Santo Tomás Moro por Ermes Dovico
CRÍMENES DIABÓLICOS

Psicólogos y exorcistas, unidos contra la “demonopatía”

Dos mujeres asesinadas en Italia ponen de relieve un fenómeno desconocido: la “demonopatía” severa. El autor confesó haber matado por instigación de una voz. Pero los psicólogos y psiquiatras deben trabajar en equipo con los exorcistas. En Italia, el primer grupo interdisciplinar está dando sus frutos. El consejero Fabrizio Penna ha explicado a la Brújula Cotidiana: “Se necesita un diagnóstico psicológico y un discernimiento espiritual: no podemos decir que todo depende del diablo, pero tampoco podemos decir lo contrario. Si comprobáramos que existe una perturbación espiritual en estos asesinos, encontraríamos una forma grave de obsesión diabólica”.

Crónica 02_07_2021 Italiano English

Sus primeras palabras a los investigadores inmediatamente después de la confesión fueron: “Actué siguiendo un impulso superior, un demonio que me atormenta, como una voz interior que me decía que matara”. Este es el escalofriante relato del joven italiano de 16 años de la provincia de Bolonia que confesó el asesinato de su compañera, Chiara Gualzetti. Y lo mismo ha reconocido otro joven de 35 años del Véneto que mató a una camarera.

¿Qué se esconde detrás de estos dos episodios sucedidos a pocos días de distancia? ¿Existen realmente esas voces, esos impulsos incontrolables de matar? ¿Pueden tener conexión con una dimensión demoníaca y no sólo psicótica? ¿Y cuál es el límite que separa la psicosis de la enfermedad espiritual?

La Brújula Cotidiana ha hablado de todo esto con Fabrizio Penna, doctor en técnicas psicológicas, mediador familiar y consejero profesional, además de profundo conocedor de los problemas espirituales.

Penna, una voz es siempre una clara indicación, ¿no?
Palabras como éstas no son necesariamente evidencia de acciones demoníacas o psicopatológicas. Es necesario hacer un diagnóstico desde el punto de vista clínico y un discernimiento desde el punto de vista espiritual. Tomando prestadas las palabras de san Juan Pablo II, es necesario proceder con Fides et Ratio: la fe debe estar siempre unida a la razón y viceversa, sin estos dos pilares se corre el riesgo de terminar en el fideísmo o en el racionalismo.

¿Es muy probable, entonces, que detrás de estos episodios haya un problema espiritual extraordinario?
No es probable, sino posible. El uso de los términos es fundamental en estos casos, la probabilidad se basa en pistas bien evidenciadas en la historia que se recoge.

¿De dónde surge esta posibilidad?
La posibilidad surge del hecho de que entre los síntomas de quienes tienen verdaderos problemas espirituales también puede estar el de escuchar voces que empujan a hacer acciones contra su propia naturaleza, podría tratarse de obsesiones demoníacas, pero repito que hay que evitar unir automáticamente las voces con un problema espiritual, de lo contrario haríamos el ridículo. Hay que saber descifrar las señales e indicios que sólo pueden recogerse mediante una escucha atenta y competente.

¿Cuáles son las señales de alarma?
Entre los indicios están los comportamientos repentinos y extraños contrarios al propio carácter: si hasta ayer uno se comportaba de una manera determinada y de repente aparecen pensamientos obsesivos junto con compulsiones incontrolables hacia determinadas acciones, hay que levantar las antenas e ir a investigar qué pasó justo antes del cambio de comportamiento. Si el chico asegura, por ejemplo, haber estado en una fiesta rave o haber participado en algunos rituales esotéricos, eso podría ser una señal de alarma.

El chico que mató a Chiara (en la foto) iba a terapia psicológica. ¿No fue suficiente?
Los aspectos psicológicos y espirituales se manifiestan en la misma zona, es decir, el alma, que corresponde a la psique desde el punto de vista antropológico. Es necesario razonar con una visión paulina, en el sentido de entender que la persona se compone de espíritu, alma y cuerpo, de lo contrario es imposible entender los problemas espirituales. No son niveles separados sino unidos, Santo Tomás de Aquino los llamaría “synol”. 

¿Es posible trabajar en dos niveles? ¿Uno psicológico y otro espiritual?
Absolutamente sí. El psicológico a través de un diagnóstico, el espiritual a través del discernimiento. Las perturbaciones pueden ser psicopatológicas o espirituales extraordinarias. Para distinguirlas es necesario formar a los que tienen que hacer el diagnóstico o el discernimiento según una competencia específica.

¿Qué entendemos por problemas espirituales?
Los problemas espirituales pueden dividirse en tres tipos: la vejación, que se expresa a través de manifestaciones físicas con síntomas que también pueden detectarse a nivel médico; la obsesión demoníaca, que es la más compleja y se desarrolla a través de pensamientos obsesivos recurrentes que llevan a la persona a hacer el mal que no quiere en comparación con el bien que desea, y la posesión demoníaca, que es extremadamente rara y lleva al espíritu del mal a tomar posesión no sólo de los pensamientos, sino de toda la mente, desconectando temporalmente la conciencia de la persona y ocupándola por completo.

