¿Qué frutos concretos?
Sin mí no podéis hacer nada (Jn 15,5)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.
Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.
Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.
Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».
(San Juan 15, 1-8)
Jesús se presenta como la vid verdadera y revela que la vida del discípulo depende totalmente de su comunión con él. Solo permaneciendo unidos a Cristo se pueden dar frutos auténticos, mientras que la separación conduce al vacío y a la esterilidad espiritual. La poda, aunque dolorosa y a menudo insoportable para nosotros, resulta necesaria para un crecimiento más pleno y fecundo. ¿Te mantienes firmemente unido a Jesús en tus decisiones cotidianas o te basta con ti mismo? ¿Qué frutos concretos está dando tu relación con Cristo?
