• EL CATECISMO DE LOS DOMINGOS

¿Qué es la caridad?

La virtud teologal de la caridad es la más noble de las virtudes, la que ordena todas las demás y sin la cual todas las demás no serían nada. Es sobre todo la amistad con Dios, una virtud sobrenatural que inclina la voluntad de amar a Dios y al prójimo.

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El tema de esta lección se refiere a la VIRTUD TEOLOGAL DE LA CARIDAD.

Para entender el significado de la caridad, término muy usado hoy en día, haremos referencia a la Suma Teológica, siguiendo la gran Tradición de la Iglesia que ha confluido en la exposición de santo Tomás, pero también tomaremos como referencia otras fuentes y textos.

El propio santo Tomás dedica muchas quaestiones a la caridad (en II-II), desde la 23 hasta la 44. Intentemos ahora esbozar un marco general y sintético, que será también nuestro camino.

- En la primera parte se pregunta qué es la caridad en sí misma, es decir, LA ESENCIA DE LA CARIDAD (Quaestiones 23 y 27).

- Las Quaestiones 24 y 25 están dedicadas respectivamente al SUJETO Y OBJETO DE LA CARIDAD. Sujeto, es decir, la caridad inherente al hombre, a su voluntad; objeto, es decir, quién es el destinatario de esta caridad.

- La Quaestio 26 habla del ORDEN DE LA CARIDAD, porque en la caridad hay un orden muy preciso, según lo que nos llega de la Escritura y de la Tradición de los Padres.

- Las Quaestiones 28 a 33 se refieren a los EFECTOS DE LA CARIDAD, como la alegría, la benevolencia, la misericordia.... 

- Finalmente, una larga serie de Quaestiones, de la 34 a la 43, que tratan de las VIRTUDES OPUESTAS A LA CARIDAD, como el odio, el cisma, la sedición...

- La Quaestio 43, la última, habla de los PRECEDENTES DE LA CARIDAD.

¿QUÉ ES LA CARIDAD?

Estamos en el primer artículo de la Quaestio 23: Santo Tomás nos explica que la caridad tiene la naturaleza de AMISTAD y la referencia es el capítulo 15 del Evangelio de san Juan, donde Jesús dice: “Ya no os llamo siervos, sino amigos”.

La caridad tiene, pues, la naturaleza de la amistad:

Pero si no queremos el bien para las personas amadas, sino que apetecemos su bien para nosotros, como se dice que amamos el vino, ya no hay amor de amistad, sino de concupiscencia”.

Por ejemplo, la lujuria, que hoy se llama amor, no tiene nada que ver con el amor y la caridad. La lujuria, en efecto, es un amor de concupiscencia, además desordenado: es utilizar a la persona para la gratificación del concupiscible en un acto de adulterio o fornicación. La caridad, en cambio, no es un amor de concupiscencia, ni ilegítimo ni legítimo, sino un amor de amistad y benevolencia.

- La amistad es una comunión, pero entonces podemos preguntarnos: ¿cómo puede haber amistad y comunión, o lo que es lo mismo, una cierta igualdad, entre el hombre y Dios?

Para responder a esta pregunta, santo Tomás cita un texto de la primera carta a los Corintios, versículo 9:

“¡Fiel es Dios, por quien habéis sido llamados a la comunión de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor!”

A diferencia de la amistad humana, que es una amistad entre iguales por naturaleza, la caridad es un tipo especial de amistad porque requiere que Dios nos eleve de alguna manera a la vida divina. Así pues, la caridad es posible, en primer lugar, en la medida en que Dios ha amado primero al hombre, elevando al hombre hacia Sí mismo.

 

- Santo Tomás también se pregunta: ¿cómo es posible hablar de amor entre amigos si la caridad también nos pide que amemos a nuestros enemigos?

“Se tiene amistad con otro de dos maneras. O se le ama por sí mismo, y en este sentido sólo puede haber amistad con el amigo, o se le ama por la amistad que se tiene con otra persona. Por ejemplo, si se tiene amistad con determinado hombre, por esa amistad se ama a cuantos estén relacionados con él, sus hijos, sus criados o cualesquiera allegados. Y puede ser tan grande el amor al amigo, que por él amemos a sus allegados, incluso si nos ofenden o nos odian. De este modo la amistad de caridad se extiende incluso a los enemigos, a quienes amamos por caridad en orden a Dios, con quien principalmente se tiene la amistad de caridad” (q. 23, a. 1, ad 2).

La caridad es el amor a Dios y al prójimo en orden a Dios, y es precisamente un amor de amistad, de benevolencia, que sólo es posible porque Dios nos ha elevado a un orden superior y ha creado una especie de comunión entre nosotros y Él.

En el artículo 2, santo Tomás se pregunta si la caridad es algo creado en el alma.