Y en el caso de los crímenes de estos días, ¿de qué podríamos hablar?
Si se demostrara el problema espiritual extraordinario, estaríamos ciertamente ante una obsesión demoníaca muy grave.

¿No sería posesión?
99 de cada 100 veces, si una persona con obsesiones tan graves fuera sometida a una acción espiritual eficaz –es decir una oración de liberación o un exorcismo-, probablemente respondería también con una posesión demoníaca.

Cuando suceden estas cosas, siempre se teme entrar demasiado en el terreno de la Iglesia y se prefiere resolver etiquetándolo como un problema psiquiátrico. Siguen el procedimiento de un dictamen pericial y luego el diagnóstico de enfermedad mental. ¿No es un poco insuficiente?
Si el psiquiatra o el psicólogo carecen totalmente de una formación que les lleve a tener en cuenta no sólo los aspectos físicos sino también los metafísicos de la realidad, no podrán, ni siquiera actuando de buena fe, hacer un diagnóstico/discernimiento completo.

Pero, ¿están los psicólogos de hoy en día preparados para reconocer también los trastornos espirituales?
Existe un grupo de psiquiatras y psicólogos que trabajan junto a exorcistas y que está creciendo en Italia y en el mundo. Es una experiencia que les está haciendo descubrir que los problemas espirituales, cuando existen, son eminentemente diferentes de los psicopatológicos, porque los síntomas se manifiestan de forma atípica respecto a lo que exige el DSM 5 (el manual de psicodiagnóstico). Hay síntomas que pueden parecerse, pero no coinciden. Un psiquiatra argentino, el doctor Héctor de Ezcurra, ha creado un cuadro comparativo entre los síntomas de algunas psicopatologías y los de algunas “demonopatías” para que los expertos en salud mental puedan hacer un diagnóstico diferencial.

¿Por ejemplo?
Si tengo pensamientos homicidas constantes en todas las situaciones, descontextualizados por un motivo, puedo pensar con cierta facilidad en una psicopatología, pero si se desarrollan en determinados contextos o quizás después de haber tenido contacto con situaciones espiritualmente relevantes, entonces se puede ir por el camino de un trastorno espiritual. Además, algunos trastornos espirituales se agravan en situaciones de oración o de proximidad a contextos de oración, aunque la persona afectada no sea consciente de estar en esos contextos. Como puede ver, se necesitan más pistas, y la Asociación Internacional de Exorcistas ha escrito recientemente un libro para ayudar a los que se dedican al discernimiento espiritual. Se necesita prudencia, humildad y caridad para tratar este asunto y estas virtudes sólo pueden ejercerse si se domina el tema.

Sin embargo, en la gran mayoría de los diagnósticos psicológicos de casos como éste, estos aspectos se excluyen a priori...
Por eso es indispensable que psicólogos y exorcistas trabajen en equipo. En Milán se ha creado un grupo de trabajo interdisciplinar del que formo parte, formado por sacerdotes exorcistas, psiquiatras y psicólogos. Yo mismo he participado en la formación de algunos de mis colegas de psicología para ayudarles a comprender aspectos que normalmente no se incluyen en ningún programa de estudios.

Es un poco extraño escuchar que los sacerdotes colaboren con los psicólogos...
Extraño pero sano, de hecho no podemos hacer que todo dependa del diablo, porque caeríamos en el fideísmo y anularíamos el aspecto cristiano de la razón. Por el contrario, si pensamos que todo puede resolverse sólo a través de actos de inteligencia, que también son importantes pero no definitivos, la razón carecería de los elementos que la completan. No podemos decir que todo depende del diablo, pero tampoco podemos decir lo contrario.

¿Está dando frutos esta colaboración interdisciplinar?
Sí, en las colaboraciones se está viendo que, de entre las personas que contactan con un exorcista porque creen que tienen problemas espirituales, en realidad sólo el 3% tiene problemas exclusivamente espirituales de origen demoníaco, pero alrededor del 50% tiene problemas mixtos psicológicos y espirituales, y ambos implican la intervención de un exorcista.

Bajo su punto de vista, ¿por qué actuó un chico tan joven?
Los jóvenes están muy expuestos: hay una cierta audacia relacionada con la edad y la ignorancia. Los jóvenes se acercan a las sesiones de espiritismo o a los juegos esotéricos como una broma o para divertirse. Todo esto abre puertas que luego son difíciles de volver a cerrar.

¿Y la música, las series de televisión y las películas? El chico de Bolonia dijo que estaba fascinado por la serie de televisión de Netflix Lucifer.
Es algo que puede preparar al niño para bajar cualquier tipo de defensa moral contra los peligros de ciertas situaciones.

Si tuviera que investigar el caso de Chiara, ¿qué haría para averiguar si ese chico tiene problemas de obsesión espiritual?
Sería útil investigar su vida y escuchar a la persona. Quizás resulte que había participado en varias situaciones en las que recibió iniciaciones de tipo esotérico que lo dejaron a merced de fuerzas superiores a él, sin que tuviera las herramientas espirituales adecuadas para hacerles frente.

¿Y cuál es la mejor herramienta para contrarrestarlos?
El que se opone al espíritu del mal es uno solo: el Espíritu Santo. Lo que se necesita, por tanto, es una visión pneumatológica existencial.