• FRAGMENTOS DEL EVANGELIO

Quien persevera en el pecado no tolera a los santos

Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista. (Mt 14, 8)

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En aquel tiempo, oyó el tetrarca Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus cortesanos: «Ese es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él». Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Filipo; porque Juan le decía que no le era lícito vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta. El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: «Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista». El rey lo sintió, pero, por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran, y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús. (Mt 14, 1-12)

 

Quien persiste, sin arrepentirse, en el pecado siente repulsión por los santos porque su conducta de vida hace evidente que se puede resistir a la tentación. No es por tanto raro que, por envidia, el perverso busque, en un primer momento, corromper la pureza del santo implicándolo en sus vicios, aunque solo sea pidiéndole un complaciente y silencioso silencio; en el caso que no consiga su propósito, empieza a difamar al santo para, después, poder pasar a la persecución real que a veces desemboca en intentos de homicidio, como en el caso de Herodías respecto a Juan Bautista. Señor, ayúdanos a admirar a las personas santas para admirarte a Ti, el tres veces Santo digno de toda alabanza.

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