En este artículo, santo Tomás apunta a algo muy importante. Se podría pensar que, puesto que Dios mismo es caridad, la caridad en el hombre no es otra cosa que la presencia de Dios. Esta presencia de Dios es verdadera, en el sentido en que toda la Tradición habla de la inhabitación de la Santísima Trinidad en el alma en gracia.

Sin embargo, la pregunta que se hace Santo Tomás es otra:

- Puesto que Dios es caridad, ¿en qué sentido el acto de caridad del cristiano es la vida de Dios en nosotros? ¿Es Dios quien trabaja en nosotros aparte de nosotros, o trabaja en nosotros haciendo uso de las facultades del hombre según su naturaleza? En consecuencia, ¿podemos decir que la voluntad del hombre es tal y es libre?

Santo Tomás afirma:

Es necesario que la voluntad sea movida por el Espíritu Santo para que ella misma sea la causa de ese acto”.

De lo contrario, no sería el hombre el que vive y realiza actos de caridad, sino que Dios sería el sujeto y el hombre un mero instrumento. En su lugar,

“De ahí que Dios, que todo lo mueve a sus debidos fines, ha dado a cada ser las formas que les inclinan a los fines por El señalados, como dice la Sabiduría: Todo lo dispone suavemente (Sab 8,1). Es, sin embargo, evidente que el acto de caridad rebasa lo que por su propia naturaleza puede nuestra potencia voluntaria. Por eso, si a su poder natural no le fuera sobreañadida una forma que le inclinara al acto de amor, ese acto sería más imperfecto que los actos naturales y que los actos de las demás virtudes; no sería fácil ni deleitable. Y esto es, evidentemente, falso, pues ninguna virtud tiene tan fuerte inclinación a su acto como la caridad, ni ninguna actúa tan deleitablemente como ella. Resulta, pues, particularmente necesario para el acto de caridad que haya en nosotros alguna forma habitual sobreañadida a la potencia natural, que la incline al acto de caridad y haga que actúe de manera pronta y deleitable”.

La caridad es, pues, una virtud sobrenatural que inclina la voluntad al amor de Dios y del prójimo, respetando la naturaleza de la voluntad misma, que se eleva, no se destruye.

Añade santo Tomás:

La esencia misma divina es caridad, como es sabiduría y como es bondad. De ahí que, como nos decimos buenos con la bondad, que es Dios, y sabios con su sabiduría, porque la bondad con que somos formalmente buenos es participación de la divina, y somos sabios con su sabiduría, pues la nuestra es también formalmente participación de la divina, así también la caridad con que formalmente amamos al prójimo es cierta participación de la divina.” (q. 23, a. 2, ad 1).

Este texto presenta un principio cardinal de la filosofía de santo Tomás: el principio de la participación. El hombre es bueno en cuanto participa de la bondad de Dios, el hombre es sabio en cuanto participa de la sabiduría de Dios, el hombre es caritativo en cuanto participa de la caridad de Dios...

Por último, santo Tomás dedica algunos artículos (del 4 al 8) a describir la caridad como una virtud especial.

1.         LA CARIDAD ES LA MÁS NOBLE DE LAS VIRTUDES.

“Es necesario que entre las propias virtudes teologales, la que mejor llega a Dios sea la más noble. Por otra parte (se sabe que) los medios directos son superiores a los indirectos. Ahora bien, la fe y la esperanza llegan a Dios en la medida en que nos hacen conocer la verdad y alcanzar la beatitud, pero la caridad llega a Dios tal como es en Sí mismo, no en la medida en que recibimos algún beneficio de él. Por eso la caridad es más noble que la fe y la esperanza, y por tanto que todas las demás virtudes” (a. 6).

 

2. Cada virtud tiene su fin y su meta, pero ordenar cada virtud al fin supremo no puede hacerse con una sola virtud. SE NECESITA UNA VIRTUD QUE ORDENE TODAS LAS VIRTUDES AL FIN SUPREMO. ESTA VIRTUD ES LA CARIDAD.

La verdadera virtud en sentido absoluto es la que ordena el bien principal del hombre [...] y así no puede haber verdadera virtud sin caridad. Si, por el contrario, la virtud se considera en relación con un fin particular, entonces se puede hablar de virtud sin caridad, en la medida en que se ordena a un bien particular. Pero si este bien particular no es un bien verdadero, sino aparente, la virtud correlativa a él no será una virtud verdadera, sino una falsa imagen de ella” (a. 7).

3. Finalmente, en el artículo 8, santo Tomás dice que la CARIDAD DA LA FORMA A LOS ACTOS DE TODAS LAS OTRAS VIRTUDES Y EN ESTE SENTIDO SE DICE QUE ES LA FORMA DE LAS OTRAS VIRTUDES.

El bien último del hombre es Dios, el fin último del hombre es Dios; la caridad “sobreordena” las virtudes humanas a Dios. En este sentido, da forma a todas las demás virtudes, y las demás virtudes sin la caridad no son nada. Precisamente porque la caridad es el amor a Dios por sí mismo y el amor al prójimo por y para Dios, el bien supremo del hombre.

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