escuela laica en Bélgica, ganó premios y fue mostrada como modelo por todo el mundo escolar, solo a partir de hoy su escuela secundaria -como declaró la directora- le otorgará libertad para usar símbolos de afiliación religiosa. Hoy Nadia Geerts es víctima de ese laicismo que ha dejado un enorme vacío, ocupado en poco tiempo por el islam. Teme un atentado similar al que le costó la vida a Samuel Paty: “Con el regreso a clases y el horario hecho público, todos los alumnos sabrán dónde estoy y cuándo, y esto podría ser comunicado a quien tiene malas intenciones”.

En los últimos meses, el clima de odio y de violencia se ha incrementado, aunque para la revista Marianne los ataques son todos contra Geerts, son sólo por ser feminista. La verdad es que estamos en Bélgica, en Bruselas, donde vive aproximadamente la mitad de los musulmanes del país, la población islámica ha superado los 300 mil: es decir, alrededor del 25% de la población de la capital. Esto convierte a Bruselas en una de las ciudades islámicas más grandes de Europa. En Bélgica, el problema del islam radical se originó en la década de 1960, cuando las autoridades belgas alentaron la inmigración masiva desde Turquía y Marruecos como mano de obra barata. Más tarde llegaron inmigrantes de Egipto y Libia. Las fábricas cerraron, pero los migrantes se quedaron y echaron raíces. Hoy en día, la mayoría de los musulmanes que viven en Bélgica son hijos de inmigrantes de tercera o cuarta generación.

Antes del surgimiento del Estado Islámico, el grupo salafista más conocido de Bélgica era Sharia4Belgium, que desempeñó un papel importante en el proceso de radicalización de los musulmanes del país. Sharia4Belgium fue prohibida en febrero de 2015, cuando su líder, Fouad Belkacem, fue condenado a 12 años de prisión. A pesar de ser uno de los países más pequeños de Europa occidental, Bélgica se ha convertido en la principal fuente europea de yihadistas que luchan en Siria e Irak. Pero también en Europa: muchos atentados y atacantes han pasado por Bélgica. “En veinte años - escribió Le Figaro en 2008 - Bruselas será musulmana”.

No existen estadísticas recientes sobre las presiones a las que están sometidos los profesores en las escuelas belgas como las más recientes generalizadas en Francia, donde el islam guía la enseñanza de los profesores. Pero es fácil imaginar, dadas las premisas, cómo el clima no sea lejano al de París. Geerts es, pues, sólo la última víctima de ese antirracismo que se ha convertido en ideología. Y no es de extrañar, entonces, que recién el martes pasado, el alcalde de Ollioules, en el Var, viera rechazada la propuesta de dar el nombre de “Samuel Paty” al instituto “Eucalyptus”, ante la falta de entusiasmo general. Según el sitio web France Bleu, consultado por una encuesta interna, el 100% de los profesores, el 89% de los padres y el 69% de los estudiantes se opusieron al proyecto municipal. ¿Un recuerdo no deseado o un riesgo demasiado alto para su seguridad?

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